Pensar, desde la isla y más allá.

Una vez más. Sí, una vez más abandonada a merced de voluntades emanadas de un poder que se enardece al iniciar el concierto de la noche. 

Lento. Muy lento, apenas perceptible el repetitivo ritmo arrullador de las notas que nos mecen al compás del tibio resplandor del Bolero.

Adelántate, esfúmate. Funesta palabra: “último” latín “ultimus” final de todo. Me resisto a la tautología inútil.  Falta demasiado por hacer, demasiado por bailar, por amar, por vivir. 

No sé. Una vez dicha la palabra es el final. Es la última vez que nos  comprometemos a seguir aquí. Aquí. ¿Qué es aquí? Pues es todo lo que nos rodea. El aquí y el ahora no existen. Se perciben. Ahora. Ahora. Palabra apocalíptica. El ahora puede ser Siempre o el Final…. Último ahora.

Pregunta sin respuesta. Quién sabe la respuesta al último ahora.  

Vamos querido. Vamos a bailar. Tal vez sea nuestro último baile. Aprovechemos el ahora. 

Siempre te gustaron los Boleros. Solo los Boleros. Nada como el ritmo mitigante, cautivante de un Bolero con los pies descalzos sobre un suelo de arena blanca… sobre nosotros las palmeras mecen sus desvaídos ramajes sobre nuestras cabezas unidas. Las ramas se refunden en los cuerpos. Muda tu pasión. Retozo de la desnudez. Único. Susurrándonos palabras repetidas una y mil veces sobre un mismo tema. Te amo…no te amo.  No te amo…te amo. Rostros tibios que se arrullan. Alucinantes. Pero no les mientas. No te escondas. No hay por qué mentirle al mundo que nos oye, que nos ve con ojos trémulos de envidia.

Se cuelan las notas invariables entre las espigas implorantes de las palmeras tristes. Crece la música.  Intenta arroparnos en su crescendo indetenible. Una mano ciega toca el mágico sustento de la melodía.  Todo está desierto. Solo quedan las palmeras tristes, el mar durmiente, la arena blanca. Crece y crece y crece la misma melodía del Bolero… fortissimo… sube hasta los cielos.   

Te vas. No te vayas. No. No te vayas. Llévame contigo. Estruendo. Muero. El mismo tono triste te acompaña…es el ÚLTIMO BOLERO DE RAVEL. 

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Lisette Purcell es Licenciada en Humanidades, mención lenguas modernas. Profesora, traductora y escritora.

Imagen de portada: «El baile en Bougival», Pierre Auguste Renoir (1883).

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