Pensar, desde la isla y más allá.

—Venga, compay. Deje las borsas ahí. Vamos a bebenos este roncito que ta güeno.

—Dele, compa.

—Toño, ¿trajiste la gallina? —gritó María Elvira desde el patio.

—Ahí ya viene la mujer mía, compay, a jodernos el ratico. Ahoritica mismo despunta, brazo en jarra, con algún tema.

—Ujúm.

Toño sacó dos vasos de vidrio, de los que María Elvira reciclaba luego de acabarse la mermelada, y sirvió dos dedos de ron en cada uno de ellos.

—Fondo blanco, compay.

—Fondo blanco.

—¿Toño? Tan temprano, ¿y ya tás bebiendo? —gritó María Elvira entrando a la cocina.

—¿Qué le dije, compay? —resopló Toño limpiándose los restos de ron.

—Ujúm.

—¿Trajiste to´ lo que te pedí?

—Sí, mija, sí.

—Tá güena esta gallina, ¡grandotota! Ya voy a montá er cardo. Pero, ¿y esta es toa la verdura que trajiste, Toño?

—Sí, mija, sí. Pa´eso fue pa´lo que alcanzó.

—¿Ah, pero pa´comprá ron sí tenías rial, no?

—Mija —dijo Toño tomando por el hombro a María Elvira y haciéndola andar a su paso—. Mija, querida, este ron me lo brindó el compay. ¿No es así, compay? Que este ron lo compró usted.

—Ujúm.

—¿Sabes lo que hice con los riales, mija? Compré un tique de lotería pa´ve si nos ganamos un camión. ¿No es así, compay?

—Así mismito es. ¡Tan rifando un camión, comae! Lo tienen ahí en la plaza frente a la Arcardía, nuevecito, de paquete pues. El compa compró er tique pa´ve si la providencia obra.

—¿Un camión, una rifa? ¡Júm! —dijo María Elvira arrugando el ceño— ¿Quién va a rifá ná en este pueblo? Si este es un pueblo que se negó a morí. ¡Aquí no hay nadie que tenga rial pa´ comprá ná!

—Por eso mismo, mija. ¿Piense, mija? —dijo Toño tocándose con el dedo índice la sien—. Tenemos más chance de gananos ese camión —acotó flexionando las rodillas y abriendo los brazos como haciendo un plié.

María Elvira seguía con el ceño y la boca fruncida, mirando de reojo con desconfianza.

—Es más, mire, compay, mire, mija, dónde voy a poné el tique: aquí mismitico, al laíto de la virgencita pa´que me lo bendiga —dijo Toño santiguándose y colocando el billete de lotería recostado de la estatua de yeso de la Virgen del Valle, que permanecía iluminada con una vela sobre el mesón de la cocina.

María Elvira se acercó con disimulo para ver el billete de lotería y leer el premio. Gesticulaba con la boca su escepticismo. Luego se persignó.

—Ahora sí, compay. ¿Nos bebemos otro? —dijo Toño rellenando los vasos—.Mire, compay cuando me gane ese camión lo vamos a poné a trabajá pa´gananos unos riales. ¡Salud por eso!

—¡Salud! —respondió el compadre alzando el vaso y chocándolo con el de Toño.

—¿Sí cree usted, compa? ¿Que nos ganemos ese camión? —dijo María Elvira acercándose y encimando el torso sobre la mesa.

—Cuidao con er codo, mujer, que me puede tumbá la botella —dijo Toño apartando el brazo de María Elvira.

  —¡Claro, comae! Las posibilidades de ganá son muchas —respondió el compadre.

—Ah, pues ya yo me voy a buscá el vestido que usé pa´ la boda de Isolina.  Pa´vé si todavía me sirve. Digo yo, porque cuando vayamos a buscá el camión hasta una foto nos tomará la Arcardía pa´l periódico.

—¡Qué foto, ni qué foto, mujer! ¡Esta sí que es frasquitera! —dijo Toño dirigiéndose al compadre—. Cuando nos ganemos ese camión —esta vez miró a María Elvira—. No le podemos decí a nadie porque ahí mismo coge la familia tuya a pedilo prestao. Que si pa´ca, que si pa´ llá y me funden er camión. ¡No señor! ese camión es pa´ tra-ba-já —dijo golpeando la mesa con el dedo índice mientras hacía énfasis en cada sílaba. 

—Toño, Dios castiga el egoísmo —dijo María Elvira apuntándolo con el índice—. ¿Cómo no le voy yo a prestá ese camión a mi familia? —esta vez se llevó las manos a las caderas apuntando con los codos hacia los lados— ¿Ah, compa? ¡Este Toño sí es miserable! ¡Perdónalo, virgencita!

  —Mija, yo a usted le digo una cosa: ese camión es pa´ trabajá. ¿Dígalo ahí, compay? Nos ponemos a  hace viajes pa´ Maturín y sacamos unos riales.

El compadre asentía y bebía ron.

—¡Ah, bien bueno, pues! —dijo María Elvira alzando las manos y luego volviendo a colocar brazos en jarras—. ¡Este sí es fresco! No le va a prestá el camión a mi familia dizque porque se lo funden y ¿se va a poné a hace viajes pa´ Maturín? Segurito que con esos viajes no lo va a fundí también. ¡Pues no, señor! Se me va olvidando de esos viajes. Ese camión se queda aquí. Ese camión, Toño —dijo bajando el tono de voz y dejando la posición a la defensiva—, es pa´ llevá a los muchachos pa´ la playa porque esos muchachos tan aquí encerraos to´er día. ¿No le parece, compae?

El compadre asentía y bebía ron.

—Además, Toño, tú tienes que pensá en tu mujer y tus hijos. Mire, compae: eso parezco yo, una loca e´carretera, caminado más que un perdío calle abajo, cada vez que tengo que ir a molé la yuca porque el señor aquí —dijo señalando a Toño y alzando la voz— no hace sino pedí que le haga buñuelos pa´ la merienda. Así que: ese camión se queda aquí, pa´ llevá a los muchachos pa´ la playa y pa´ que me lleve a molé la yuca y hacé mis diligencias. 

—Esta mujer sí es bruta, compay —dijo Toño bebiéndose el ron—.¿No provoca dale una sola pescozá pa´ve si entiende?

El compadre no asintió, pero bebió ron.

—Mija, el camión es pa´ trabajá y punto. Se acabó el tema.

—El camión no sale de esta casa y punto —gritó María Elvira.

—Mira, ¿tú sabes cómo es la cosa?, ¡que ya me arreché! Mira lo que hago con el camión, mira —dijo Toño levantándose de la mesa, agarrando el billete de lotería y  partiéndolo en dos—. Se acabó el camión, ¡carajo!.

El compadre se llevó las manos a la cabeza y María Elvira puso brazos en jarras.

—¿Ah, sí? ¿Tú te la das de arrecho, no? Pues mira lo que hago yo con er camión —dijo María Elvira tomando la vela que alumbraba a la virgen y prendiéndole fuego a los dos pedazos del ticket de lotería—. ¡Ahora sí es verdá que se acabó er camión!    

* * *

—Ah, compay ¿Qué hace aquí sentao en la plaza tan solo?

—Esperando, compa, que doña Luisa abra la bodega pa´ comprá ron. ¿Y usted, qué hace por aquí tan temprano, compa?

—Na, compay —respondió Toño rascándose la cabeza—. ¿Vio, compay? —Señaló con la boca—. Er camión sigue ahí.

—Ujúm. Pasó carnavales, Semana Santa, todos los feriaos, Navidad y nadie reclamó er camión. La Arcardía lo tiene ahora como burro e´pueblo, a ca´ rato le sale un viaje. Mire ahoritica lo están adornando pa´ pasiá a la reina e´ carnaval.

—Ah, malaya sea mi suerte, compay —murmuró Toño. 

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Corallys Cordero es abogada y escritora. Cuenta con una maestría en Gerencia Municipal. Nació y creció en Caracas. Es lectora empedernida y amante de las flores y los gatos. Actualmente vive en Mississauga, Canadá y cursa el programa de escritura creativa en español que ofrece la Universidad de Toronto. Ha culminado Escudos de Cartón, su primera novela, y trabaja en su próximo proyecto, Cuentos para Oriana.
@Corallysc70

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