Pensar, desde la isla y más allá.

Diálogo con Elsa Cross

De las grandes voces femeninas de la poesía mexicana de la segunda mitad del siglo XX, sin dudas, que la de Elsa Cross (1946) ocupa un espacio luminoso en el tiempo. Viajera y trotamundos, estudiosa de la filosofía, la mitología y la religión de la India (donde vivió dos años) y de Grecia, facetas que, en gran medida, han marcado su poesía y su vida. Cross es, además de poeta, profesora de filosofía de la religión en la UNAM, ensayista y traductora. Ha obtenido el Premio Nacional de Poesía Aguascalientes, el Premio Internacional de Poesía Jaime Sabines, el Premio Xavier Villaurrutia, y el Premio Nacional de Artes y Literatura, en México, y otros premios en Canadá, Francia, Suiza e Italia. La conocí en la ciudad turística, antigua, mágica y montañosa de Tepoztlán en 2002 (donde vivieron Malcolm Lowry y Carlos Pellicer), en una gira en compañía de mi amigo crítico de arte y poeta, Miguel Ángel Muñoz, quien nos presentó. Desde entonces leo y sigo la trayectoria poética de esta magnífica poeta. Leí hace poco Acuario, una serie de artículos suyos sobre poetas, y había leído sus libros Espejo al sol, Bomarzo, Ultramar y Canto Malabar. Sin embargo, en estos meses de cuarentena, me aboqué a la aventura de leer su Poesía Completa, del Fondo de Cultura Económica de 2012, que contiene 29 poemarios, y que compré en la Feria del Libro de Guadalajara de 2019. Sé que ya publicó cuatro libros más, según me confesó, al decirle que había leído el volumen completo, de 791 páginas. Le dije que quería enviarle un cuestionario de preguntas, y ella, enseguida, me dio su aprobación. He aquí sus respuestas.     

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1

Desde 1966 hasta 2020, tu obra poética traza un arco y, a la vez, refleja una travesía, nutrida por viajes, contemplaciones, recuerdos, experiencias, visiones, ensoñaciones e introspecciones. ¿Qué puedes decirme de este largo itinerario cincelando versos y frases poéticas?

— Que ha sido muy pleno para mí. La poesía ha sido una compañera tan constante, que no me abandona ni siquiera después de haber escrito tantos libros. Tampoco la he abandonado yo, aun en medio de temporadas de muchísimo trabajo, de desgracias personales e incluso de tareas que resultarían bastante ajenas. Esto me hace sentir que el vínculo que uno establece con su propia vocación debe uno mantenerlo vivo.

2

Siento en tu mundo poético ecos de la lírica helénica clásica, por un lado, y por otro, resonancias de la tradición poética, religiosa y filosófica de la India. ¿Es así?

–Totalmente. El mundo griego, desde el más antiguo hasta el actual, me ha llenado siempre con sus imágenes y sus cadencias, desde Homero hasta Odisseas Elytis y poetas contemporáneos; desde las ruinas de los palacios minoicos hasta un café en Monastiraki. Es un mundo que está presente desde mi primer poema, que no conservo, pero comenzaba con la palabra “Apolo”, hasta el libro en el que estoy trabajando ahora, Isla negra, que tiene muchos poemas “griegos”, por decirlo de algún modo.

En cuanto a la India es algo igualmente vivo para mí, más que desde un punto de vista estético, desde una perspectiva espiritual, aunque yo siento cada vez más que esas fronteras se pierden. Me son igualmente entrañables algunos templos de la India como también sus vastas constelaciones de poetas místicos. 

Todo esto, así como sitios de mi propio país, han nutrido incesantemente mi amor por la poesía.

3

¿De qué se alimenta más tu poesía o se nutre tu creación y articulación imaginativa, de la contemplación o de experiencias de lectura? ¿Es la naturaleza un laboratorio de escritura o un espejo estético que le inyecta imágenes poéticas a tu mente creadora?  

–Se nutre de todo. Pero más que de experiencias de lectura, hablaría de experiencias de contemplación. A medida que ha pasado más tiempo leo más la naturaleza que los libros, y encuentro que es la fuente de la mayor parte de mis imágenes. Aristóteles hablaba del arte como de una imitación –-mímesis—de la naturaleza, y me he preguntado muchas veces si sólo se refería a la imitación de las formas o de los procesos mismos de creación que la naturaleza despliega de un modo tan deslumbrante.

4

Has sido poeta, prácticamente, en estado puro, incandescente, con la excepción de tu labor de traductora y profesora de filosofía de la religión en la UNAM. ¿No has tenido algún impulso por escribir ensayos filosóficos o narrativa?

–He publicado varios libros de ensayo, literario y filosófico: uno sobre las ideas estéticas del joven de Nietzsche; otro sobre la forma en que se enlazan inextricablemente el misticismo y el erotismo en algunos poetas mexicanos; otro más sobre creación poética; otro sobre arte, mito y religión de la India, y tengo dos más en curso. Algunos de ellos reúnen una serie de artículos o de ponencias presentadas en congresos, y otros sí han sido un ejercicio de reflexión –-bastante libre, por lo demás; no son libros académicos, en rigor.

5

Tu poesía es a la vez una especie de diario de viaje, como bien apuntas en la breve presentación de tu Poesía Completa publicada por el Fondo de Cultura Económica, de 1966 hasta 2012. ¿De dónde te viene esta poética, esta suerte de poesía de viaje, pero escrita desde la experiencia de un ser poético introspectivo, intimista? ¿Es consciente este dilatado ejercicio de escritura?  

–Creo que hay viajes interiores que pueden ser tan extraordinariamente ricos que presentan las mismas aventuras y riesgos, o que ofrecen la misma belleza –-o más— que cualquier desplazamiento físico. Pero cuando éste se da, proporciona al otro un lenguaje, imágenes, un asidero más concreto para poder expresarse.

6

Pienso que toda tu magna obra poética está articulada a base de interrogaciones, sentencias y afirmaciones, donde siempre laten el pensamiento, la filosofía y la espiritualidad, pero también sobresalen los encabalgamientos como recursos técnicos, de un modo muy obsesivo y preciso. ¿Obedece a una poética consciente o a una estrategia de escritura?

No lo sé, realmente. No trato de aplicar ninguna estrategia a mi escritura; la dejo fluir y luego reposar, y después la trabajo obsesivamente hasta que no me molesta nada ni en el ritmo ni en las imágenes ni en las ideas. Creo que parto de estos tres elementos.

7

También observo un giro expresivo y formal, en tu libro Bomarzo, una obra de aliento épico, contrario a los demás libros. ¿Hay en tu poesía influencias de la tradición griega clásica, puesto que también veo odas, elegías y ditirambos?

–Hice una trilogía, justamente un libro de supuestas elegías, otro de odas y otro de ditirambos, como un homenaje a los géneros clásicos. Y aunque en rigor no pertenecen a esos géneros, involuntariamente, mi primera lección de poesía fueron pasajes de la Ilíada y la Odisea que leía y memorizaba cuando tenía unos catorce años. Había estudiado, por mi propio gusto, algo de mitología griega y era un mundo que me cautivaba por completo.

En Bomarzo sí hay elementos del mundo clásico; de hecho, proviene de allí, pero también se nutre de otras fuentes. Hay en ese libro un largo periplo, guiado por un hilo narrativo bastante desdibujado, igual que en otros poemas extensos que he escrito, como Pasaje de fuego, Bacantes y Canto malabar.

8

En tus libros de poesía late el tiempo de la naturaleza combinado con el tiempo psicológico, se escuchan las voces de los pájaros, el silbido del viento, el sonido de los ríos y los bosques, la presencia obsesiva o personificación de la luna y del sol, y mucho menos del mar, y más el día que la noche. ¿De dónde proviene tu pasión por la naturaleza real como materia y sustancia del universo poético que fundas y recreas? ¿Por qué no está de igual modo la ciudad?

Si de veras lograra mi poesía todo lo que dices, en cuanto a la naturaleza, estaría yo más que satisfecha. La ciudad, por lo general, no me inspira mucho; por lo menos la ciudad de México. He escrito sólo cuatro poemas muy breves que se relacionan con ella, y más sobre otras ciudades, como Roma, Atenas, Riga, Gante, París, Saint-Malo, Benares, y otras. He tenido la suerte de viajar mucho, desde muy joven (mi padre era piloto aviador y teníamos pases en avión) y esto enriqueció mucho mi escritura. Hasta la fecha, y aunque sean viajes cortos dentro de México, creo que el solo hecho de alejarme de mi escritorio, con su montón de cosas pendientes, me invita ya a escribir. Pero soy muy poco receptiva a los ámbitos urbanos. Me habla infinitamente más la naturaleza.

9

¿Cuáles poetas te han influido más, tanto en tu experiencia de lectora, de poeta y traductora, los poetas franceses, italianos, ingleses, americanos, mexicanos o españoles?

Poetas de todas partes, griegos, italianos, prehispánicos, hindúes y de muchos otros lugares.

10

Al leer su Poesía Completa, observo que los epígrafes y las dedicatorias abundan y funcionan, a veces, a mi modo de ver, como recursos intertextuales e influencias. ¿Son simples homenajes o el pago a deudas de gratitud, sentimentales o a influencias?

Algunos epígrafes funcionan casi como claves de lectura o constancias de un acercamiento. Las dedicatorias van a veces en homenaje, y otras, como testimonios de amistad. 

11

¿Cuáles poetas y referentes culturales pesan más en ti como sustrato simbólico e imaginario, los poetas griegos, latinos, franceses o los mexicanos?

–Me doy cuenta de que han pesado mucho algunos poetas mediterráneos, o quizá la misma atmósfera del Mediterráneo a lo largo de muchos siglos. Y algunos poetas mexicanos me han sido importantes, sobre todo, Octavio Paz.

12

¿Llegaste a compartir experiencias e ideas sobre la cultura, el arte, la poesía, la religión y la filosofía de la India con Octavio Paz?

–Sí, aunque hubo pocas oportunidades de conversarlo. Creo que expresé mucho de esto, y en presencia del propio Paz, cuando me invitó a presentar su libro Vislumbres de la India, que es un ensayo extraordinario, aunque me habría encantado que fuera más autobiográfico. De esa lectura, yo tuve un punto de desacuerdo con él, acerca de la idea de la liberación, en el pensamiento religioso de la India, y fue una cosa que discutimos, con mucha cordialidad, aunque ninguno convenció al otro de su punto de vista. Esa presentación fue una ocasión muy memorable.

13

Elsa, ¿qué gravita más en tu orbe poético, el sueño o la vigilia, la ensoñación o el insomnio, la realidad contemplativa o la realidad imaginaria?

–Todo eso junto, y también la percepción exterior.

14

Observo en su obra, entre otras cosas, el uso de sinestesia y personificaciones, en la que las cosas y los cuerpos, los elementos de la naturaleza, de la tierra y del cielo, los astros y los planetas, las plantas y los animales, simbólicamente, dialogan, hablan, viven y decoran tu imaginario poético, de modo persistente. ¿Cómo lo concibes y cuál es el origen? También hay una apelación a un otro, a un ser femenino o masculino, pero que se pierde o disipa en las brumas del silencio.

Sobre esto último, quizá se hace presente una interlocución con la propia conciencia, en algunos poemas, en otros, si hay algún destinatario que no tendría por qué especificarse en el poema. Me encantará la posibilidad de que haya personificaciones de elementos naturales en mis poemas; es otra forma de reconocer que hay una conciencia presente en toda la naturaleza. O un reconocimiento de que, como lo dijo Tales de Mileto, “todo está lleno de dioses”.

15

También, al leer tu obra, observo en la articulación de su discurso poético, una vocación adánica o deística, de crear cosas y seres vivos, es decir, animales y plantas. ¿A qué se debe? ¿Proviene de su tradición judeocristiana o hindú?

Creo que, en mí, más que la formación en una tradición judeo-cristiana, que tuve en mis primeros años, prevaleció la tradición hindú. Me he sentido siempre mucho más cercana a sus ideas filosóficas y a su ejercicio estético de fundir la propia conciencia con la naturaleza y con lo divino.

16

Percibo, asimismo, que todos tus libros de poesía se sostienen por un hilo conductor, donde el ser poético, el sujeto poético, nombra, participa, contempla, enuncia, canta, en un mundo poblado de animales, plantas y cuerpos celestes, en un universo de palabras y sus representaciones, de símbolos y mitos, que refleja una concepción filosófica panteísta del mundo, como acontece en Whitman, Ernesto Cardenal o Pessoa. ¿Me equivoco?   

–No. Sí hay un impulso panteísta, de acuerdo con lo que te comenté anteriormente.  A esos nombres yo añadiría el de Saint-John Perse, que fue un poeta muy importante en mi formación. Y tal vez sea una concepción filosófica, pero es también un reflejo instintivo. 

17

¿Qué te parece Octavio Paz como poeta y como ensayista, y qué lugar ocupa en tu sensibilidad, en tu memoria sentimental? ¿Fueron amigos? ¿Lo consideras tu maestro? ¿Qué opinas de la obra de Paz escrita en la India y la influencia que ejercieron en él, la cultura, la filosofía, el arte y la religión de ese país?  

–Considero que Octavio Paz es uno de los grandes poetas del siglo XX, y creo que su poética, planteada de manera incomparable en El arco y la lira, es la poética más completa y profunda que se elaboró en ese siglo. 

Paz ocupa en mí un lugar especial; lo traté poco, pero siempre con mucha cordialidad. Sin duda es un maestro, y yo he descubierto que, sin percatarme plenamente, escribí muchos poemas con influencia suya. Sin embargo, mi primer maestro en las letras fue Juan José Arreola, y a él le debo lo más importante de mi primera formación literaria. 

Lo que Paz escribió sobre la India, tanto en el ensayo como en la poesía, es muy posible que constituya lo más importante de su propia obra. 

18

Has dicho que en tu poesía hay un vínculo entre lo interno y lo externo, un adentro y un afuera. ¿Qué quiere decir eso, que lo interno es tu yo y lo externo es la naturaleza, y que lo que está dentro es tu conciencia creadora y lo que está fuera es el mundo exterior?

–Exactamente. En una primera percepción es justamente eso: lo subjetivo y lo objetivo. Pero creo que se llega a un punto en que esos dos mundos, en apariencia distintos, pueden tener puntos de confluencia. Uno de ellos es para mí la poesía. Yo puedo estar percibiendo lo de afuera a partir de lo que siento dentro; si tengo una sensación de armonía y belleza, o de cualquier otra cosa, eso puede ser muy probablemente lo que proyecte en mis percepciones de los objetos externos. Creo que cuando esas dos orillas se juntan, surge la experiencia poética más: lo de adentro está fuera, y viceversa.

19

¿Cómo te sientes y qué opinas de lo que Octavio Paz dice de tu poesía, cuando afirma que: “Dos notas opuestas se conjugan armoniosamente en Elsa Cross: la complejidad del pensamiento y la diafanidad de dicción”?

–Siempre he agradecido mucho la generosidad de Octavio Paz hacia mí.    

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Basilio Belliard es poeta, narrador y critico dominicano.

Imagen de portada: Elsa Cross por Eunice Chao, La Jornada Aguascalientes.

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