Pensar, desde la isla y más allá.

El suplemento Artes y Letras del Listín Diario, dirigido por Marianne de Tolentino, publicó el 10 de diciembre de 1977 una encuesta a partir de la pregunta “¿Qué representa el libro para usted?” En lo personal, fue mi estreno en una publicación dominicana. Por entonces la Sociedad Dominicana de Bibliófilos trataba de consolidarse, bajo la presidencia de Frank Moya Pons, y con su campaña de “Regale un libro en Navidad” trataba de motivar la lectura. 

A pesar de que la gran mayoría de los autores de estos párrafos ya no están entre nosotros, entendemos que en tiempos en que los libros en su forma tradicional penden de un hilo, cuando las librerías se esfuman y la tendencia es a privilegiar la cita o el párrafo, pero no el texto largo, valen las declaraciones de ternura de tantos creadores, científicos y artistas dominicanos.

Miguel D. Mena, 23/05/2020

Artes y Letras une sus páginas a la campaña que recomienda regalar un libro o varios libros en estas Navidades, movimiento encabezado por la Sociedad Dominicana de Bibliófilos. Nuestras páginas acogen pues, interesantes artículos en torno al libro, la lectura y la perennidad de sus aportes. Varios lectores, casi siempre personalidades de la intelectualidad y del arte, expresaron sus opiniones al respecto: como era de esperar todas coinciden en su amor al libro y a la palabra escrita. Ahora bien, la bibliofilia es perfectamente compatible con el humor gráfico como lo apreciamos al través de los dibujos de Quique, humorista español de “La Estafeta Literaria. Desde el número pasado decidimos incluir en nuestra publicación trabajos de historia: hoy, Pedro Santiago, historiador del Museo de las Casas Reales, estudia “El Comercio colonial y la Navegación”.

Marianne de Tolentino, 10/12/1977

¿Qué representa el libro para usted?

Mi trabajo se relaciona estrechamente con el lenguaje, tanto que no podría llevarlo a cabo si no supiera leer y escribir.

Antes de que se inventaran las grabadoras que han hecho posible almacenar las palabras en su forma sonora, la única manera de conservar el lenguaje acumulado fue mediante la escritura, y la multiplicación del lenguaje escrito en cantidad de copias suficientes para que pudiera llegar a la vez a varias manos, sólo se consiguió cuando se inventó el libro. Durante siglos y siglos la humanidad ha podido recibir los conocimientos de los antepasados, y transmitirlos a las generaciones que les seguían, únicamente por medio de los libros, de manera que el papel del libro en la transmisión de los conocimientos, y por tanto en el desarrollo de las ciencias y en general de la cultura, es tan importante que se hace difícil calificarlo en unas pocas líneas.

Sin la existencia del libro yo no sería quien soy, y si no soy más de lo que soy no es culpa de los libros sino de mi escasa capacidad para adquirir todo el conocimiento que ellos nos ofrecen.

Juan Bosch -Escritor-

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Desde hace muchos años, he sido un apasionado de la buena música. Pero esa vivencia espiritual se agigantó, cuando fui haciendo amistad con esos grandes compositores. Cuando compartí sus inquietudes, sus ansias, sus amores, sus triunfos y sus fracasos gracia a los libros. Ellos no sólo me han presentado nuevos amigos, sino nuevos mundos. Me han marcado nuevas metas. Me han inyectado nuevas inquietudes. Los libros hasta me han hecho aplicar una filosofía distinta del vivir. Me han hecho más feliz.

Podría decir que “mientras más conozco a los libros, más respeto a los hombres”.

Regalar un libro es regalar la oportunidad de uno encontrarse con uno mismo. Y cuando todos nos encontremos, tendremos el mundo ideal lleno de paz y justicia.

Freddy Beras Goico -Humorista-

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Arte es, además de muchas otras cosas, una respuesta a una experiencia humana. Los libros son arte y grandes acumulaciones de experiencia.

Alejado, por razones geográficas, de los grandes centros de arte y de las muestras de los grandes artistas, los libros han sido el cordón umbilical que me ha mantenido informado acerca de lo que el hombre ha hecho y está haciendo en relación a las artes creativas.

Antonio Prats Ventós -Escultor y pintor-

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Un libro es como un hogar, como un hermano, como una ventana abierta hacia el mundo. Es como muchas otras cosas más. Pero ninguna comparación puede ser más exacta que aquella que nos propone el árbol. Porque el árbol, más de ser como un hogar, como un hermano y como una ventana abierta al paisaje, tiene el prodigio de fructificar. Y esta es la gran facultad de los libros, la de llenar de frutos en sazón la conciencia de los hombres.

Yo he hecho del libro mi hogar cotidiano, el hermano de mis noches de soledad o de ausencia y la prodigiosa ventana a través de la cual he logrado establecerme en algún rincón del planeta. El libro ha hecho de mí, aunque no sin una paciente labor, un ser humano que puede ostentar su condición excelsa ante las bestias y las piedras, inclusive por encima de los árboles y más allá de los horizontes. Porque, en cuanto ser humano, heredero a través del libro de la condición humana multisecular, puedo proclamarme como los aviadores y los astronautas, señor de los cielos y conquistador de los astros.

Pedro Mir -Poeta-

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Desde que los asirios y babilonios grabaron en losas de arcilla los hechos importantes de las épocas más antiguas, pasando por los egipcios, que 2,500 años antes de la era común utilizaron el papiro, hasta nuestros días, la palabra impresa ha sido el vehículo de enseñanza más utilizado, más imprescindible y que más aporte ha hecho al progreso de la humanidad.

Los libros, a mi modo de ver, son los arquitectos de la cultura. Como medios de comunicación científica, política y multidisciplinaria han provocado o contribuido a provocar los grandes cambios sociales, y las grandes transformaciones que han empujado al hombre y a los pueblos a abrir nuevas rutas hacia el progreso.

Para muchos que, como yo, no pudieron ampliar sus conocimientos en universidades extranjeras, los libros, como ha dicho alguien, han sido mi “verdadera Universidad”.

Los autodidactas han encontrado en los libros su mejor alimento. Hay tanta fruición espiritual leyendo un buen libro, que otros placeres se olvidan. No hay libros malos. Todos enseñan algo. Pero el mejor de todos dijo un escritor latinoamericano: “es el que siempre estamos soñando y nunca llegamos a escribir”.

Emil Kasse Acta -Pediatra-

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Pienso que es importante leer porque es una magnifica forma de comunicarse con los demás, con los que fueron y con los que son. Los libros guardan no sólo historias, hechos y personajes sino también pensamientos y esto es talvez lo más importante, porque los pensamientos son productos de épocas, de circunstancias, y como tal las describen. Así que, recorriendo los pensamientos de los distintos hombres, de distintas épocas y lugares podremos conocer la historia del hombre y las variadas e interesantes maneras con las que a través de la vida del mundo han enfrentado los tiempos y sus consecuencias.

Además, leer calmada y tranquilamente, no por manía, no por necesidad de contar las páginas leídas cada día, nos brinda una hermosa oportunidad de estar silenciosos y tranquilos con nosotros mismos mientras a través del libro alguien se nos muestra por entero y nos obliga a pensar y a descubrirnos en ese encuentro íntimo con los otros y con nosotros.

Libros para conservar la vida, los sentimientos, las angustias, las alegrías y la historia de los hombres sobre la tierra; transmitiendo experiencias de generación a generación, enriqueciendo y ayudando. Ojalá que pronto esto que escribo puedan leerlo todos aquellos que ahora no han podido aprender a hacerlo para que el placer de la lectura deje de ser un privilegio de minorías y este país deje de ser un país de analfabetos.

Sonia Silvestre -Cantante-

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El cariño y la fe por el libro es algo que está ligado a mi persona desde la más remota niñez ya que debía ir todas las tardes a la estación del ferrocarril de mi pueblecito natal Juana Núñez, hoy Salcedo, a buscar los periódicos y las revistas nacionales o cubanas a que estaba suscripto papá, así como otras publicaciones que recibía por encargo. En cada libro descubría un mundo nuevo y fascinante, lleno de magia, fantasía y ciencia. Por ese entonces la gente del campo tenía la creencia, de que las personas que pasaban su tiempo leyendo libros paraban en loco. Mamá desesperada por el interés de su esposo y de sus hijos por los libros y la lectura, pensando que tal vez alguno perdería la razón.

En medio del rudo batallar de las faenas del campo a que está sometida mi existencia, solamente tengo un remanso. Este es el libro de cabecera. Y es mi creencia de que el día que cada dominicano lea un libro habremos ganado la batalla al subdesarrollo. Porque nuestros campesinos, en más de un 95%, desconocen el placer y el beneficio de la lectura por el costo y dificultad en adquirir libros.

Francisco Gómez Estrella – Promotor Agrícola-

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Hombres y mujeres de distintos niveles de formación y dedicados a actividades diferentes han dado su opinión sobre el valor, la utilidad, la importancia y la trascendencia del libro y la lectura. Cada uno ha triunfado en su área y a su juicio el libro, la lectura y el estudio, que es una forma de usar el libro, han jugado un papel determinante. 

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Los libros ejercen una influencia en la educación de los seres humanos; en mi opinión todo aquel que no ha hecho uso de ellos, ha perdido su existencia inútilmente.

Vicealmirante César de Windt Lavandier

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El libro es un habitante que no figura en el censo, pero es inútil esta ausencia. Desde la librería, la biblioteca o la habitación y aun en el bolsillo, este ser poderoso sale a buscar analfabetos y cuando no los encuentra, penetra en el hombre y dialoga con sus errores, sus fracasos y sus conquistas.

Quien desprecie este habitante tan vivo y universal se aventura a quedarse en el ojo de la tormenta, cuya aparente tranquilidad es la temible calma de la vorágine. Será devorado por no tocar los libros. Se irá deshaciendo como los animales comidos por la luz.

Manuel del Cabral -Poeta-

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‘El libro es el más leal y generoso de los amigos del hombre. Cuando uno quiere charlar con él, allí está dispuesto a ofrecernos sus páginas. Cuando la urgencia de nuestros tiempos nos obliga a otros quehaceres, el libro se conforma en volver al sosegado silencio de las bibliotecas. Sin libros la perecedera memoria del individuo carecería de la imperecedera memoria de la humanidad.

En nuestro caso especial de pueblos hispanoamericanos, los buenos libros son los mejores aliados que tenemos para defender nuestra dignidad y saber hacia dónde está nuestro verdadero destino”.

Dr. José Juan Arrom -Profesor cubano de letras hispanoamericanas-

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Un buen libro encierra presentes y futuros no sospechados por los ingenuos, pero ciertos, y en los cuales se refleja lo humano de nuestras vidas. Un buen libro nos pone en comunicación con las ideas y las vivencias de otros hombres, y en ese sentido nos nutre espiritualmente. En la medida en que uno conoce las ideas y las vivencias de otros seres, humanos como nosotros mismos, nos enriquecemos interiormente y nos preparamos para la vida. Yo hago mía la frase de un gran hombre, que dijo que “nadie debe estar triste donde haya buenos libros”.

Miguel Mena -Estudiante y ganador del premio de composición José Cecilio del Valle-

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Hace varios años, a bordo de un avión que venía de Asia, leí en una revista japonesa un artículo sobre la futura desaparición del libro debido a los enormes avances tecnológicos en las ciencias de las comunicaciones y la electrónica que, según decía su autor, revolucionarían de tal manera la preservación de la información y su difusión que era de prever que para el año 2000 los casettes y los videotapes serían el principal vehículo de la educación de esta nueva era.

Sus datos y su argumentación eran tan convincentes que confieso pasé muchos meses pensando continuamente sobre el asunto, pues me daba trabajo imaginar cómo podría alguna vez desaparecer el libro de nuestra civilización. Con el tiempo, y después de haber seguido indagando sobre el tema, he aprendido, que así como una vez desaparecieron las tablillas egipcias y sumerias y los rollos de papiro o los códices medievales, así también es posible que el libro desaparezca algún día.

Pero, por el momento, los avances tecnológicos de nuestra era electrónica solo han podido proporcionar nuevos medios que han contribuido a agilizar el avance de la cultura, pero no han disminuido en absoluto el uso ni la función del libro en la conservación y transmisión de los conocimientos de la humanidad.

Por más eficientes que sean los nuevos aparatos de la moderna parafernalia electrónica, todavía se encuentran demasiado lejos del alcance de la mayoría de la población del planeta, ya sea por sus costos o por la sofisticación que implica su uso, y el libro continúa siendo el vehículo preferido para la expresión del saber humano en todas sus formas.

El libro proporciona una cercanía íntima con las ideas del autor y no exige de quien lo usa esa relación de servilismo mecánico que convierte al hombre en esclavo de los aparatos. El libro es siempre compañero, amigo, consejero, confidente y confesor, y, por su misma estructura física, es siempre instrumento dócil al servicio de su dueño.

El libro podrá desaparecer de entre los objetos de la humanidad del mañana, pero, mientras tanto, no ha surgido todavía ningún otro objeto tan versátil como él para recoger todo aquello que el Hombre ha sido capaz de pensar, escribir o dibujar en la apasionante historia de su conciencia espiritual.

Frank Moya Pons -Presidente, Sociedad Dominicana de Bibliófilos, Inc-.

Posdata, mayo 2020:

Leí aquella incumplida predicción en la mencionada revista japonesa en mayo de 1970 ¡hace exactamente 50 años!

Pocas personas imaginaban entonces que medio siglo más tarde viviríamos en un mundo dominado por las supercomputadoras y los computadores personales, el internet, los teléfonos celulares y las redes sociales, inventos estos, entre otros, que han contribuido a crear el omniabarcante universo digital en que hoy nos desenvolvemos.

Este es un mundo nuevo en el cual gigantescas bases de datos y enciclopedias electrónicas compiten con el libro impreso en densidad de información y velocidad de acceso, pero lejos de desplazarlo parece que lo complementan.

Si es por las señales de su popularidad, no parece que el libro vaya a desaparecer. Por ello, este humilde objeto de papel permanece y se multiplica todos los días entre nosotros: hojeado, leído, manoseado, olido y amado.

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Miguel D. Mena, ensayista​, editor​ y coleccionista. Reside en Berlín, Alemania desde 1990.

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