Pensar, desde la isla y más allá.

(Apuntes para un manual de sociología barata)

“En sus obras se puede observar a un artista que está en una permanente búsqueda para desentrañar las motivaciones de los seres humanos, ya sea en la selva, en el interior de un volcán, en una prisión, en la Antártica y en ocupaciones anómalas y arriesgadas. El director de Nosferatu sabe lo que es el cine, sus procesos y también sus miserias. En el ámbito de lo común suele detectar lo extraordinario y lo sublime, pero también la maldad y la locura del hombre atrapado por sus deseos y obsesiones”

(Julio Bustamante) 

En las realizaciones de Werner Herzog pocas veces figuran películas “fallidas”; apenas, distinguimos obras menores con respecto a su propia filmografía. Es uno de los grandes directores más prolíferos y variados de la historia del cine. Ha realizado y producido más de una veintena de largometrajes, cortometrajes y un número significativo de documentales. A su prolífera carrera se agrega una cuantía de producciones diversas en temas y géneros para el consumo de la televisión alemana. Sus creaciones no se limitan al “Séptimo arte”, ha incursionado en la ópera-teatral, en la dirección de teatro y figura como actor en decenas de filmes.  

Su “indagación” en el cine no ha respetado estilos ni géneros. Su “mente-genial-creativa” está signada de una “curiosidad” “contemplativa-simbólica-analítica” que nunca pierde de vista la “condición humana” en cualquier ámbito o entorno. Por los minúsculos detalles reflexivos que el espectador advierte al escuchar la “narrativa en Off” (que por lo regular es su propia voz) se colige que el autor le seduce reflexionar sobre su existencia y la del otro. Al respecto, el crítico de cine Julio Bustamante insinúa que, a “lo anterior se suma su reflexiva voz, la que está presente en la mayoría de sus documentales y que para muchos cinéfilos y académicos es un placer escuchar”. Su mirada mantiene una “persistencia-inteligente” y brillante respecto a esa minúscula cosa (Homo-sapiens) que habita este “pequeño punto azul pálido”: Esa viruta humana que batalla, que afana, que sobrevive en “medio” de un universo misterioso, accidentado y adverso.   

La perspectiva fílmica del talentoso Werner Herzog incluye temas sin parangón respecto a la producción cinematográfica de cualquier otro realizador: “Budismo”. Ahí está “La rueda del tiempo” o “Wheel of Time” (2003), documental que se esmera en narrar con minuciosos detalles el ritual aparatoso del budismo tibetano Bön, “Kalachakra” o rito de iniciación y oraciones. “Dentro del Volcán” o “Into the Inferno” (2016), es un insólito y hermoso documental que toma como excusas las erupciones y lavas volcánicas para rumiar respecto a “etnias” o pueblos que no tienen más opciones que sobrevivir al asecho de un gran poder “destructivo-natural” que apenas los vulcanólogos pueden presagiar.  El mundo creativo de Herzog no dejó de lado ni la Internet. En el documental “Lo and Behold” (2016) examina los orígenes, las virtudes y desgracias de un medio omnipresente, la simbología de un Dios moderno: Que lo puede todo, está en todo, lo sabe todo y casi lo comparte todo… 

Werner Herzog, Pfarrer Richard Lopez | Behind the scenes © Werner Herzog Film

A los territorios existenciales que incluye la filmografía de Herzog no se le escapó ni el mundo íntimo de unos presidiarios condenados a muerte y/o cadena perpetua. Su visión respecto a ese instante último quedó plasmada en el documental “Into the Abyss” o “En el abismo” (2011). El estilo que decide el director para narrar este  latente “trozo-fílmico” es distante y frío, no advierte al observador con juicios ni comentarios. Su atmósfera escasamente delimita un silencio simbólico que aturde, e involucra la atención del espectador. El documentalista, parcamente  pregunta y deja que el condenado a muerte manifieste su situación interna, minutos, segundos antes de recibir la inyección letal. El drama sucede sin dramatismo ni alarde discursivo visual o sonoro. La óptica del director es casi neutra, distante por no decir aséptica, ni nota ni denota  al  condenado a muerte.   

La poética filosófica-fílmica de este gran director también se ocupó de  temas tan cualquieras o comunes para el cine como el “bajo mundo”, cifrado  de personajes violentos y marginales. Ese chiquillo mundo “marginal-agresivo” es irradiado en el film “Stroszek” (1977), drama violento y absurdo que versa sobre los linderos existenciales de una prostituta y Bruno Stroszek, expresidiario y artista marginal urbano, golpeado, expulsado y abusado por su propio entorno. Y qué decir de “Aguirre, la ira de Dios” (1972), “Fitzcarraldo” (1982) o “Cobra Verde” (1987). Estos filmes muestran unas secuencias de imágenes hermosamente planificadas y expresivas, que ya quisieran muchos documentales sobre el Amazonas decir tanto con la escasez de planos como lo hace Herzog. “Qué trilogía” tan superlativamente maestra, que proeza fílmica, que mirada tan aguda respecto a esas misiones y misioneros colonizadores, aventureros atrapados en el delirio de grandeza de una locura desmedida; sin tener conciencia de su pequeñez en medio de una naturaleza selvática y exuberante. 

De intuir que también los argumentos aledaños o periféricos de un filme deben ser incluidos en los grandes temas, se podría inferir que la visión fílmica del director alemán permeó o indagó respectos a unos temas “socio-psico-humanísticos” que ya quisieran las ciencias sociales modernas abarcar tanto de forma tan profunda y “breve”. Se ocupó de la travesía humana enfocada en el alpinismo extremo de montaña en el documental “Grito de piedra” (1991); y con los hermosos trozos que dejó filmado Timothy Treadwell sobre su vivencia con el oso que devoró su vida y la de su novia armó el documental: “Grizzly Man” (2005), drama, que a pesar tener un final conmovedor y duro, no deja de ser un gran legado singular y hermoso sobre un accidente humano que quedó filmado. La trama del documental no deja mucho espacio para  la imaginación fantástica, porque Timothy Treadwell dejó un diario de imágenes, que, no solamente recoge su punto de vista respecto a “los osos grizzly”  sino que también contiene unos audios donde se escuchan los últimos gritos desesperados de él y su novia al instante de ser devorados por la fiera grizzly. 

Tiremos un vistazo a “Woyzeck” (1979). Es una trama psicológica donde la frustración de un soldado desemboca una cadena de atmósferas siempre tensas y patológicas. No hay planos de esta película donde se pueda evitar el mundo interno y asfixiante del soldado Woyzeck, interpretado e impregnado por la locura del gran Klaus Kinski. Esta película es una adaptación extraordinaria de la obra inconclusa y póstuma del dramaturgo Georg Büchner. Antes había sido objeto de una adaptación operística por Alban Berg y de una versión cinematográfica (1947). Rodada en 18 días y editada en 4, la filmación se inició una semana después de finalizar la de «Nosferatu». Y en el film “También los enanos empezaron pequeños” (1970), Herzog se dio el lujo de alterar todos los preceptos formales y técnicos del plano cinematográfico y la logística de producción. Imagínense, es una película plenamente actuada por enanos; hubo que inventar una “logística-visual” casi a ras del piso, de otra forma la película completa se percibiría en “planos picados”, o sea, de arriba para abajo. Se delineó una logística de producción enana, el vestuario y todos los utensilios usados en escenas debieron diseñarse para un set cinematográfico de duendes. Y no decir del diseño de producción “sonoro-visual” donde hay una semiótica de la deformación. Nada en esta cinta sucede en una componenda de lo “convencional”. “También los enanos empezaron pequeños” es un extraño film de “oscura” atmósfera visual que narra un mundo patológico. Todo es diferente sí se percibe desde afuera o desde una óptica cotidianidad no enana. 

Helmut Döring, Werner Herzog | Behind the scenes © Werner Herzog Film

El maestro Werner no le dio respiro ni a su actor fetiche, Klaus Kinski. Unos años después de la muerte del actor, filmó, narró, pensó, reflexionó sobre su relación “amor-odio” en el hermoso documental de título irónico y absurdo: “Mi enemigo íntimo” (1999) ¡Qué relación tan extraña entre dos hombres no homosexuales! Ese vínculo “afectivo” reflejaba una turbulencia de una “homosexualidad-latente” transferida a los territorios del trabajo entre dos seres que se rechazaban y se admiraban mutuamente. Desde la lógica “masculina-heterosexual” no es comprensible un vínculo tan disfuncional, y que un hombre soporte tanta violencia como le aguantó Herzog a Kinski. Klaus protagonizó cinco de sus largometrajes. Después, Herzog se negó a trabajar con el “demente-genial-actor”. Pero a Herzog no le fue tan fácil salir de la energía Kinski, ¡y cómo…! si “realizaron grandes obras maestras del cine, siempre bajo la atmósfera de enfrentamientos vida o muerte”. Con un Background así, ¿cómo salir de KK?, si yo como espectador, desde una cercanía ficticia, nunca he podido olvidar esa mirada furiosa y profunda, esos ojos endemoniados saliendo de un rostro desordenado y salvaje. Eso sí, Herzog supo usar la fuerza salvaje y violenta del actor, en especial en “Aguirre, la cólera de dios” (1972). Qué producción tan demente y única: Se dice que esta película sigue siendo emblemática desde el punto de vista de la logística de producción y del rodaje (filmada plenamente en medio de la selva Amazónica, a varios días en helicóptero de la “ciudad” más cercana). Y para colmo, un proyecto de bajo presupuesto: US$350,000.00 (que aún para el año 1972 era poco dinero). 

Claudia Cardinale (Molly), Klaus Kinski (Brian «Fitzcarraldo» Fitzgerald) | Still © Werner Herzog Film

En casi todos sus filmes, Herzog supo explotar o dimensionar al “Kinski-actor-descomunal” y violento. Posiblemente en “Fitzcarraldo” (1982) él explora otra dimensión de Klaus. En este film, KK se ve humano, se ríe, goza, es tierno y está enamorado; sin embargo, ni en “Fitzcarraldo” él pudo obviar la “demencia-real-simbólica-barroca-patológica del personaje Kinski”. 

Reitero, la filmografía del infinito Herzog se identifica por un universo amplio. Qué mirada tan sensible y única sobre el misterioso peregrinaje de “Gaspar Hauser” (1974). Es la historia de un “Niño aislado que vivió casi toda su vida encerrado en una cueva”. La película está filmada  bajo los preceptos del film introspectivo. Qué manera tan humana, tan cercana de aproximarse a la “anormalidad” de un personaje integrado y dejado abandonado en una comunidad rural alemana de 1828. Hauser es ficción pero el panorama circunstancial del personaje es abordado como un “documental”, bajo el estricto cuidado de planos largos y sobrios.  

Isabelle Adjani (Lucy Harker), Klaus Kinski (Count Dracula) | Still © Werner Herzog Film

Y como quién no quiere quedarse en los temas  de los lugares comunes, se trasladó a una zona alejada de la Antártida para realizar  el documental “Encuentro en el fin del mundo” (2007). Y qué decir del poético film romántico-suspenso-historia de amor “vampiresca” de “Nosferatu” (1979), que, respetando el género, se inventó otro imaginariode vampiros. Y lo confirma el cronista de cine Wilson Blandón Caicedo cuando afirma que: “La película es una muestra clara que un remake puede llegar a funcionar, hasta llegar a constituirse en una verdadera obra de arte. Cumple a carta cabal todas las reglas de una buena historia del género”. Herzog se replanteó  la visión ortodoxo del vampiro gris-banal, fría y funesta del chupa sangre; más, su imaginario aprovechó otros territorios no explorados; ahora “El Conde Drácula” es un espectro de la noche, hastiado, existencialista, desesperado de su eterna vida; y en un pequeño soliloquio se lo deja saber a Jonathan Harker, interpretado por Bruno Ganz, fallecido actor alemán que interpretó a Damiel en el “Cielo sobre Berlín”: “Ya no le doy importancia a la luz del día o al brillo que contiene la juventud, amo la oscuridad y la sombra donde estoy solo con mis pensamientos. Soy descendiente de una vieja familia donde el tiempo es un abismo como mil noches. Siglos van y siglos vienen y no poder envejecer es terrible. La muerte no es lo peor, hay cosas más horribles que ella. ¿Se imagina usted, vivir durante siglos experimentando cada día las mismas cosas banales…?”  “Nosferatu” es un vampiro calvo, dos colmillos “antiestéticos”, y una figura acicalada por una alegoría de un “gótico” moderno tenebrosamente iluminado, grotesco, de una sensualidad maligna y misteriosa. Y la hermosa Lucy se entrega, se envuelve en la sensualidad funesta del “Conde Drácula”; ella intuye que es la única forma de seguir unida al amor “vampiresco” de su esposo que ya tiene la maldición encima. 

Nota:  

Este escrito está dedicado a Miguel Ramírez, quien insiste en preguntarme, “qué por qué yo no escribo con cierta frecuencia sobre cine”, y yo le respondo, porque no me pagan, y a mí ya no me seduce ningún esfuerzo donde no me dan dinero ni para comprar una botella mediocre de vino para por lo menos refrescar esta existencia pasajera, inútil, absurda y mediocre. 

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Carlos Castro estudió sociología. Es profesor universitario. Escribe y dirige teatro. Es cineasta sin título universitario. Fue expulsado del paraíso de la mediocridad criolla.

Algunas referencias:

https://es.wikipedia.org/wiki/Werner_Herzog

https://www.palomitacas.com/biografia/werner-herzog-6818

https://www.documaniatv.com/historia/budismo-la-rueda-del-tiempo-video_adf1b02b8.html

https://es.wikipedia.org/wiki/B%C3%B6n

https://es.wikipedia.org/wiki/Kalachakra

https://www.netflix.com/title/80066073

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