Pensar, desde la isla y más allá.

Retratar la imagen y autorretratar el ser. 

Ramón Oviedo es una de las principales firmas en la historia de las artes visuales de la República Dominicana. Su obra, ya clásica, se vuelve a poner de relieve a través de la muestra “Oviedo introspectivo”, exhibida como parte de la reapertura de la galería en homenaje a su trayectoria que funciona en la sede del Ministerio de Cultura. La curaduría demuestra un profundo conocimiento en la obra del autor, fue bien pensada y articulada, puesto que sirve para dar a conocer que en la cronología de su producción se cuenta con una cantidad de autorretratos, en diferentes formatos y estilos, que necesitaban resaltarse con un criterio de conjunto; a la vez de servir como especie de antología para comprobar su dominio de las técnicas del dibujo y la pintura, así como la diversidad de materiales, medios, estilos y discursos, lo que culmina en un resumen de toda la cronología de su producción con énfasis en sus autorretratos.  

En la historia del arte, el retrato y el autorretrato adquieren un lugar preponderante, sobre todo en el Renacimiento, en donde se regresa a los valores estéticos del helenismo, en la visión estética aristotélica, basada en valores o parámetros como la mímesis y la verosimilitud. Otro factor para la valoración del retrato y el autorretrato tiene que ver con la coincidencia, en la cultura occidental, entre la consagración de la repetición artística de la figura humana, así como el surgimiento del mecenazgo y el mercado del arte, es decir, a partir de cuando podemos hablar del artista remunerado. Los poderosos, desde los Medici a Napoleón, recurrían a los artistas como mecanismo de inmortalizar de su figura. Lo mismo hicieron los artistas con su autoimagen a partir de entonces, pasando por Goya, Velázquez, Van Gogh, Dalí, Picasso…. Y en nuestra tradición, si se tiene que contar la historia de las artes visuales a través del autorretrato, la exposición “Oviedo introspectivo” aporta una arista para volver la mirada sobre una tendencia importante dentro de la producción de un maestro fundamental. 

El material de la muestra nos plantea la resolución de un problema en el arte contemporáneo. Porque a partir de las limitaciones de lo figurativo surgen los movimientos que introducen disrupciones, en donde lo mimético entra en conflicto con la abstracción, el mundo de los sueños y todas las posibilidades de nuevos estilos. A lo que debemos agregar las variables derivadas de la invención de las cámaras fotográfica y fílmica, con su aporte de una imagen más cercana a la sensación de realidad. 

Parecería que, entre el Renacimiento y el Surrealismo, el retrato y el autorretrato agotaron todas sus posibilidades. Sin embargo, la creatividad de Oviedo, como un visionario, nos demuestran lo contrario. Los autorretratos de Oviedo evidencian que se puede sacar provecho de este subgénero de la plástica a partir de la creatividad, las técnicas, los materiales y la reflexión ontológica. 

La estrategia de Oviedo es valerse de su repertorio de materiales y variantes de estilo para buscar nuevas maneras de plasmar su propia figura. Por tal razón sus autorretratos funcionan, a la vez, como autobiografía emocional y como correlato del arsenal simbólico-técnico del pintor. 

Las variantes del autorretrato en Ramón Oviedo demuestran su (in)genio creador y niveles de inventiva, si consideramos cada obra una reescritura de su rostro como línea transversal que atraviesa todos los temas de su cosmovisión. Es como si acaso el autor pretendiera agotar todas las posibilidades de articulaciones semánticas de un mismo tema. Y para lograr estos niveles de polifonía en torno a un mismo asunto, sin dudas hay que ser un genio. Es como si Leonardo nos hubiera legado treinta versiones de La Gioconda o Velázquez de su Autorretrato de busto, pero sin repetirse en los elementos estéticos, y que siendo la misma cosa (autoimagen) se mantenga como pieza única, original, novedosa dentro del conjunto, tal y como se presenta en “Oviedo introspectivo”.  

Oviedo, Autorretrato en rojo. Imagen cortesía de Antonio Ocaña y Fundación Ramón Oviedo Inc.

La diversidad estética de la muestra se manifiesta en varios niveles: los tópicos, los materiales, la configuración, el simbolismo, los discursos, los formatos, etc. Oviedo va de lo figurativo a lo abstracto, de lo realista a lo onírico, cada vez con maestría impresionante. El autorretrato Tránsito, donde se le muestra de perfil como una especia de Sísifo cargando peso sobre sus hombros, en una simbología de semántica poderosa a cualquiera que lo observe, es totalmente diferente a un cuadro como el Autorretrato como Dorian Gray, en donde lo plasmado en el lienzo es, a su vez, un juego de intertextualidad con la clásica novela escrita por Oscar Wilde. Otro elemento que aporta a una polifonía de significación es la diversidad de formato, tal y como lo demuestra al lograr buenos retratos en base a una estrategia de materiales variados en collage, o al trazar unas cuantas líneas minimalistas, como cuando plasma su rostro con trasunto sorprendente, dadas las pocas líneas utilizadas para dibujarlo sobre la página de un periódico. 

Oviedo murió en el año 2015. Pero si seguimos un hilo cronológico desde la aparición de su primer autorretrato hasta el último en firmar, llegaremos a la conclusión de que se trataba de un visionario. Quizás sin proponérselo, hace una crítica al autorretrato vacío del siglo XX y totalmente líquido del siglo XXI, tal y como podemos comprobar con la manifestación de la selfie en las redes sociales, en donde la imagen se articula en función narcisista y hedonista. 

En Oviedo es todo lo contrario. En ocasiones su postura es de un realismo visceral de crítica a la sociedad, y en otros momentos reflejan una búsqueda filosófica a través de la autoexposición, como para retratar su cosmovisión y ser el protagonista de su propia rapsodia. Es decir, el dolor del mundo reflexionado, poetizado, pero también auto-infligido. 

Contrario al narcisismo de la repetición mimético-mecánica, el autorretrato en Oviedo es crónica en ontología, recapitulaciones de los avatares del ente humano, una especie de rapsodia insular. Entonces la reduplicación de la imagen resulta un discurso en oposición a la selfie y su plasticidad narcisista; los de Oviedo son autorretratos del ser y sus avatares, sin dudas un procedimiento mucho más allá de la repetición de uno mismo que prima hoy en la saturación de imágenes del mundo audiovisual y las redes sociales. 

Oviedo, Autorretrato en blanco. Imagen cortesía de Antonio Ocaña y Fundación Ramón Oviedo Inc.

Se podría decir que Oviedo es un maestro del autorretrato precisamente porque no se acomoda a la visión romántica de sí mismo. Por el contrario, no le teme a la fidelidad aristotélica, pero tampoco a tergiversarse en variación surrealista o a caricaturizarse en hipérbole cuasi cómica de su fisonomía de mulato. Actitud y desenfado que lo hacen un gran artista, uno que se preocupa por los temas importantes de la sociedad, pero que también sabe reír, incluso de sí mismo. 

En la exposición “Oviedo introspectivo” se logra unificar obras en que su autor autorretrata  su imagen, su rostro, su figura; pero a la vez logra un correlato o segundo discurso, que consiste en desnudar las esencias de su ser a través de la proyección de variantes de su imagen, como si se tratara de una especie de manipulación de espejos, o la autoimagen de quien se ha colocado en el panóptico de Foucault y trata de inmortalizar las reflexiones filosóficas de las versiones y reversiones del objeto en cuestión: el mismo Oviedo. Como si se tratara de una confirmación en las artes plásticas de la Teoría de la Relatividad, en la que toda realidad depende de la luz y el epicentro desde el cual se vislumbre. 

En definitiva, Ramón Oviedo, más que un pintor es un poeta cuyo medio de expresión son las artes plásticas. Así lo ha puesto en relieve esta muestra en que sus autorretratos no solo exhiben su arsenal técnico y dominio de materiales, formatos y estilos, sino también la hondura de los temas filosóficos en el subtexto de cada obra. 

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En portada: Ramón Oviedo, Autorretrato, 1999, 28 x 20 pulgadas. Imagen cortesía de Antonio Ocaña y Fundación Ramón Oviedo Inc.

Fernando Berroa (Santo Domingo, 1983) Poeta, narrador y ensayista. Máster en Guión de Cine por la Universidad de Sevilla, España.

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