Pensar, desde la isla y más allá.

James J. Davis: Cúenteme de la vida de Norberto James Rawlings.

Norberto James Rawlings: Nací en el ingenio Consuelo en el año 1945, de padre jamaiquino y mi madre, nacida en la República Dominicana, pero de padres norteamericanos. De allí tengo los apellidos James de parte paterna y Rawlings de parte materna. Rawlings es de mi abuelo norteamericano, Thomas Rawlings. Ese es básicamente mi “background”. En cuanto a mi formación primera, yo me formo en el ingenio Consuelo bajo la égida del profesor Winston Brodie, un profesor de una pequeña escuelita de la iglesia episcopal. Básicamente lo que enseñaba él era instrucción general; no era una escuela formal en el sentido de una educación escalonada, orientada hacia el bachillerato, sino que nos daba una formación general: lectura, escritura y algo de matemáticas, en inglés, fundamentalmente. Eso creó una especie de brecha en el sentido de que la formación nuestra llegó a un punto en que la escuela era muy pequeña para nosotros y hubo que crear condiciones para que fuéramos a una escuela donde pudiéramos continuar nuestros estudios, pero en español. Esto ocurrió ya cuando era un niño de diez años. De modo que el español, yo realmente lo aprendo cuando ya tengo diez años.

JJD ¿Y su formación como un escritor, o, mejor dicho, como poeta?

NJR: Posteriormente, siendo un estudiante del colegio episcopal San Esteban en San Pedro de Macorís, me vinculo con los Padres que estaban al frente del colegio y aprendo música y pintura. Me destaco en el área de los deportes, pero había algo en el sentido de la expresión artística que yo sentía que no estaba siendo completada. Yo necesitaba un canal para expresarme que no era exactamente música ni pintura. Lo comprobé una vez que fui a la capital -me mudé de mi pueblo San Pedro de Macorís- y fui a la escuela de música y asistía a la escuela de pintura también durante unos tres años. Todavía sentía que me faltaba un canal mucho más amplio para expresarme y ese canal se me abrió en el año 1965, después de la intervención norteamericana del ’65. En ese año me vi escribiendo sin bozal, es decir, con una libertad increíble, pero 95% de lo que yo escribí durante ese período no quedó nada. Posteriormente al período de la Guerra de Abril, ya en el año ’66 o ’67, cuando creamos el grupo “La Isla”, yo ya empiezo a escribir, pensando en la literatura con mayúscula, pensando en que, caramba, no soy pintor y no soy músico. No son formas de expresión a las que yo puedo integrarme y sentirme realizado expresándome. Decidí, pues, tomar seriamente el campo de la escritura como un área en donde podía sí expresarme. Articulé el libro que ahora se llama Sobre la marcha. De esa experiencia inicial, que parte básicamente de Neruda, de Vallejo, de toda esa lectura hecha durante la intervención del ’65. El resultado de eso es Sobre la marcha, un libro que tiene el valor de recoger la experiencia de autodidacto. En aquella época, yo era un anárquico leyendo; leía todo lo que me caía en la mano y todo que quería convertir en literatura. Básicamente lo que convertí en literatura fueron vivencias y hechos históricos del momento. Eso es lo que traté de recoger en Sobre la marcha.

JJD: En ese libro aparece su poema ganador de premios “Los inmigrantes”. Hábleme un poquito de ese poema.

NJR: Ese poema está escrito precisamente en ese período en que tomé conciencia de mi identidad, de mis orígenes y vi que mis antepasados, pues, o se regresaban a las islas o se morían y decidí hacerles un homenaje. Emprendí la tarea de conocer cómo llegaron al país, cómo vivían, etc., y luego articular un poema de esa realidad suya y mía.

JJD: ¿Cómo fue recibida esa poesía en Santo Domingo?

NJR: Realmente cuando yo publiqué “Los inmigrantes” no hizo el impacto que hizo muchos años después. Los críticos descubrieron que tenía valor. “Los inmigrantes” es un poema que yo elaboré para participar en un concurso de literatura y realmente fue un poema precipitado. Es un poema que yo realmente no vuelvo a reescribir, pero reconozco que no fue terminado. La mejor prueba es la parte del poema en donde yo enumero nombres. Yo lo que tenía pensado originalmente era un poema para cada nombre relacionado con cada oficio de esas personas que yo visualicé como “cocolos” que se integraron a la nacionalidad dominicana, despojándose de aquello de que eran “cocolos”.

Yo recuerdo que, en mi infancia, siempre oía a mi abuelo decir: “This is your country. You have to fight for this country. Don’t think about anything else. This is your country”. Entonces esa idea me daba vueltas en la mente. Recordaba siempre a estos señores que yo veía hacer lo que mi abuelo decía. George Jones, ciclista. Yo recuerdo que vivía George Jones en el ingenio de San Pedro de Macorís montado en su bicicleta. Para la época era una tarea titánica ir doce kilómetros en bicicleta a comprar, digamos, una camisa o un periódico. Él lo hacía. Era un hombre extrañísimo, extraño en el sentido de que era muy abierto y curioso entre los “cocolos” y George Jones llegó a integrarse a la comunidad dominicana de tal manera que fue uno de los primeros que llegó a casarse con dominicanos, no con los “cocolos” de su comunidad. Por eso, le tengo mucha admiración a este señor tan extraño, tan distinto a los demás. De allí fui buscando y encontrando prototipos en distintas áreas. Por eso, el poema menciona en el área de la música a Pruddy Ferdinand y en el área del trabajo puramente obrero a Cyril Chalanger.

JJD: Volviendo a la palabra “cocolo”, ¿qué siente usted al oír esta palabra dicha por otro dominicano?

NJR: Hubo una época en la República Dominicana en que la palabra “cocolo” o “cocolito” tenía una fuerte connotación negativa. En fin, durante ese período en que se utilizaba frecuentemente la palabra “cocolo” como derogatoria, a mí me daba un bledo que me dijeran “cocolo” o “cocolito” porque no sentía que yo era distinto a los que me decían eso. Como un estudiante del colegio donde estudiaba, era un atleta de cierta importancia. Realmente, el término no lo sentía como un baldón, aunque entendía la carga negativa que traía cuando lo usaban. Posteriormente, cuando la crítica reconoció la importancia de “Los inmigrantes”, yo sentía un cierto orgullo de haber revalorizado el término utilizado negativamente para nombrar a una minoría nacional dominicana. De modo que realmente yo nunca me sentí molesto por aquello de “cocolo” ni “cocolito”. Muy contrariamente, yo siento especial orgullo por ser identificado o como “cocolo” o “coco-lito” porque realmente eso soy.

JJD: Algunos críticos han escrito que usted es uno de los escritores jóvenes que está introduciendo la negritud en la República Dominicana. ¿Cómo respondería usted a esto?

NJR: Bueno, yo realmente no lo propuse como meta definida. Yo nunca pensé, o sea, no pienso en términos de mi color o de mi raza. Yo sólo pienso como un autor dominicano que escribe. Nunca lo abordé como un problema racial. Eso es lo que se discutió hoy. Los dominicanos en general hacemos literatura y punto. Hacemos literatura como dominicanos, pero no como negros, mulatos o blancos dominicanos. Yo creo que ése es un problema que merece estudio no solamente por parte de la gente que hacemos literatura sino por parte de los antropólogos. Habría que darle una explicación a eso. Eso tiene que tener una explicación, pero yo como autor no siento eso como un problema de trascendencia.

JJD: He leído casi toda su obra tratando de encontrar rasgos de la negritud, pero no puedo decir que los he encontrado de una forma programada. Yo diría sin embargo que estos elementos de su experiencia como un dominicano negro se encuentran de una manera muy sutil o tal vez de una manera subconsciente. ¿Cuál es su opinión?

NJR: Pues, no lo hay como un programa. Lo hay en el sentido de que los cocolos son una minoría étnica en la República Dominicana que ha pasado a integrar la nacionalidad dominicana sin pelear por ese lugar, como dice el poema: “Vengo a escribir vuestros nombres / juntos al de los sencillos / ofrendaros / esta patria mía y vuestra / porque os la ganáis / junto a nosotros / en la brega diaria / por el pan y la paz / por la luz y el amor”. La voz poética allí se identifica como dominicano. De hecho, el poeta allí no se está identificando como negro. Por eso, yo creo que a la hora de escribir el poema, yo no me planteé conscientemente esa problemática del negro dominicano.

JJD: ¿Quién sería la audiencia perfecta para el poema “Los inmigrantes”?

NJR: La audiencia perfecta del poema yo la vi como los mismos cocolos integrados a la nacionalidad dominicana, o sea, los cocolos de tercera generación. Esa es mi audiencia perfecta. Muchos jóvenes, como yo, hijos de inmigrantes de las islas de habla inglesa, que viven en Santo Domingo, no se sienten parte de la nacionalidad dominicana. A esa audiencia yo dirigiría ese poema. El poema también lo veo como un homenaje a los antepasados nuestros.

JJD: ¿El título de la obra Sobre la marcha me indica a mí algún conflicto personal que usted ha vivido? ¿Qué me dice sobre esto?

NJR: Sobre la marcha es un libro con una proyección muy amplia y consciente de mi participación como luchador revolucionario en ese momento específico en donde yo trato de plasmar vivencias de un dominicano joven de los años 60 y 70. Allí no se recogen solamente problemas nuestros nacionales, sino que hay reflejados también problemas muy particulares y específicos que ocurrían dentro de un específico grupo dominicano que era la izquierda dominicana. En el libro hay de la política y problemas sociales y me ha sorprendido que los estudiosos no han prestado mayor atención a lo que se plantea en Sobre la marcha.

JJD: Siendo un estudiante hispano negro en una universidad norteamericana en estos días, ¿tiene usted alguna anécdota interesante para contarme.

NJR: Una cosa curiosa es el hecho que a la hora de llenar toda la documentación de la universidad, no había una casilla para ‘Black Hispanic.’ Entonces, yo llené la casilla de ‘Black’ y de ‘Hispanic.’ La computadora no recibe dos casillas; lo rechazó, de modo que cayó en “otro”. Entonces, yo decía: no soy “black” y no soy “hispanic”. ¿Qué soy? – ‘Otro, me decía’.

JJD: Yo supongo que su experiencia aquí en los Estados Unidos lo ha hecho pensar mucho en el problema racial de aquí. ¿Verdad?

NJR: Las tensiones del problema racial en los Estados Unidos me han hecho a mí mucho más sensible todavía. También me ha hecho ver con mucha más claridad y con mucha más profundidad el problema racial dominicano — un problema que nosotros insistimos en negar. Viendo aquí las líneas bien claras y las separaciones muy precisas de razas, yo he podido ver con mucha precisión la posición que he venido ocupando desde mi nacimiento en mi país donde nosotros todavía tenemos esa gama amplísima de colores para definir que somos. Los dominicanos nunca definimos qué somos en términos raciales. Somos blancos, mulatos y negros. Pero le digo que mi vivencia aquí me ha hecho ver con más claridad algo que nunca puse en duda: que soy un negro. Escuche, en el pasaporte mío trataron de ponerme “indio oscuro”, que es una de las terminaciones que usan en Santo Domingo para no decirte ‘negro’ porque creen que ponerte ‘negro’ en un documento es ofenderte. Yo me negué rotundamente a que me pusieran ‘indio oscuro’ porque no soy indio, yo soy negro – un negro del carajo.

JJD: Yo he estado en la República Dominicana varias veces y he observado que realmente la negritud es un tema que poca gente quiere discutir. Yo admito que tal vez los norteamericanos ponen demasiado énfasis en esta cuestión. ¿Qué piensa usted?

NJR: Yo no sé. Yo insisto en el hecho de que los estudiosos sociales nuestros deben definir esto porque la hipocresía racial se ha institucionalizado de tal manera que realmente a los dominicanos en general les da un pito ser blancos, negros, verdes o azules. Creo que el problema está tomando matices de importancia y hay que abordarlo, pero no sé hasta donde nosotros tenemos la voluntad de abordar el problema racial en Santo Domingo. La composición racial en la República Dominicana no permite que se aborde como se aborda en los Estados Unidos, donde se tienen claramente demarcadas las distintas razas. En Santo Domingo, no hay estas demarcaciones claras de hasta donde se es blanco, mulato o negro. Debido a esto, creo que no se le ha dado esa importancia y pienso que podría incluso ser una preocupación superpuesta a la realidad dominicana.

JJD: ¿En qué está trabajando Norberto James en estos días?

NJR: Norberto James ahora está trabajando en un libro que se llama El libro rojo que tiene que ver con los orígenes del color rojo y la simbología del color rojo. Pero fundamentalmente lo que pretendo con este libro es abordar esencialmente el tema del amor. Lo otro sería mi experiencia como habitante de un país socialista y mi experiencia como luchador por el socialismo. También quiero hablar en ese libro de mi vivencia como un hombre que ama a la mujer, a la comunidad, y al país.

JJD: Muchas gracias por darme esta oportunidad de conversar con usted y de conocerlo a usted.

NJR: Bueno, me ha sido un placer.

Notas:

1) Norberto James ha publicado cuatro libros de poesía: Sobre la marcha (1969), La provincia sublevada (1972), Vivir (1982) y Hago constar (1983).

2) Se refiere a una ponencia dada durante la Primera Conferencia Internacional y Multidisciplinaria Sobre La República Dominicana, Rutgers University, Newark, New Jersey, April, 1986. La entrevista tomó lugar durante esa conferencia.

Esta entrevista fue publicada en inglés en 1987 bajo el título de: Norberto James Rawlings and James J. Davis, Afro-Hispanic Review, Vol. 6, No. 2 (MAY 1987), pp. 16-18. La traducción es de Miguel D. Mena ensayista​, editor​ y coleccionista. Reside en Berlín, Alemania desde 1990. 

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James J. Davis, autor.

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