Pensar, desde la isla y más allá.

Introducción

En el contexto del controvertido 12 de octubre, -día internacional de la raza, del descubrimiento español de  América, de la colonización, de la resistencia indígena, del encuentro de dos culturas o meramente del respeto a la diversidad cultural-, se plantea en el ámbito académico de la UASD la cuestión de “La construcción de la identidad en un mundo multicultural: de lo local a lo global”, gracias a la iniciativa diligente de los profesores Francisco Acosta y José Ramón Albaine. 

Celebrando la ocasión, aporto a la discusión el siguiente estudio de caso; pero no para repetir lo que ya está escrito acerca de los herederos del ADN o código cultural de los dominicanos (1).  

Al contrario, me limitaré a narrar cómo edifiqué un marco de referencia teórico y metodológico, aplicándolo en la marcha al caso identitario del pueblo dominicano, y al final revisararé las conclusiones del referido estudio utilizado a modo ejemplar. 

Para abordar la exposición responderé cuatro preguntas inherentes a toda pesquisa: ¿cuál es el problema?, ¿cómo abordarlo teórica y metodológicamente?, ¿disponemos de algún caso de estudio donde evaluar el alcance del marco de referencia metodológico y la respuesta dada a dicho problema?; y, por último, ¿a qué conclusión se puede llegar? 

Raudo y veloz, las respuestas.

I. El problema

La cuestión es la singularidad identitaria de un pueblo local, en tanto que componente integral e irreducible de la globalización universal.

Contexto global. Vivimos en tiempos del “capitalismo de la vigilancia” (“surveillance capitalism”) (2,3,4) y de redes sociales para las cuales lo decisivo es que el ser humano ya es tratado como un sistema “hackeable”. 

La “big data” -antesala metafórica del gran inquisidor de Dostoviesky (5)- genera la “economía de la atención” (6), valiéndose de alogritmos que visualizan cada sujeto humano antes de troquelar y homogenizar su comportamiento alrededor del globo terráqueo. independientemente de diversas y complejas sociedades y culturas.

Así, pues, ubicados localmente en una civilización de vocación global y en expansión -si no por otra razón que la de una pandemia que nos recuerda que somos interdependientes no solo comercialmente-, la cuestión fundamental ha dejado de ser la de Sócrates, “conócete a ti mismo”, dado que el algoritmo nos conoce suficientemente bien. 

Por vía de consecuencia, -incluso sin discutir si lo anterior implica, tal y como considero, una pretenciosa ingenuidad, – se trata únicamente de una pretenciosa- en lo sucesivo me centro solamente en rastrear el tema de la identidad.

Si como afirma Yuval Noah Harari (7) la mente humana es una constante generadora de relatos, y nuestra identidad personal y colectiva es el relato central, entonces, hoy, debido al capitalismo de la vigilancia, el gran desafío de cualquier pueblo y de cada uno de los individuos que lo conforman ha de consistir en:

Reconocerse cada uno a sí mismo y todos interactuando y aunados entre sí, -pero entiéndase bien, no por una instancia algorítmica enajenada en su simple objetividad impersonal, sino- provistos de una identidad singular e inalienable, en concordancia y afín con una configuración identitaria de naturaleza universal.

Advertencias heurísticas. A propósito de dicho desafío conviene despejar malos entendidos.

El término “identidad”, construido en base a relatos identitarios de un colectivo o población humana, resguardados por su memoria colectiva, a pesar de ser de raigambre fundamentalmente filosófica, no lo asumo en lo sucesivo como una entidad abstracta, ideal, atemporal, definitiva o inmutable, siempre igual a sí misma, nunca diferente ni alterna. 

Al contrario, la identidad implica las características de lo que se repite y adapta, porque se recuerda y deviene en medio de su inseparable proceso de diferenciación e incuestionable mutabilidad gracias a la unidad integral que expone y refiere sin confundir lo que aúna a lo largo de su vigencia en el tiempo. 

En ese contexto, segunda aclaración, la identidad de un pueblo no está referida a la población en general, a todos los habitantes de un mismo territorio geográfico y mucho menos a sus figuras más notorias o ejemplares por ser destacadas, distinguidas, calificadas, deslumbrantes, cimeras, poderosas, famosas o punteras. 

Precediendo esa comprensión del tema, la cuestión cultural de un pueblo no se resuelve desde mi perspectiva antropológica invocando ciertas hazañas y remembranzas históricas. Roma no es el César y tampoco Nerón. Y ni siquiera Alemania es el conjuno de sus obras cultas y ennoblecedoras frutos legítimos de sus hijos más destacados, como Goethe, Kant, Beethoven o Einstein.

¿A quién se refiere entonces la identidad de toda una población cuando se la identifica como pueblo? 

En mi caso, solo significa un conglomeado de sujetos anónimos, sin popiedades ni principalías evidentes que, conviviendo y coexistiendo entre sí se reconocen y son reconocidos como titulares de un gentilicio singular: dominicano, suizo, coreano, angolés, boliviano, canadiense u otro de los cientos que ya han sido identificados alrededor del mundo.

Objetivo del estudio. La cuestión central a problematizar es qué identifica y define de manera singular e inconfundible cada gentilicio atribuído a una u otra población humana ubicada en un territorio geográfico y tiempo histórico.

El problema que suscita la compleja realidad de la identidad de un pueblo único, sumido a su vez en un mundo “ancho y ajeno” (8), me sirve de pie de amigo para abordar -a modo de caso de la composición identitaria del pueblo dominicano. 

Y, por añadidura, me ayuda a dejar constancia del camino metodológico recorrido hasta por fin descifrar la singularidad del ser de cada pueblo sobre la faz de la tierra a partir de quién es -no del que sus miembros dicen no ser- siempre que esté ubicado en suelo suelo patrio o desde los “bordes” (9) de su propia existencia. 

La dimensión dominicana del mismo problema me lleva a un estudio de caso singular en un próximo escrito.

Notas:

  1. Ferrán, Fernando I.: Los herederros. ADN cultural de los dominicanos, Santo Domingo, Colección Cultural del Banco Central de la República Dominicana, 2019.
  2. Zuboff, Shoshan: Das Zeitalter des Überwachungskapitalismus. Berlín: Campus Verlag, 2018.
  3. Foster, John Bellamy: The Theory of Monopoly Capitalism (en inglés). Monthly Review Press, 1984.
  4. McChesney, Robert W.: The Problem of the Media: U.S: Communication Politics in the Twenty-First Century,  New York: Monthly Review Press, 2004.
  5. Dostoviesky, Fyódor: Los hermanos Karamazov, Madrid, Plaza Editorial, edición de 2013. 
  6. Pedrycz, Witold y Chen, Shyi-Ming Chen (Eds.): Social Networks: A Framework of Computational Intelligence, Suiza, Springer, 2014.
  7. Harari, Yuval Noah: 21 lecciones para el siglo XXI, Navarra, Debate, 2018.
  8. Alegría, Ciro: El Mundo es Ancho y Ajeno. Editorial Ercilia, Chile, 1941.
  9. García Peña, Lorgia: The Borders of Dominicanidad: Race, Nations and Archives of Contradictions,NC, Duke University Press 2016.

____

Fernando Ferrán es antropólogo social y filósofo, investigador y profesor del Centro de Estudios Económicos y Sociales Padre José Luis Alemán de la Pontifica Universidad Católica Madre y Maestra (PUCMM).

Leer offline:
Descargar PDF
Imprimir