Pensar, desde la isla y más allá.

El origen real del antimodernismo de Moreno

Contrario a todo lo que conocemos acerca del origen real del anti modernismo  contra el líder, Rubén Darío (1867-1916), que dio origen al postumismo, no solo lo que señala Rafael Augusto Zorrilla (1892-1937) en su Origen del Postumismo publicado en la Proclama del movimiento, que se refiere a su labor en la revista Letras 4 o 5 años después sino desde 1914 cuando Domingo Moreno Jimenes (1894-1986) en la página final de su primer libro: Promesa Mis primeras notas, publicado en 1916 sin datos de la imprenta, al declarar en las dos primeras estrofas del poema: A Rubén Darío Después de haber leído “Prosas Profanas”,  a sus 20 años, cuando 21 era la de mayoridad:

 Aún no te conocía, poeta de los cisnes:
 Y no debe extrañarte pues no conocía a nadie:
 Entré solo en el Arte y aquí solo me tienes
 Alzándome en la cumbre mirífica del arte.


 Soy una fuente seca que agua no vierte ahora.
 Porque para verterla de extraños manantiales:
 Prefiero ser estéril toda mi larga vida
 Siempre que siga nívea la albura del plumaje.

De modo que su anti modernismo viene de lejos, Curiosamente, como señalamos en nuestro libro Postumismo y vedrinismo primeras vanguardias dominicanas, Editora Nacional, 2011, el verdadero vanguardismo americano, autónomo, es la reacción contra el modernismo, expresa o no. Los demás movimientos reaccionaron contra el Futurismo especialmente, que data del 20 de febrero de 1909 y de otros movimientos que citaría Andrés Avelino (1899-1974) en su famoso Manifiesto incluido al final de Fantaseos, su primer libro, publicado después de Psalmos de Moreno a fines de 1921.

Avelino autor del Manifiesto Postumista

Andrés Avelino tiene la primicia de haber sido el primer escritor dominicano en escribir y publicar un texto con el epígrafe de Manifiesto literario.

Él venía de Las Aguas, una aldea entonces pujante de Monte Cristi, hoy un caserío disperso entre bayahondas. Cuando la visitamos nos detuvimos en el solar donde estuvo la casa. Vimos el tocón del árbol bajo cuya sombra leía. Antes de eso conversamos con él caminando hacia su casa desde la UASD. 

Cuando un escritor tiene orígenes rurales con una familia inculta, como nos ocurría a la mayoría de provincias, salvo ciertas ciudades, aunque a él lo inscribieran en la escuela del poblado más cercano, en Montecristi, una ciudad donde había cierto despertar cultural, con una pujante burguesía, no había ni buenas bibliotecas ni librerías, siendo además, un estudiante pobre. Aunque llegaran revistas y periódicos que en los años finales de la segunda década del pasado siglo eran lectura obligada y formadora, siendo un muchacho inquieto leyere algunas cosas aconsejado por sus maestros, mucho más a un rebelde como Avelino, hijo de un guerrero, con ciertos complejos  por ser hijo del esposo de la tía que lo crió, al extremo de no usar como literato sus apellidos García Solano, aunque le dedicara a su dulce madre su primer libro. Llega según documentos a principios de agosto de 1920, a Santo Domingo después de graduarse de bachiller en Santiago donde sí pudo satisfacer parte de su gula de lector. Como nos dijera uno de los postumistas fundadores, amigo de infancia de Moreno Jimenes, el profesor Francisco Ulises Domínguez (¿….-….?, que fuera nuestro compañero de estudios de Derecho, que lo vio llamando la atención en el Malecón por andar con una camisa verde. Asombrándole al oírle decir este verso: “Parece un trasatlántico de noche el malecón.” Que  lo contactó; se hicieron amigos y lo llevó a la “Colina Sacra”. De eso hay constancia en un poema del curioso joven, fechado en agosto 1920, cosa rara en los postumistas que no fechaban, citando dos ismos del boricua Luis Lloréns Torres (1876-1944), el Pancalismo (Pan, todo y kalos, belleza) todo es bello y el Panedismo (pan-todo, edus-verso) todo es verso, al escribirlos incorrectamente denotando que los escuchó, no los leyó. Lo mismo le sucede en el Manifiesto con algunos nombres de autores, que indican que en ese momento sus lecturas no eran profusas ni profundas, como casi nos pasaba a la mayoría de escritores oriundos de provincias, qué no sería de una aldehuela rural. Muy audaz y avanzado lo vemos ahora.

Domingo Moreno Jimenes, Andrés Avelino y Rafael Augusto Zorrilla

Sobre el origen del Manifiesto, el Lic. Víctor Ramón Ávila Suero, nos autorizó hacer citas de su Tesis de grado de Licenciatura en la Facultad de Humanidades, Departamento de Filosofía, de la Universidad de Santo Domingo, con el título de El postumismo: Razones estéticas y filosóficas de su origen, 1973, página 165, en la cual Avelino respondiendo una pregunta del sustentante sobre su ideología, entre otras cosas señaló:

Yo fui el que escribió el Manifiesto Postumista que salió en mi libro “Fantaseos”. Nosotros revolucionamos la poesía y el arte en todas sus manifestaciones. Por ejemplo, yo expresaba que para nosotros no existía arte fundamental ni arte impuesto. Hay que leer el Manifiesto en detalle y sentir el aura de vibración que teníamos nosotros en aquel momento. Por ejemplo yo acabé con todo, cosas que hoy son una exageración, pero en aquel momento era necesario decir esas cosas para mover, sacudir el status quo de la literatura clásica, que era una literatura de raíz conservadora; esta (el postumismo) era una literatura de raíz revolucionaria en total.
 

La necesidad de que haya alguna o algunas manifestaciones de los fundadores de un movimiento de vanguardia, está señalada por uno de los primeros teóricos de estos en España. Se trata de  Guillermo de Torre (1900-1971) en su Historia de las literaturas de vanguardia, Guadarrama, Madrid, 3ª edición, 1974, 3er tomo:

Los credos de la vanguardia son sus obras teóricas. Quiero decir que lo más representativo de ella está en sus manifiestos, en sus efusiones yoítas. De ahí que la obra de toda vanguardia, en su momento más típico, haya sido esencialmente lírica y teórica. Poblada de versos y erizada de manifiestos. Rebosante de desfogues líricos y vehemencias combativas.
 

Ni ese movimiento surgió del aire ni cosa alguna en literatura es aérea totalmente, ya expusimos lo de la reacción de Moreno ante una de las obras más emblemáticas de Rubén Darío y lo de Zorrilla. Hoy vemos los “logros” postumistas solo en la liberación del verso. Sin embargo hay otra posición realista, que fue la misma en casi todas las vanguardias de los años veinte en Hispanoamérica. Su éxito fue lo visible: La liberación de la rima y la métrica, pero lo que aportó fue su antimodernismo limitado al parnasianismo y al decadentismo, aunque Andrés Avelino se rebelara contra el simbolismo, luego se contradijo, como en otras cosas, por su vehemencia rebelde. Los otros dos  quedaron con el simbolismo. El más simbólico de todos fue Zorrilla, asumiendo la  brevedad en un  intento de dejar dicho algo profundo. Los logros mayores son, sin duda alguna, los de Moreno Jimenes. Quizás por esos detalles se negaron a firmar el manifiesto, aunque respetaran las audacias de Avelino o la vieran como una muchachada. Veamos desde ahora en este centenario del postumismo, lo más llamativo: el famoso Manifiesto de Avelino, haciendo una sangría en los párrafos del mismo, luego nuestros comentarios.

Manifiesto Postumista de Andrés Avelino

“Cuatrocientos y más años han sido suficientes para un período de gestación de esta nueva media parte del mundo. «Juventud divino tesoro», tenéis la palabra: Ahí está el porvenir. La América debe superar a la Europa”.
 

En esta introducción el verso de Darío señala sus orígenes modernistas, como en la primera parte de Fantaseos donde demuestra su pasión juvenil, justificando ese Juventud divino tesoro, ya que también tenía 21 años. La primera boutade es el desafío contra Europa. Su anti eurepeísmo. ¿Era sincero?

Veamos de la A– a la D–:

A–Porque no podemos seguir siendo súbditos de una aristocracia intelectual que no nos pertenece. La verdadera aristocracia la lleva el pensador en el cerebro. Debemos tan solo ser aristócratas de nuestra democracia.
B–Los mármoles de Paros y de Corinto no se han hecho para nuestras estatuas. No tendremos en nuestros calderos zurrapa de Verlaine ni de Mallarmé, de Tristán ni de Laforgue. Homero y Virgilio, Goethe y Shakespeare no serán más que divinidades que respetaremos, soles apagados que no nos iluminarán. Hemos levantado la estatua con el barro grotesco de nuestra América. Si acaso caen chaparrones que nos la deformen, nos queda mucho barro, mucho barro que es nuestro ideal, nuestro ideal universalizado. Continuaremos modelando la estatua aunque ésta no tenga más espejo donde mirarse que en el cristal de las charcas.
C–Vida sincera e íntima, arte autóctono, para abrir la talanquera que nos ha separado del infinito.
D–De todo lo utilizable haremos un símbolo, un solo símbolo, y de todos los simbolistas un fósil, un solo fósil. La luna con los simbolistas será también un símbolo fosilizado.

En la A– Ataca la aristocracia; empero, la mantiene en la “democracia”. Una contradicción evidente. Se es o no se es. Decadentismo evidente.

En la B– Directamente va al enemigo arrastrando sus fuentes; llegando sin orden alguno hablando de mármoles mezclar parnasianos, con decadentes. Llegando al colmo de citar autores que fueron sus fuentes, metiendo en el mismo saco a eminentes románticos y a clásicos, estos últimos como soles apagados. Este tremendismo asombra todavía.

La C– Es una manifestación del realismo y del criollismo: “vida sincera, arte autóctono”.

La D– Enfrenta el movimiento más permanente en el postumismo, al que luego él trataría de pertenecer, cuando se interesó en la filosofía. Al punto de que se  reconozca más al filósofo que al poeta. Boutade juvenil evidente. Como señalaremos, tanto Zorrilla como Moreno se mantuvieron fieles “a la idea” la bandera simbolista.  Otra razón para no firmar el Manifiesto.

Veamos de la E– a la I–:

E– Seremos humanamente eternistas; con un solo Dios, nuevo, subpanteísta, que a cada quien permita buscar su religión en sí mismo. Para nuestra ruta no olvidaremos el Corán y la Divina Comedia, la Biblia y El Quijote.
F– Todos tendrán el mismo derecho de vivir su momento artístico, lo mismo la dama de la quinta florida, que el galán con chamarra, el labrador, el jornalero.
G– Los poetas no seguirán siendo seres privilegiados y desconocidos de la multitud, camino del ensueño, sino seres videntes, camino de la verdad; pensadores y filósofos.
H– No reconoceremos vocablos poéticos. Toda palabra es bella cuando está bien escrita, todos los actos de la vida basta que sean reales para ser artísticos; gran artista es aquel que más fiel interpretación nos brinda de esos actos. La bella mentira de Oscar Wilde desapareció con su muerte: un tronco carcomido jamás retoñará porque se le inserten ramas de hojas verdes. La materia poetizada es creación. Nuestra belleza de sombra y luz será la belleza del futuro.
I– Sofrenaremos la imaginación con las bridas en tensión de los sentidos.

Es imposible imaginar más contradicciones. Realmente, con luchar contra el modernismo en general bastaba, ya que como dice más adelante:  “Rubén Darío ha muerto”. O exaltar el gran logro: Imponer el versolibrismo en el país, que era una vieja conquista simbolista y una imposición del futurismo y del panedismo. Lo insinúa, pero no lo señala, siendo el logro mayor, precisamente, donde más serían atacados: La absoluta libertad de cualquier persona sin importar su clase social o su cultura de hacer poesía. 

No había novedad. Jamás se le prohibió a ningún ser humano hacer versos o prosas. Que los acepten como poetas, es otra cosa.

Finalmente en la I, solicita lo único que no se puede pedir a ningún poeta que sofrene:  La imaginación.

Veamos de la J– a la P–:

J– Reaccionaremos a la vez contra el romanticismo de Hugo y contra el realismo de Balzac. Pero nada de malabarismos estéticos ni musicales. Rubén Darío ha muerto. Cada acto debe ser una palabra escrita y la belleza emoción de ese acto: ritmo, y ese ritmo: música. Reaccionaremos también contra los ultraístas, futuristas y creacionistas que pretenden en acrobacia azul y sobre grupa de aeroplanos ir a conquistar un más allá escondido tras las nubes.
K– Destacaremos las extravagancias del decir y tan solo daremos cabida a las sutiles.
L– Forma y fondo y fondo y forma será una misma cosa ya que nuestro acento emocional permite una mezcla igual de idea y de emoción.
M– Amar lo mismo a los hombres que a las cosas. Una piedra plana podrá rivalizar con una mujer rubia. Una muñeca de trapo podrá ser la dulce compañera de nuestras noches de insomnio.
N– Mucha elevación psíquica sin llegar al misticismo. Serenidad, mucha serenidad sin trascender la serenidad estoica. Niño y anciano, apóstol y asceta a la vez.
Ñ– Representación natural de los sonidos como leit motiv. Parquedad en los semitonos, melodías cortas individuales no mayores de dos tiempos. Supresión de calderones kilométricos. Armónica general obtenida con la inarmonía de las melodías cortas.
O– Menos ritual en el arte pictórico, ni la majestad de la Gioconda ni la mofa del impresionismo. Triunfo de la luz sobre el color de los paisajes. Magnitud esencial del motivo en el fondo de los cuadros, objeción y representación natural de las cosas.
P– Dominio de las líneas escultóricas. Vibración conjunta de músculo y cerebro. Dinámica subjetiva de los actos.
 

En la J– llega a decir: “Reaccionaremos también contra los ultraístas, futuristas y creacionistas que pretenden en acrobacia azul y sobre grupa de aeroplanos ir a conquistar un más allá escondido tras las nubes”.

Realmente, él fue el primero en aceptar la preeminencia de la metáfora ultraísta en sus dos primeras Fantasías:

Fantasía I: Mi nombre se forma de ave/ y de lino./ evoca todo lo suave/ y encierra todo lo fino.
Fantasía II: Mi chalina negra/ cual chorro de alquitrán/ del cuello pende/ cayendo en mi gabán…
 

Que incluso están rimadas, para más parecer ultraísta. 

Luego inicia algo en lo que más tarde ningún postumista se entrometió, a imagen del futurismo interviene en otras artes, dando pautas que nadie siguió. Todavía hoy no cuadros, ni estatuas, ni piezas musicales postumistas. Ninguno de los tres ni los  que se sumaron después, poseía facultades para esas artes. Se dedicaron a la poesía y al ensayo solamente.

Echemos la mirada  de la Q– a la S–:

Q– En esta era de sectas literarias, se hará una sola momia de todos los críticos. Los certámenes y las exposiciones serán anulados temporalmente. Cada obra se perpetuará en sí misma.
R– Un clamoreo de clarines y tambores modifica la belleza del momento. Son los iconoclastas de los viejos moldes que vociferan su último psalmo en el templo de la vida.
S– Juventud de América, préstanos tu brazo, para extender el índice hacia el horizonte de los siglos.  
 

La boutade final en la Q– Al señalar “Cada obra se perpetuará en sí misma”, es una proclama justificativa de todo lo que se haya hecho en el mundo. Así ha sido y será por los siglos de los siglos.

La R– No es más que un clamor  imposible: No hay “belleza” del momento. La belleza, si existe, es eterna. Se proclaman “los iconoclastas de los viejos moldes que vociferan su último psalmo en el templo de la vida”.

Finaliza haciendo un llamado a la Juventud de América para un hecho que es ignorable: “para extender el índice hacia el horizonte de los siglos”.  

Nunca habíamos leído realmente el Manifiesto, por eso agradecemos la solicitud de José Mármol para que escribiera sobre el en este centenario de la proclama del movimiento postumista. Le habíamos dado lecturas apresuradas, viéndolo como una boutade vanguardista de Avelino. Creemos que muy pocos se habrán detenido a analizarlo. Si solo tuviésemos este documento de lo que pretendía o lo que era el postumismo, nos quedaríamos en babia. En nuestro libro citado mostramos dos textos de Moreno Jimenes que fueron incluidos en Psalmos, 1921, su tercer libro, y el más importante de su producción en cuanto a lo que él consideraba era el postumismo; por cierto, el término fue un invento certero de Avelino.

Portada de la tesis

Las entrevistas del 1º y del 5 de mayo,  en La Nación y en L. o Letras, la primera hecha por Enrique Apolinar Henríquez (1884-1977) y la segunda por Quiterio Berroa y Canelo (1871-1936), que pueden considerarse efusiones yoístas, como señala Guillermo de Torre, y considerarse los auténticos Manifiestos postumistas como destacamos en nuestro libro citado en las páginas 387 a 411 con el “virtual de Moreno” donde entre cosas destacamos:  Su ataque a la rima, es decir, el elogio al versolibrismo. En especial el acento emocional patético. Como no disponemos de espacio para analizar lo de Moreno, prometemos un segundo artículo hablando de Moreno y Zorrilla y sus ideas postumistas parda compararlas con estas de Avelino. Ocurre que los tres tenían conceptos diferentes no solo de lo que era el postumismo, sino de su acción poética. Detalles que esperamos esclarecer un poco. Toda manifestación de un vanguardista tiene zonas oscuras. La sola palabra vanguardia, las tiene.

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Manuel Mora Serrano es narrador, ensayista e investigador literario. Nació en Pimentel en 1933. Es miembro honorario del Ateneo de Moca y de la Sociedad de Renovación de Puerto Plata; presidió la sociedad adversa y el club de Pimentel. Premio Nacional de Literatura 2021.

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