Pensar, desde la isla y más allá.

El Postumismo (1921) es uno de los movimientos literarios de vanguardia que más trascendió en la literatura dominicana. A pesar de sus posturas ambivalentes, contribuyó a desmontar ‘la máquina’ (Deleuze y Guattari) de Rubén Darío; afianzó el versolibrismo que ya había programados otros como Vigil Díaz; realizó una literatura posmodernista centrada en la tierra; postuló un lenguaje más universalista, que podemos encontrar en la obra de Domingo Moreno Jimenes; propuso una literatura que independiza la América del centro, con una cierta crítica al eurocentrismo y, aunque no fue participe de una poesía política, estableció una poética centrada en un cierto panteísmo y un proclamado espiritualismo.

Un sentimiento de ruptura y muerte del arte anterior precede al Postumismo y a las vanguardias caribeñas. Los años de inicio del siglo XX constituyeron la eclosión del espíritu decadentista de la noción histórica finisecular. Al iniciarse la nueva centuria quedaba en el ambiente la filosofía de Nietzsche y otros pensadores que dieron la idea de desmontar el sistema de pensamiento desarrollado en la modernidad. La noción de ‘muerte’ de Hegel implicaría la idea de un resurgir hacia un arte nuevo, que tenía frente a su puerta el arte del futuro, el arte futurista o la poesía luego de la muerte del arte (Formaggio, 1983).

Las rupturas podrían ser diversas. Algunos autores se hacen más poderosos y su presencia es inevitable. Pienso en D’Annunzio, quien mejor encarna el espíritu de la época en la que el poeta se encuentra en el tránsito de una vida aceptada por la sociedad hacia el margen en que lo lanzará la crisis de inicio de siglo. Le serviría como contraparte en el República Dominicana, Tulio M. Cestero.

En Puerto Rico, Luis Llorens Torres, en la introducción a Sonetos sinfónico (1913), “Poética del porvenir”, escribe de la que será la última etapa de su poesía, aquella que concibe a la belleza como unidad del hombre con la naturaleza (OP, 79), lo que le conduce a una estética panteísta. De ahí que deja para el arte del futuro, la idea de un arte pancalista en donde todo es bello: “Cuya doctrina [de esa poética] no hago aquí más que bosquejar, [y] será indudablemente en el futuro el grande y luminoso abrevadero de los artistas” (Ibid). Su teoría del pancalismo la acompaña del panedismo en la que trabaja la relación del verso y la prosa, el ritmo y el verso libre. Proclama que el poeta no debe encerrarse en tecnicismos “ni necesita saber de ritmos ni de sílabas métricas, sino en alas del espíritu ahondar en la musicalidad de las ideas y dar a estas la métrica y ritmo adecuados” (88).

Las ideas de Llorens integran un manifiesto unipersonal, como tantos otros que siguieron en la década del veinte. No podemos saber cuál fue la influencia del manifiesto de Llorens Torres en la joven poesía dominicana. Pero algunos de los temas de su art poética están en el Manifiesto postumista. Pensemos en el versolibrismo de Moreno, en el panteísmo, la idea de que no existen palabras que no puedan estar en el poema y en la crítica a los críticos.

Foto cortesía de: Dra Mariana Mercedes Moreno Garcia, nieta del poeta Domingo Moreno Jimenes.

El manifiesto postumista de 1921 fue precedido por una actitud de renovación en la lírica de Hispanoamérica, por lo que no hay que buscar el origen del vanguardismo en las manifestaciones mismas, ni en los manifiestos y sus propuestas, sino en su práctica poética.

Nació el Postumismo con una fijeza en las cosas de la tierra y la naturaleza y con una seria contradicción con el vanguardismo europeo al entender que esas manifestaciones literarias eran producto de la vieja Europa. Concebían que el arte nuevo debía venir del continente nuevo. Y tal vez este es su error (y su mayor virtud) porque mientras se encuentran dentro del espíritu de euforia de las vanguardias, también las niegan.

Fue saludado desde Brasil en 1925 como una de las distintas manifestaciones que se daban en el mundo contra la vieja estética. Joaquim Inojosa en Jornal do Comercio de Recife, enmarca el Postumismo como una reacción al Parnasianismo francés y señala que los postumistas caminan en la vanguardia”. (Las vanguardias Latinoamericanas, 115). 

Muchos años después, Moreno Jimenes y Franklin Mieses Burgos fueron recibidos en el Ateneo de Puerto Rico (1945). El Postumismo influyó en el movimiento vanguardista de Luis Hernández Aquino, El Integralismo, que coincidió en una búsqueda de la identidad mediante una poesía que exalta la tierra, el latinoamericanismo y la independencia de Puerto Rico (Hernández Aquino, 1866). En fin, a pesar de sus contradicciones y de sus proyecciones, el manifiesto postumista será un paso de afirmación de la corriente latinoamericanista que se abría en América desde la publicación de Ariel de José Enrique Rodó.

Los movimientos de vanguardia de Puerto Rico, como el Diepalismo y el Euforismo, también aparecen en el 1921, y establecen cierta concomitancia entre los poetas de ambas islas. Vigil Díaz vio la unidad entre ambas tendencias cuando en Del Sena al Ozama dedica una crónica al Postumismo y al Diepalismo (1922). En ella alaba las nuevas tendencias poéticas y realiza una fuerte crítica a sus opositores. Es importante subrayar que Virgil Díaz no se veía como el postulante de una estética distinta a las del Postumismo o el Diepalismo.

En la cultura dominicana posiblemente ningún grupo poético fue más combatido desde sus inicios que el Postumismo. Mora Serano en Postumismo y Vedrismo, las primeras vanguardias dominicanas (2011) cita y resume muchas de esas posturas. Andrés L. Mateo en Manifiestos literarios en la República Dominicana (1997) pone en discusión el tema del compromiso político y la idea del postumismo como respuesta a la intervención estadounidense de 1916-1924. El Postumismo no tuvo una posición política, pero sí una poética del poema en la que se manifestó una sacralización de la poesía y del lenguaje, contra la concepción del papel revolucionario de la poesía contra toda ideología (véase D. Céspedes, 1983, 1985). Su espiritualismo le hizo embarcarse en un telurismo que hoy nos sorprende, pero no constituyó una ciudad letrada que cambiara la visión política. Tal vez, por no tener una teoría de lo político, terminó Moreno Jimenes en una academia creada en San Cristóbal por el dictador Rafael L. Trujillo. Lo que demuestra que no toda rebelión nos lleva a la revolución. Y que ser innovador en el verso no significa siempre ser revolucionario en la política.

En definitiva, el Postumismo, al igual que el Vedrinismo, fue nuestra entrada a las vanguardias, nuestra respuesta a las discusiones sobre la poesía en un momento de crisis de la modernidad política. Moreno Jimenes fue su gran divulgador. Vale más su poesía que las teorías del manifiesto que ella desborda. Abrevó de las teorías literarias que lo precedieron, trajo a la ciudad letrada una permanente discusión sobre la poesía, la imagen del poeta, el lenguaje literario, el tema de lo dominicano y lo universal, como postularon sus contrincantes de la Poesía Sorprendida (RLPS, no. XIV, 1945). Además, influyó en la literatura caribeña. En fin, los postumistas hicieron una nueva poesía con el tema de la tierra y la espiritualidad, que hoy encontramos en las propuestas poéticas de las décadas siguientes al nacimiento del Postumismo.

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En portada: Ramón Oviedo, Pesebre, técnica Mixta sobre lienzo, 2002, 18 x 24 pulgadas. Imagen cortesía de Antonio Ocaña y Fundación Ramón Oviedo Inc.

Miguel Ángel Fornerín (Higüey, RD, 1961). Poeta, ensayista y crítico literario. Doctor en Filosofía y Letras [PhD] por el Centro de Estudios Avanzados Puerto Rico y el Caribe; catedrático de la Universidad de Puerto Rico en Cayey y profesor del Centro Avanzados de Puerto Rico y el Caribe.

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