Pensar, desde la isla y más allá.

¿Es posible hablar de un sector cultural en República Dominicana? El concepto designa un aspecto de la economía que describe un conjunto de servicios que se ofrecen a partir de políticas públicas desde las cuales se establecen objetivos, prácticas y discursos además de toda una trama de industrias culturales. Lo anterior implica cierto trabajo coordinado e integrado del cual no podemos presumir en el país. Sin embargo, es cierto que las prácticas culturales y artísticas se enmarcan en un esquema de instituciones, organizaciones, agrupaciones y personas individuales, que, sin responder de manera específica a una política pública definida, y en la mayoría de los casos, sin ser conscientes del valor económico que agregan, desarrollan actividades y producciones culturales, siendo la existencia de los espacios y prácticas el único factor desde el cual se puede hablar de un sector cultural en República Dominicana. 

Nuestro sector cultural está compuesto, en primer lugar, por el gubernamental que conforma la serie de instituciones o dependencias cuyo principal enfoque de trabajo está en promover actividades culturales. A la cabeza (o fachada) se encuentra el Ministerio de Cultura y sus dependencias, le sigue el Ministerio de Educación, aunque de manera marginal, y otras propuestas gubernamentales que se promueven de manera descentralizada de esos espacios, como interés particular de un o una política de turno, siendo el caso de la Biblioteca Infantil y Juvenil República Dominicana que en la actualidad ¿a qué dependencia gubernamental está adscrita? Hace un tiempo era, aunque no tenga mucho sentido, parte del Plan Social y luego de Vicepresidencia, lo que ilustra claramente la ausencia de política pública que organice y dé sentido a las propuestas impulsadas por el Estado dominicano. 

El sector cultural privado es el caso de grupos empresariales que han encontrado en la promoción cultural un punto importante de desarrollo de su marca-discurso. Es el caso del Centro León, Fundación Propagas, Centro Cultural Perelló, Altos de Chavón, Centro Cultural Mirador, Fundación Brugal, Fundación Corripio, Museo Bellapart (entre otros).

Tenemos también el sector de cooperación internacional o relaciones diplomáticas, como el Centro Cultural de España en Santo Domingo, el Centro Cultural de Brasil, la Alianza Francesa, Embajada de Estados Unidos, Embajada de Japón… entidades que desarrollan una destacada labor de gestión y promoción cultural; de este sector destaca la clara definición de sus objetivos pues sí emanan de una política e intereses concretos y coordinados. 

Por último, el sector cultural independiente, compuesto principalmente por artistas-creadoras y creadores que asumen el compromiso de impulsar propuestas culturales llamadas independientes; como puede verse los sectores anteriores responden a intereses muy bien configurados que no necesariamente se corresponden con los intereses ciudadanos o promueven discursos y prácticas culturales destinados a conformar nuestra ciudadanía activa, crítica, formada y consciente. Es en el sector cultural independiente desde donde se gestan, las más claras e importantes contribuciones al país, y al mismo tiempo es el más desatendido e ignorado por el resto, en especial por el sector cultural gubernamental que técnicamente es el responsable de promover el trabajo del sector independiente. 

Rol de las mujeres

Es importante diferenciar en este punto entre gestoras culturales y trabajadoras de la cultura. El hecho de que una persona ocupe un puesto cuyas funciones estén ligadas al sector cultural, no las convierte en automático en gestoras, es decir, en personas que se comprometan con la promoción, difusión y ejecución de prácticas culturales y artísticas en favor de un discurso.  

El sector cultural se encuentra conformado en gran medida por mujeres; muchas son trabajadoras de la cultura, otras gestoras, que llevan sobre sus cabezas roles operativos y logísticos no necesariamente de toma de decisión, que son las pocas, y cuando los tienen, carecen de las condiciones presupuestarias que les permitan desarrollar su función de manera óptima. Recientemente contamos por vez primera con una Ministra de Cultura, pero ¿en qué medida esto ha significado o significará un cambio positivo para las mujeres del sector?

Las mujeres trabajadoras de la cultura y gestoras se encuentran en situación de dependencia en la que trabajan para un director, viceministro o coordinador; no manejan presupuestos y son las peor pagadas de todo el montaje cultural. Es solo descargar las nóminas del Ministerio de Cultura y encontrar que en lo más bajo del escalafón salarial se encuentran las y los gestores, que al final se convierten en obreras y obreros culturales. Es por esta razón que las personas, en especial las mujeres apasionadas por una causa o tema optan por desarrollar proyectos culturales independientes que implementan a base de muchos sacrificios personales; sin contar con apoyo del Estado para quienes las iniciativas del sector cultural independiente resultan indiferentes, ni del sector privado para quienes, en la mayoría de los casos, estas no se acoplan a sus intereses particulares. 

Desde Proyecto Anticanon y Colectivo Las Tres, hemos asumido la responsabilidad de denunciar el largo rosario de falencias que afectan el sector cultural, así como visibilizar y promover el importante rol de las mujeres, principales gestoras y artífices de iniciativas que mantienen viva y activa la cultura local, la identidad ancestral y afrodescendiente, y la innovación artística-cultural. 

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Lauristely Peña Solano, Bohío Viejo, Montecristi, 1989. Escritora, docente y gestora cultural. Ha publicado los poemarios Dictado de luna (2015), Abyecta (2018), Roja (2019). Es co-fundadora del Proyecto Anticanon y la Editorial Anticanon.

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