Pensar, desde la isla y más allá.

Estoy en Pilsen. He soñado con el mar. Anoche no dormí en casa. El toque de queda me dejó atrapado aquí. Pude escaparme durante la cuarentena, pero de la realidad no tengo como salvarme. Pilsen, este pequeño estudio, acariciar mis libros, todo ello quien me ha ayudado a sobrellevar mi inconsistencia. De muchacho leí mucho un libro llamado La historia del diablo. Hay una cita que el cínico en mí repite de memoria, “Su castigo será errar por la tierra sin morada fija y sin espacio alguno donde posar la planta del pie”. Estoy en Pilsen. Anoche he soñado con el mal.

No puedo dejar de sentirme errante, no puedo dejar de sentirme solo. Odio el teléfono, pero ayer lo necesitaba como droga. Lauretta levantó del otro lado. Hablé con ella de la desubicación. Ella dijo que extrañaba conducir una hora ida y vuelta al trabajo. Que la vida de mierda que tenía antes es mejor que todo esto. The game is up, y al final los sabios tenían razón. Hay que vivir de presente. Abrir otra botella de vino. Son las diez de la mañana, pero entre la cuarentena y las protestas y los policías deben ser las seis de la tarde en algún lugar del mundo. Para colmo es lunes. Dice Enrique que el carácter se forja los domingos en la tarde. Todos somos una cita de alguien. Camino por mi pequeño estudio y cada libro me trae una cita.  Mi cuerpo se mueve. Pienso en una mujer llamada Megan, alguna vez entre las sábanas calientes. La selva de su pelo en mi pecho, su mano dormida en mi sexo despierto, los ojos entreabiertos, la indecisión de si seguirla hasta el fondo, o no. Solo y solo embriagado de ella y de ella y de su olor a mango y a tamarindo. 

Despierto de este sueño y entro a otro. La última vez que salí a la calle, ¿hace ya tres, cuatro meses? Grafiti en la pared roja, basura en un jardín, mierda de perro pisada, palomas multicolores cagando debajo del puente, un vaso mediano de McDonald’s y dos muchachas, una, vestida de un verde tan y tan, pero tan salvaje, y tan joven, como para perderse en su espesura, y otra, común y silvestre. Entro en el hiperdrive de otro sueño, en este canta Benjamín Clemente y dice que su voz hace que la gente crea en él. La canción dice. Por fin acabo de verte, de encontrarte. Hoy es el funeral de la razón, tu boca llena de algarabía. Perdido yo por los extensos caminos de la noche que me habita, podré encontrarme de regreso recordando solo tu rostro y tu maldita naturaleza.

Daría cualquier cosa porque Pilsen fuera parte de algún mar.

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Rey Andújar (capitai adentro) Contorsionista, Cipango en los mapas de un caribe imperial.  

Imagen de portada: Jimmy Valdez Osaku

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