Pensar, desde la isla y más allá.

En su interés de promover las diferentes manifestaciones del arte, para beneficio de sus lectores, la revista Plenamar ha querido detenerse esta vez en el centenario del nacimiento de dos grandes personalidades del cine español, Luis García Berlanga (Valencia, España 1921-Madrid, España 2010) y Fernando Fernán Gómez (Lima, Perú 1921-Madrid, España 2007), el primero, un extraordinario director, y el segundo, un incomparable actor, que también fungió como director.

El tono de humor satírico con que la filmografía de Berlanga impuso su sello personal en la España de los años 50 y 60, bajo la dictadura de Francisco Franco, que le llegó a censurar, pone de relieve obras como Esa pareja feliz (1951), ¡Bienvenido Míster Marshall! (1952), Novio a la vista (1953), Los jueves, milagro (1957), Plácido (1961), El verdugo (1963), La escopeta nacional (1978), La vaquilla (1985), Moros y cristianos (1987), ¡Todos a la cárcel! (1993), entre otras, hasta sus últimas París-Tombuctú (1999) y El sueño de la maestra (2002).

Por su lado, Fernando Fernán Gómez destacó, además, como novelista, dramaturgo y guionista, que además trabajó como director de cine, teatro y televisión. Por su vasta e intensa labor en el cine, este séptimo arte, entra a la Real Academia Española, al elegírsele como miembro en 1998, pasando a ocupar el sillón B en el año 2000. Antes, en 1995, se le concedió el Premio Príncipe de Asturias de las Artes. Ganó, además, el Premio Donostia a su trayectoria en 1999, además de los Premios Goya como Mejor director, Mejor actor y Mejor guión original con diferentes obras en 1986, así como el Oso de Plata al Mejor actor en 1997. 

Con la colaboración y participación del crítico, gestor cultural y escritor Jimmy Hungría, Plenamar ha logrado reunir las voces críticas del cine de José D´Laura, Hugo Pagán Soto, Ysidro Eduardo García Rodríguez, como la del propio Hungría, para homenajear a esos dos inmensos forjadores del cine y del teatro españoles del siglo XX. 

Esperamos que este Dossier sea del agrado de los lectores y que el llamado séptimo arte continúe siendo un atractivo en el ámbito cultural del siglo XXI, a pesar de la pandemia y del desarrollo de las plataformas digitales que atentan, si se las percibe de un modo radical, contra el aire catedralicio que se respira en una sala de cine, amén del deleite que al espíritu y la contemplación produce.

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