Pensar, desde la isla y más allá.

León Félix Batista, Delirium (Editora Proyecto Literal, Colección Instante Fecundo, México, 2020) 

Si hablar es una boscosa geografía, Delirium es la floresta casi completa. Placer verbal, fruto encarnado en palabras que sudan y exhalan. Palabras imán, versos cueva, minas de palabras que contienen yacimientos de goces: espacios bífidos, cuerpos circulares (a la manera davincheana). Este es un universo discursivo y estético de corte seminal, es decir, donde se funda un nuevo orden de articulación y de mirada hacia el mundo. 

No es un libro fácil, no es un lugar cotidiano, y sí, a la vez. Es una historia que se entreteje, que apenas se deja entrever. Estamos ante un abecedario que deletrea estancias carnales, un cierto gozo por las moléculas del lenguaje: música hecha texto o texto que signa un canto, ritmo donde hay mucosas y valvas, donde las regiones del cuerpo son partituras. Más de cien textos que recogen una herencia que va de Lezama Lima a Perlongher, cubriendo zonas y texturas con ecos de un neobarroco neoposmoderno cercano a un lúcido Kozer o a un puntual Echavarren. 

Diccionario que omite dos letras, una clave en el habla mexicana o peruana: la CH, de chupar (“mamacita, chúpame ésta”), o de chancar (cuerpo sobre cuerpo, en arrumaco deseoso) y la LL de llenura, llamarada o llano (“cuerpo llano que levitas en mi lengua”, decía un poeta insular). Gramática del que comprende, a cabalidad, que el deseo o el cuerpo del deseo siempre será más apetitoso a la hora de la evocación, a la hora de su ser ficcional. 

Este es un libro-delirio, de una capacidad singular de apoderamiento del lenguaje. Un circo mental donde las construcciones de cada verso son maquinarias exactas. Sentido y reflexión, puntos cardinales de Delirium, como lo es también el espíritu lúdico, pero no por ello menos mental que recorre el poemario. 

Estamos ante un mapa, una geografía friccionada donde las capas tectónicas del lenguaje se aposentan en un nuevo estado. Fricción, cuerpo sobre cuerpo de una palabra sobre la otra. Discurso de quien alucina, ve espejismos, quiebra pieles, desnuda recuerdos, trae de vuelta a las chicas de la escuela, a sus curvas y miedos. 

Delirium es arrollador porque no cede: página a página el lector se ve obligado a volcarse entre las protuberancias, entre los pliegues. Aquí, entre estos versos de pelvis, ojos o cerviz, hay que andarse a tientas para no caer ante los cuerpos derribados, ante los corceles sin jinetes en el coxis. 

Gozadura de goznes, selva y bosque emparentados, en este libro se arriba a buen puerto. Pero no a un puerto de descanso, de certidumbres: se llega a espacio de placer verbal, de extrañamientos y dislocaciones del mundo ordinario y de vuelta a él desde los juegos y decantaciones del lenguaje que ha construido León Félix Batista, quien se ha metido de cabeza, de pies –es decir, de cuerpo entero–, en un continente epidérmico donde hacer yunta entre literatura y realidad sólo es posible cuando, como él mismo dice en el poema Orgía, las pupilas van “tramontando los encajes”. 

Delirium es, en definitiva, un libro personalísimo y seductor.

Ciudad de México. 

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Rocío Cerón (Ciudad de México, 1972), es ensayista, editora y poeta cuya obra dialoga con otros lenguajes artísticos en una apuesta de poesía, música, cuerpo e imagen creando espacios transmediales.

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