Pensar, desde la isla y más allá.

La literatura fue la culpable. En ella nacieron esas insólitas historias que hasta hoy nos acosan. Cuando no fue Shakespeare fue García Márquez o para otros Flaubert y su Bovary. Así la lista se nos hace interminable, millones de páginas se han dedicado para plasmar historias que por igual nos emocionan y nos quiebran el corazón. Y es que al final el amor y el desamor son dos caras de una misma moneda. Si de la literatura las aprendimos, el cine se encargó en hacerlas parte integral de nuestras vidas. El celuloide no sólo definió los paradigmas de la cultura popular del amor sino que también estructuró los parámetros del romance y lo romántico. Todos queremos una historia de amor como las de las películas.

Desde su nacimiento el cine pretendía dibujar apasionados romances aun cuando la censura tenía otros planes. Thomas A. Edison (1847-1931) siempre será reconocido por sus inventos y aportes en el campo de la electrónica y las comunicaciones, pero en 1896 escandalizó al mundo de otra manera. Bajo sus órdenes el cinematógrafo norteamericano William Heise (1847-1910) dirigió el cortometraje de 18 segundos El Beso (1896). En los registros históricos este audiovisual se considera como el primer beso presentando de manera pública en pantalla. La actriz canadiense May Irwin (1862-1938) y su par norteamericano John Rice (1857-1915) alborotaron al mundo cuando estamparon su “apasionado” beso. 

Haciendo malabares entre la censura o ya libre de toda atadura el cine, con su magia, nos ha seducido sin parar. Bordeando lo cursi o retratando la vida con pasmosa precisión siempre ha encontrado la forma de estrujarnos el corazón y hasta de robarnos algunas lágrimas. Entre tórridos romances, historias de príncipes azules, relatos de cenicientas y hasta agridulces infidelidades, directores y guionistas han fabricado sueños para perpetuarlos en sus fotogramas. 

Arrastrados por la fuerza del mercadeo nos vamos en la corriente de convertir a Febrero en el mes de “el amor y la amistad”. El cine es un sospechoso habitual y sin dudas juega un papel en toda esta campaña que se bombardea desde hace años. Pues para hacer honor a nuestra condición de hijo del capitalismo quiero repasar algunas historias del cine apropiadas (o tal vez inapropiadas) para celebrar San Valentín.

No pretendo hacer un listado exhaustivo de las películas del género más un repaso ligero de algunos títulos emblemáticos y otros menos conocidos pero que por igual considero de gran valor en la historia del cine.

Luces de la Ciudad (1931)

Dir. Charles Chaplin

Chaplin es harina de otro costal. Su agudeza crítica siempre encontraba el camino para desbordar sus obras. Esta es una de las mejores comedias románticas del cine y las múltiples lecturas que podemos sacar de su guión prueban la genialidad de su creador. Virginia Cherrill interpreta a la hermosa joven vendedora de flores con incapacidad visual. El legendario Vagabundo de Chaplin termina enamorado de ella y hará todo lo posible por ayudarla.

Casablanca (1942)

Dir. Michael Curtiz

El romance por excelencia, el referente obligatorio de los amores en la gran pantalla. Casablanca ha pasado a ser una marca registrada y casi un genérico cuando de parejas y relaciones hablamos. Aclamada al punto tal de establecerse en muchos listados como una de las mejores películas de todos los tiempos. Con el pasar de los años los más acérrimos revisionistas le han ido restando méritos por su fuerte compromiso con el mainstream y su aparente simpleza narrativa. Sin embargo sería un sacrilegio no incluir este título cuando de pasión en la gran pantalla hablamos.

Breve Encuentro (1945) 

Dir. David Lean

Antes de “El Puente sobre el Río Kwai”, “Lawrence de Arabia” o “Doctor Zhivago” existía un David Lean más íntimo, de películas más pequeñas en cuanto al despliegue de su producción. Lejos de la majestuosidad que alcanzaron esas obras cumbres que todo el mundo recuerda y que son las primeras que vienen a la mente cuando hablamos del director Inglés. En sus inicios Lean se ganaba sus galones con películas como esta.

Laura Jesson (Celia Johnson) y Alec Harvey (Trevor Howard) son dos extraños que se encuentra de manera fortuita en una estación de trenes. Una historia simple da paso a una puesta en escena que la engrandece hasta hacerla impactante, no por lo que nos cuenta sino por como lo hace. El manejo de los personajes y el dilema que estos enfrentan sumerge al público de lleno en el filme y lo mantiene a su merced de principio a fin.

La Aventura (1960)

Dir. Michelangelo Antonioni

Podemos considerar este el primer filme en la trilogía del amor y la infidelidad de Antonioni. Le siguieron La Noche (1961) y El Eclipse (1962). La majestuosa Monica Vitti fue el epicentro de todo. El cineasta italiano se llevó el premio del jurado por este filme. La historia de una mujer que desaparece durante un viaje en bote por el mediterráneo y la posterior relación que se gesta entre su amante y su mejor amiga abrió nuevos caminos en la forma de contar las historias. En apariencia una situación intrascendente se convierte en el punto de apoyo para un profundo estudio de personajes.

El Apartamento (1960)

Dir. Billy Wilder

Una película con la que no puedes fallar. Este es el título que sin reparos recomiendo a los que andan buscando una comedia romántica. Billy Wilder tenía un talento sin igual para contar historias y aquí junto a Jack Lemmon, Shirley MacLaine y Fred MacMurray construye una historia perfecta. Ese C.C. Baxter de Lemmon resulta entrañable y los dilemas morales que afloran permiten a la audiencia abordar diferentes puntos de vistas sobre la conducta humana. El filme llegó en la etapa cuando el código que regía las producciones de Hollywood estaba casi en desuso, pero aun así Wilder se las ingenió para mostrar más de lo que estaba permitido. 

Desde 1934 y hasta principios de los 60 la industria funcionaba bajo la lupa del “Código Hays”, que no era más que una serie de normas que las producciones debían seguir para no atentar contra la moral de los ciudadanos, un código de censura. Popularmente conocido como “Hays”  por William H. Hays (1879-1954) quien al momento de establecerse era el presidente del gremio de Productores y Distribuidores de América.

Harold y Maude (1971)

Dir. Hal Ashby

Raro encontrar este filme en los listados de películas románticas. Hal Ashby legó al mundo una de las comedias de humor negro mejor pensadas de la historia del cine. Ese joven Harold (Bud Cort) que teniendo todo se complica para encontrar un sentido a la vida y solo se apasiona por la muerte, encuentra la pieza clave en la ya entrada en edad Maude (Ruth Gordon). En esta inusual pareja germina una relación emblemática en la historia del cine.

Cinema Paradiso (1988)

Dir. Giuseppe Tornatore

La oda al cine y a la nostalgia de la juventud se convierte en una historia de amor por partida doble. Primero el amor de Salvatore por las películas y segundo su propio descubrimiento de la vida y del amor. Pocas películas logran el balance de esta obra de Tornatore, que se nutre de la melancolía para construir un drama contundente que evita siempre la exageración del melodrama. 

El filme contiene una de las secuencias más conmovedoras para los cinéfilos que llega cuando Salvatore recibe un presente de una de las figuras más importantes de su infancia, Alfredo (Philippe Noiret) el proyeccionista en su ciudad natal. El paquete contiene una película y cuando el carrete echa a rodar descubrimos un montaje con todos lo besos de las películas que Alfredo no pudo ver en su infancia por culpa de la censura.

Los amantes del Círculo Polar (1998)

Dir. Julio Medem

Otto y Ana son palíndromos. Eso y además de que el destino siempre los quiso juntos según Medem. Pocas películas conjugan tan bien un romance arrebatado y los designios del azar o divinos, juzgue usted. El director vasco creó una película que elude las fórmulas y plantea lo convencional con frescura y novedad para dejarnos con un relato imposible de olvidar.

La historia de Otto y Ana trasciende el tiempo y las fronteras, es tan peculiar que se nos antoja como una historia única e irrepetible. Con sus momentos mágicos y sus sinsabores se hace más grande que el tiempo y nos enamora con el mismo ímpetu que sus protagonistas se anhelan.

Amor (2012)

Dir. Michael Haneke

La forma de abordar el amor de Haneke era de esperarse que no fuera convencional. Títulos como Funny Games (1997) y Caché (2005) pueden aportar una idea de cómo el director percibe su entorno. Pues en 2012 su Amor se llevó la palma de oro en Cannes y el premio a mejor película extranjera en el Oscar. Una pareja de octogenarios ponen a prueba los límites del amor cuando una tragedia los sacude, la cotidianidad se rompe, Georges (Jean-Louis Trintignant) y Anne (Emmanuelle Riva) tendrán que aprender a vivir de nuevo. Haneke nos golpea con todo en su acto final y recurre a los elementos del lenguaje cinematográfico que se han convertido en su marca de fábrica.

Guerra Fría (2018)

Dir. Pawel Pawlikowski

Desde el primer fotograma y mucho antes de conocer el destino de Zula (Joanna Kulig) y Wiktor (Tomasz Kot) el aire de pesimismo llena la pantalla. Vemos los rostros y escuchamos los acordes de las melodías folclóricas, ambos destilan una extraña mezcla de alegría y dolor. De esta forma, nos enganchamos en esta historia donde la música es al igual que nuestros desgraciados amantes un protagonista. Sin apartarse del discurso político y puntualizando de manera precisa la crítica a un sistema absurdo el director logra forjar una historia de amor poderosa.

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Hugo Pagán Soto es mercadólogo de profesión cinéfilo por pasión. Director del la Distribuidora Internacional de Películas de 2015 a 2018 y Coordinador de Relaciones Públicas de la Cinemateca Dominicana en 2015.

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