Son las nueve de la noche, mis hijas duermen, he recogido la casa solo para sentir que por unos minutos hay algo de orden, enciendo la computadora y es cuando apenas tengo tiempo para escribir el guión de una serie web que estoy desarrollando. Mientras empiezo a escribir mi hija menor se despierta, acudo a verla y entre volver a dormirla me quedo dormida. Despierto dándome cuenta de que ya es de madrugada, no soy mucho de madrugadas, mis horas productivas son en la mañana, pero entre el trajín del día es en las noches que puedo concentrarme y pensar en la mujer artista que soy. A duras penas me levanto de la cama y empiezo una vez más la tarea de escribir, avanzo en algo, hasta que me vence el sueño.

Mi vida de artista ha cambiado desde que soy madre de dos maravillosas niñas, las amo muchísimo, pero también es cierto que tengo menos tiempo y energía para dedicarme por completo al quehacer artístico. 

Pienso que esto que me pasa es común entre otras mujeres trabajadoras que tienen que conciliar la maternidad con su profesión, y en ocasiones al no poder hacerlo deciden renunciar a sus profesiones. 

En mi caso, quienes me conocen sabrán que en ocasiones al no tener otra opción he llevado a mis hijas conmigo a ensayos, grabaciones, charlas, proyecciones, encontrándome con la traba de que o no son espacios muy amigables para niños y niñas o son en extremo intolerables a estos y estas. 

Me he visto sentada pensando en cómo hacerlo, si bien es cierto que elegí a plena conciencia la maternidad en mi vida, también como mujer requiero de espacios para mi desarrollo profesional como lo tienen por ejemplo mis colegas que son padres. 

No es una ni dos las ocasiones que en espacios donde no estoy con mis hijas suelen hacerme preguntas como: ¿Y tus hijas? ¿Con quién las dejaste? Bueno, aclaremos algo, tendría que estar muy desesperada para salir y dejar solas a mis hijas, pero lo que me deja entender la pregunta es “no estás donde deberías estar” o “tu lugar es única y exclusivamente con tus hijas”. 

Las mujeres artistas que también son madres, aunque en ocasiones se desenvuelven en ambientes más progresistas, no escapan de esa imposición social que relega a las mujeres a roles de cuidado y protección aún a expensas de su desarrollo personal. 

Una vez, al finalizar una obra una admirada actriz comentaba que luego de dar a luz a su primer hijo, su padre le dijo: “Si tú quieres ser artista, ni se te ocurra parir más”, ella acepto con beneplácito este decreto, y a la vez afirmó que una mujer que quiere ser artista no puede tener una descendencia numerosa. 

Estoy de acuerdo en que el desarrollo profesional en cualquier área requiere de la dedicación de tiempo a esa actividad, pero la maternidad no tiene que ser un obstáculo, es más, no debería serlo. 

Quisiera pensar que es una cuestión del pasado y que hoy en día las mujeres no tenemos que elegir entre ser artista o madre, la maternidad cuando es deseada, elegida es también una gran oportunidad de crecimiento, pero lo que no debería ocurrir es que las mujeres tengamos que vivir esa decisión con miedo a perdernos en el camino o lo que sería peor transitar el hermoso camino de acompañar en la crianza a un ser humano completamente solas, cargando con la carga mental de maternal. 

Yo creo que es posible ser artista y madre, lo creo porque es el camino que he elegido transitar, pero también sé que para ello como mujer madre debo ir acompañada, exigir la asunción de coparentalidad, de parientes y amistades, es necesario que las familias sean equipo, para que la maternidad no sea un espacio de jugo para la mujer madre. 

También entiendo que el estado juega un papel preponderante, y que deben existir guarderías de acceso público y centros de primera infancia donde las madres puedan dejar a sus hijos e hijas para desarrollar su vida profesional tranquilas por sus hijos e hijas están bien cuidados y cuidadas. 

Como se vive la maternidad en ocasiones es de una forma muy solitaria, sobre todo cuando se cuenta con pocas horas de descanso, siempre he creído que la creatividad es un músculo y que por tanto hay que mantenerse ejercitándose constantemente, pero ¿Cómo hacerlo cuando la agotadora vida de madre no te permite tiempo para ti?

Soy la tercera hija de una mujer que siempre hizo la combinación entre ser madre y trabajadora, crecí en un entorno en donde te dejaban al cuidado de otra mujer por lo general pariente cercana, pero al menos en el caso de mi mamá también era de llegar a la casa y asumir las labores de la casa, luego de una amplia jornada laboral. ¿Cuándo descansaba? Ahora me lo preguntó, pero lo cierto es que de niña o adolescente no reparaba en ese detalle. 

Ahora que soy madre me cuestionó todo el tiempo sobre el derecho al descanso y me descubro en diversas ocasiones sintiendo culpa por dejarlas al cuidado de otra persona, mi percepción sobre mi misma ha cambiado con la maternidad, ahora debo priorizar a qué proyectos le dedico energía, evaluó los beneficios que me representa hacer o no hacer alguna cosa, sin embargo, la cabeza debe estar dividida en más tareas. 

Lo que quiero decir con esto es que se necesita también hacer un esfuerzo de autocuidado, abandonar la vieja teoría de la súper mujer que lo puede todo, si no puedo hacer todo lo que quiero en mi disciplina artística, entonces hacer menos, hacer lo que pueda dada mi nueva realidad de madre, pero sin detenerme y sobre todo dejar de comparar el éxito propio con el ajeno, aprender a estar guiada por la determinación de que soy quien toma las decisiones de donde elijo estar. 

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Robelitza Pérez es actriz y directora. Directora y guionista de los cortometrajes «Amelia» y «Daya» y la web serie «Te llamamos». Es también docente universitaria.