Pensar, desde la isla y más allá.

Marenplena

Más que cuento, Caribe

Las antologías pueden ser elemento del desastre, pero dejemos el cinismo hasta aquí y comentemos con regocijo el esfuerzo de Magdalena López, quien puede ser descrita como una reconocida investigadora de las culturas y literaturas del Caribe Hispanoamericano o como un hada sideral que entre otras muchas cosas ha logrado congregar en un tomo de colección a varias de las voces más representativas de nuestra escritura. La antología en cuestión, Más que islas: Antología de cuentistas del Gran Caribe hispano, reúne historias de escritoras bajo el común denominador de la libertad que otorga la palabra contada; el derecho a reclamar un espacio digno de consideración entre tanta violencia y acoso implementado por nuestros sistemas paternalistas. Además de la importancia política y sociológica contenida en el hecho de poner a circular una antología semejante, hay que recalcar que los cuentos son de una calidad extraordinaria. El primer relato, de la venezolana Carolina Lozada, habla de un sexo/animal que procura perdérsele a la dueña. Me encanta de este texto el inteligentísimo juego del idiolecto que propone, ya que hace malabares con el concepto pussycat del idioma inglés para plantear una situación tan amena como terrible. La voz narrativa insiste en que para localizar al sexo perdido le llama “misu, misu…”, y luego dice sin reparos “Es tarde, cuca mía, mañana te pongo un lazo rojo y te perfumo para que salgamos por ahí a ver qué nos comemos […] Él me mira como si tuviera ojos, con su pelo brusco, con sus labios finos, con sus ganas de ser gemido. Suspira hasta quedarse dormido arrumado en mi mano. Él y yo tan solos en este cuarto grande, en esta cama chica”.

Otro cuento que me dejó prendado es el de la boricua Alexandra Pagán Vélez, a quien reconozco por su prosa dura y juguetona en textos como Horror-REAL. La coincidencia me lleva a fijarme en que le dedica esta historia antologada a Odilius Vlak. ¿Me creerás que el próximo libro que tengo en quiú es uno del mismísimo Vlak? Pero eso es tema de otro texto. Por ahora comento que su cuento “Ella” mezcla el tema de la violencia doméstica y la dominación de la mujer por el hombre en términos de horror-ciencia ficción. Cuando una mujer se encuentra encerrada en el cuerpo de otra mediante un proceso tanásico, la presa dice “Me asalta ese deseo del suicidio, una especie de síncope agobiante, acorralada, atribulada, atrapada no reconozco mi propia mirada, el latir de mi pecho me parece invasivo, aún mi familia me parece robada, sus altas voces, toscas miradas, soy un monstruo, un monstruo de torva mirada”.

Otro texto deslumbrante me parece el propuesto por la cubana Karla Suárez, de quien ya también he tenido referencia antes gracias a su texto Habana año cero, merecedor de los reconocimientos Carbet del Caribe et du Tout monde y el Gran Premio del Libro Insular, ambas distinciones en Francia. En su cuento “Elena y Elena”, se narra la historia de dos mujeres con el mismo nombre, pero por lo tanto, con vidas y deseos en extremo distintos. Asistimos así a la biografía de un fracaso múltiple, el de las mujeres y el de la isla. El cuento es bueno no sólo por lo que describe, sino por el mecanismo de fuelle narrativo en donde al final la autora juega con imágenes de reflejo y la coincidencia onomástica entre las protagonistas. En este plano de coincidencias cae también el cuento de la reconocida puertorriqueña Mayra Santos, una de las voces más representativas de la escritura latinoamericana de nuestro tiempo. Con el magnífico cuento “El exilio de los asesinos”, esta autora narra la desgarradora realidad de las enfermedades mentales, las adicciones y el dislocamiento de “la gran familia puertorriqueña”. Ante la imposibilidad de resignarse al papel de “hija soporte” que le asigna la realidad y la sociedad, la voz narrativa despliega una serie de recursos que no obligan a la consideración o la lástima. Otra puertorriqueña, esta vez Yolanda Arroyo Pizarro, nos deleita con uno de los mejores cuentos de esta colección. En “Quimbamba”, una historia dedicada a las víctimas de la masacre de la disco Pulse en Orlando hará ya un tiempo, la autora pone de manifiesto sus grandes dotes de narradora para entablar los patéticos paralelismos que compone el éxodo de boricuas a la ciudad de Orlando. Estoy anonadado ante la fuerza descriptiva y la belleza brutal de este texto que en tan breve espacio elabora un clarísimo mapa de ruta del desarraigo familiar que implica esta mudanza de sentidos hacia la supervivencia. ¿Quién hubiese previsto que los puertorriqueños se verían atravesando precariedades propias del sistema cubano o dominicano? En una fórmula de equivalencias, Yolanda propone como protagonista del cuento a una perra realenga y dos mellizos que en cierta manera son la resulta del abuso y la inmisericorde cara del peor neoliberalismo, el racismo y la violencia homofóbica. Para terminar, o para empezar en realidad, a todo lo ya expuesto en este cuento hay que agregarle la dura crítica al limbo estructural que presupone la devastadora política de Estados Unidos para con la isla del encanto.

La representación dominicana en este libro va sobre los hombros de sin lugar a duda tres de las escritoras “más en forma” (palabras de la coordinadora) de nuestra escritura actual. Rita Indiana participa con un brevísimo y efectivo cuento que trae del proyecto Ciencia Succión, lo cual es significativo si se toma en cuenta que esta es la etapa posterior al boom mediático de esta reconocidísima autora. Para los muchos estudiosos de la obra de Rita, este cuento es vital para hacer notar desde mucho antes la garra, el atrevimiento y los cuestionamientos filosóficos-sociales en una obra llena de sustancia y performance. El cuento se llama “Tour” y funciona muy bien ya que, al principio de esta antología, Magdalena López, quien coordina, hace énfasis en mostrar un Caribe alejado de visión postalita y all-inclusive, y en eso es algo que estamos de acuerdo. 

En representación de una dominicanidad que está con un pie aquí y otro allá (es que me da vaina hablar de “diáspora”, algún día lo haré, lo prometo) se encuentra un maravilloso cuento de Kianny Antigua. En “Noche muda” (bello título), la autora toma con pinzas emocionales un tema que se estudia a lo largo de estos cuentos y este es el machismo, el abuso físico contra la mujer y cómo el mismo multiplica sus garras hacia los familiares y allegados alrededor. En este caso son dos hijas. Una de ellas enfrenta al maltratante, y lo demás no se los cuento para no defraudarles la historia, que es corta e impactante. Hay que leer y estudiar la obra de Kianny, una escritura de la persistencia, lo terso, y el temblor de la pasión. Finalmente, Aurora Arias presenta un cuento en una vena que no le conocía, ya que como lector de su obra, siempre he asociado sus preocupaciones al ambiente urbano y barrial. Estoy doblemente sorprendido de haber encontrado esta joya de texto, “Cancán y la ignominia”. En el mismo se relata la violencia paternalista, esta vez a lo largo de varias generaciones de mujeres en la voz de Cancán, quien es como la matatana del clan. Trujillo como dictador aparece en una versión de los primeros años de su mandato. Hay una mezcla de ternura y terror en esta historia, que me dejó cerca del embeleso. 

De entre todos los cuentos he resaltado los anteriores porque llamaron mi atención como lector, pero cabe destacar que toda la colección es un artículo de lujo, insisto, tanto por la calidad narrativa que destilan los cuentos, así como por el inteligente esfuerzo de Magdalena López de combinar e incluir historias más allá de las Antillas y profundizar en nuestro Caribe tan esencial.  

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Rey Andújar es autor de varias cuentos y novelas, entre ellas El hombre triángulo y Candela, adaptada al cine por Andrés Farías Cintrón. Es profesor en la facultad de humanidades en Governors State University, Chicago.

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