Pensar, desde la isla y más allá.

«La cultura es, siempre, idea, valores, estilos, mentalidades. Es sentido. Es símbolo: sueño. Lo que hemos de ser. Lo que nos esforzamos por vivir. Por sentir, por comprender. Por conocer». Toni Puig, Se acabó la diversión: ideas y gestión que marcan la cultura que crea y sostiene ciudadanía.

No pretendo hacer un levantamiento histórico de las manos femeninas haciendo cultura en la provincia de Santiago, razones de tiempo me lo impiden. Lo que sí intentaré es poner el foco sobre 3 mujeres que en la actualidad mueven la cultura en la ciudad monumental. Desde la esfera privada o con sus propios recursos, todas pueden exhibir una gestión que impacta la agenda de Santiago de los Caballeros.

Pero veamos un poco de contexto antes. Santiago es un territorio de instituciones culturales centenarias: Ateneo Amantes de la Luz (1874) y Alianza Cibaeña (1884), por citar dos, persisten como espacios para la educación y el encuentro cultural. El siglo XXI las encuentra vivas, tanteando posibilidades de seguir acogiendo actividades, grupos artísticos y otras formas de hacer cultura. Un poco más jóvenes, pero igual nacidas en el siglo anterior a nuestros días, están instituciones como el Centro de la Cultura de Santiago Señorita Ercilia Pepín (1979), Casa de Arte (1983) y el Gran Teatro del Cibao (1995), que se ubican geográficamente en el centro histórico de la ciudad, generando un circuito cultural donde convergen gestores y públicos. Ya de este siglo XXI, son La 37 por las Tablas (2002), el Centro León (2003) y el Centro de Convenciones y de la Cultura Dominicana UTESA (2018); el primero y el último sumándose al circuito anterior, el segundo fuera de la órbita tradicional en dos sentidos: con la potencia de su dimensión nacional y geográficamente al borde de la zona urbana contemporánea. 

También pueden mencionarse en este escenario, entidades mucho más recientes como Teatro Utopía (2014), cuyo énfasis en el teatro no limita las posibilidades del espacio para actividades performáticas, lecturas poéticas, conciertos, entre otros encuentros. Excluyo al Palacio Consistorial de Santiago porque, aunque está en pleno centro de la zona delimitada, su dedicación cultural está atada a su función como sede de la dependencia provincial del Ministerio de Cultura. 

Es en este contexto que nuestras tres gestoras han crecido y desarrollado su labor cultural; también nos permite comprender la profunda tradición de gestión privada (no de origen estatal) que Santiago ostenta. 

Antes de pasar a los casos en particular, me permito hacer dos precisiones. La primera es que las gestoras culturales no trabajan solas, como tampoco lo hacen los gestores. La cultura solo es posible en lo colectivo, lo mismo su gestión. Sí es cierto que al destacar unas y otros se podría pecar de catalogarlos como héroes en solitario, nada más lejos de la verdad. Es precisamente la capacidad de unir voluntades, combinar recursos y proponer la participación de muchos que hace sobresaliente a una gestora de otras y de otros. Segundo, hubo y hay más gestoras culturales en Santiago. Y lo reitero para que la acusación de exclusión anude aquí una respuesta que reitere la premisa inicial: es mi interés poner el foco en tres casos sobresalientes que sirvan de ejemplo claro y contundente de la presencia femenina en la gestión cultural desde la urbe monumental. 

Tres mujeres, tres 

María Ligia Grullón es arquitecta egresada de la Pontificia Universidad Católica Madre y Maestra (PUCMM). En la fundación de La 37 por las Tablas unió su vocación profesional académica con la pasión por las artes escénicas. La complicidad familiar y de otros gestores culturales de la ciudad ha hecho de la estructura en la calle Benito Monción un espacio multidisciplinario que tanto sirve de escuela como escenario: teatro, danza, canto lírico, música, encuentran lugar y tiempo en la edificación de dos pisos cuya restauración en madera cuenta con la mirada y gestión atenta de su gestora. 

En 19 años de funcionamiento, Grullón y La 37 han formado y marcado varias generaciones de artistas cuya estela ya se pasea por otras latitudes nacionales e internacionales. Por igual, ha producido y actuado producciones que se alojan en la memoria, como Amén de mariposas, basado en un poema de Pedro Mir que a su vez se inspira en las Hermanas Mirabal.

Entre 2006 y 2016, María Ligia fue la directora técnica y artística del Festival de Teatro Escolar de Santiago, una iniciativa de la Oficina Senatorial de Santiago. Miles de estudiantes de escuelas públicas y privadas recibieron formación y acompañamiento para presentar propuestas teatrales en las salas del Gran Teatro del Cibao. 

Awilda Reyes colgó la toga y el birrete en 2008 para asumir el departamento de Animación Cultural del Centro León. Desde esta plataforma privada (contando con sus recursos y especialistas), la también actriz ha sido el enlace para que distintas manifestaciones culturales tengan cabida en este centro cultural: artistas y portadores de expresiones como el carnaval, el folklore, la música, la danza, el teatro y el canto. En más de una década de gestión, la abogada egresada de PUCMM ha logrado desarrollar programas trascendentes, como el Carnavalito, donde cientos de familias pueden acceder a un espacio para que la niñez conozca y valore el carnaval dominicano y sus personajes; Mi Barrio está en Navidad, una plataforma de socialización comunitaria basada en la Navidad y sus valores, la creatividad y la habitabilidad; además de un programa de extensión en el que promueve, junto a artistas e instituciones de la ciudad la participación en convocatorias culturales de la región (como el Festival Cultural Hermanas Mirabal, por citar un caso). 

Fátima Franco es la co-coordinadora de Lunes de Jazz, la plataforma dedicada a este género musical que convoca a melómanos y neófitos desde 2008. Desde las primeras presentaciones en distintos espacios de la ciudad hasta su sede actual en el Bar Moisés Zouain del Gran Teatro del Cibao, Franco ha propiciado la difusión del jazz en Santiago y la posibilidad de apreciar talentos locales e internacionales cada noche de lunes. Mucho le ha ayudado su formación como mercadóloga, al egresar de esta carrera en la PUCMM. Junto al percusionista Cuquín Curiel, la cantante ha establecido un referente de constancia y apertura. El establecimiento de una banda de planta se vuelve una experiencia formativa para quienes la integran, pero al mismo tiempo una oportunidad para la creatividad, para compartir con público en directo las composiciones y las improvisaciones propias del género. 

Como nota curiosa, al margen de compartir alma mater educativa, entre todas hay vínculos afectivos que enriquecen la gestión cultural particular y les han permitido colaborar con éxito a través de las entidades que lideran o laboran. 

Gestión cultural y pandemia

Durante la pandemia del Covid-19 en el 2020, tanto Grullón como Reyes pudieron hacer la transición rápida a la virtualidad. En el caso del recinto de la calle Benito Monción, la escuela de artes escénicas y los ensayos de canto lírico se adaptaron a las posibilidades de las videollamadas, para volver a la presencialidad limitada de manera escalonada. El programa de actividades de animación cultural bajo la responsabilidad de Reyes se montó en la plataforma Centro León en casa, con propuestas apoyadas en los recursos digitales que disponía la institución. Un año después, la programación continúa en la virtualidad, acercándose a nuevos públicos sin descuidar los habituales. Diferente fue el caso de Franco, ya que las noches de Lunes de Jazz se interrumpieron abruptamente, al estar prohibidas las reuniones de grupos grandes en espacios cerrados como el Bar. 

La vuelta a la presencialidad también les convoca en este 2021. La 37 ya tuvo, a principios del año, algunas actividades presenciales con aforo limitado. El hambre de congregarse a los habituales de la Benito hizo que la convocatoria fuera efectiva. En tanto que los acordes jazzísticos retornaron bajo las luces del Bar Moisés Zouain apenas hace una semana en las mismas condiciones de distanciamiento social. Para el centro cultural ubicado en Villa Progreso, la presencialidad en actividades es un paso que se toma con cuidado. De uno u otro modo, las gestoras culturales siguen su labor, al margen de las circunstancias. 

Somos cultura

Quisiera volver a las palabras iniciales de Puig, para decir que si la cultura es lo que nos esforzamos por vivir, las gestoras mencionadas arriba cumplen con este requisito indispensable: es el esfuerzo constante por vivir las manifestaciones culturales que impulsan lo que les pone bajo el foco en este texto. Desde sus propias ideas, valores, estilos, mentalidades, han logrado gestar procesos, establecer redes de colaboración y poner el foco a su vez sobre otros y otras, en aras de facilitar esa urgencia cultural que tenemos por sentir, por comprender, por conocer

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Daniela Cruz Gil, Santiago de los Caballeros, 1984. Periodista y escritora. Autora de Gastrocuento (2012), La ciudad no será nuestra (2018).

Imagen de portada, autoría de Moira Pujols.

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