Pensar, desde la isla y más allá.

A lo largo de su historia, en muchos países, el cine se ha nutrido del talento extranjero. Así como el español Luis Buñuel realizó la mayoría de sus películas en México y en Francia, el cine de Estados Unidos siempre ha empleado talento extranjero, incluyendo grandes estrellas como las actrices suecas Greta Garbo e Ingrid Bergman, por ejemplo, y directores procedentes de diversos países de Europa, como Charles Chaplin, Alfred Hitchcock, Ernst Lubistch, Billy Wilder, Roman Polanski y Milos Forman, entre otros, y en años recientes directores latinoamericanos como Alejandro González Iñarritu, Guillermo del Toro, Alfonso Cuarón, Pablo Larraín, Luis Llosa, Fede Álvarez, etc.

Traigo esto a colación para expresar que los cineastas dominicanos están en absoluta libertad y tienen todo su derecho de utilizar actores, guionistas, editores, directores de fotografía, músicos, etc., de cualquier nacionalidad.

Así como el egipcio Omar Shariff, los españoles Francisco Rabal y Antonio Banderas, el mexicano Gael García Bernal y el puertorriqueño Benicio Del Toro han interpretado a Ernesto Che Guevara (que era argentino y cubano, como dice el poema de Nicolás Guillén), personajes dominicanos pueden ser interpretados por actores extranjeros, con la misma libertad con que los británicos Daniel Day-Lewis y Anthony Hopkins interpretaron a los estadounidenses Abraham Lincoln y Richard Nixon (en sendos filmes de Steven Spielberg y Oliver Stone) y la estadounidense Meryl Streep interpretó a la británica Margaret Tatcher en “The Iron Lady”, a la danesa Isak Danisen (Karen Blixen) en “Out of Africa”, a la polaca Sophie Zawistowski en “Sophie’s Choice”, a la italiana Francesca en “The Bridges of Madison County” y a la chilena Clara en “The House of the Spirits”.

Otros ejemplos los tenemos en el cine italiano con películas emblemáticas protagonizadas por extranjeros, como el mexicano-estadounidense Anthony Quinn en “La Strada”, de Federico Fellini; o el estadounidense Burt Lancaster y el francés Alain Delon en “El Gatopardo”, de Luchino Visconti; o el estadounidense Robert De Niro, el francés Gérard Depardieu y el canadiense Donald Sutherland en “Novecento”, de Bernardo Bertolucci.

De igual manera que bandas sonoras de películas estadounidenses han sido creadas  por músicos latinoamericanos (como Lalo Schifrin y Gustavo Santaolalla) y europeos (como Nino Rota, Ennio Morricone, Michel Legrand, Francis Lai, Alexandre Desplat, Hans Zimmer, Alberto Iglesias, Georges Delerue, Ernest Gold, Bronislau Kaper, Jóhann Jóhannsson, Dimitri Tiomkin, John Barry, Maurice Jarre, Miklós Rózsa, Max Steiner y un largo etcétera), los cineastas dominicanos están en libertad de utilizar músicos de otras nacionalidades en la banda sonora de sus películas.

He querido expresar mi opinión al respecto para manifestar mi desacuerdo con quienes se oponen a la presencia del talento extranjero en el cine dominicano, así como también discrepo de quienes opinan que Roberto Ángel Salcedo no debería realizar tantas películas o que determinados actores y actrices (Raymond Pozo, Miguel Céspedes, Fausto Mata, Manolo Ozuna, Frank Perozo, Cheddy García, Nashla Bogaert, etc.) no deberían figurar en los elencos de tantas películas.

Mientras el público apoye esas películas, con su asistencia a las salas de cine, no veo ningún inconveniente. Permítanme referir algunos ejemplos de otros países.

Uno de los más importantes directores del cine alemán en la segunda mitad del siglo XX, Rainer Werner Fassbinder, realizó 41 películas en 13 años (entre 1969 y 1982 cuando fallece a la edad de 37 años), de las cuales 24 para cine y 17 para televisión, incluyendo cuatro series que suman un total de 23 episodios, además de dos cortometrajes (en 1966 y 1967) y de dirigir, adaptar o escribir 31 obras de teatro en 9 años (entre 1967 y 1976). También fue guionista, editor, actor o productor en películas de otros directores, tanto para cine como para televisión. Este enlace es muy ilustrativo al respecto:

https://www.rafamorata.es/fassbinder.html

Algunas décadas antes, la famosa pareja de comediantes estadounidenses Dean Martin y Jerry Lewis actuó en 17 películas en 7 años (entre 1949 y 1956), además de muchos programas de televisión y shows en vivo en clubes nocturnos, hasta que se separaron y desarrollaron sus respectivas carreras en solitario.

Si repasamos la historia del cine mexicano, encontraremos actores como Jorge Negrete con 44 películas en 17 años (entre 1937 y 1954) y Pedro Infante con 59 películas en 16 años (entre 1942 y 1958), y directores como la dinastía de los Cardona, es decir, René Cardona padre con 145 películas en 45 años (entre 1937 y 1982), su hijo René Cardona Jr. con 100 películas en 36 años (entre 1964 y 2000) y su nieto René Cardona III con 72 películas en 22 años (entre 1988 y 2010), así como también otro prolífico director de larga trayectoria, Miguel M. Delgado con 140 películas en 49 años (entre 1941 y 1990), entre ellas la mayoría de las que protagonizó Mario Moreno (Cantinflas).

Repito que no veo ningún inconveniente en la cantidad de películas en que aparezca un actor o que realice un director. El enfoque debemos ponerlo en la calidad, no en la cantidad.

Igualmente, considero que no es necesario ser actor o actriz profesional, con formación académica, para tener un rol protagónico en una película, siempre y cuando el director sea capaz de lograr del neófito una buena actuación, como pasó con un joven estudiante universitario de economía, llamado Enrique Irazoqui, que como parte de un trabajo académico, fue a entrevistar a Pier Paolo Pasolini y a este le pareció que, por su físico, su mirada y su voz, el joven era adecuado para el papel protagónico de su próxima película, “Il vangelo secondo Matteo”, y se lo ofreció, a pesar de no poseer ninguna experiencia ni educación actoral. Resultado: el mejor Jesucristo de la historia del cine. 

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Jimmy Hungría. Gestor cultural y cinéfilo. Amante del teatro, de la música. Aspirante a chef. Autor del libro Gastronomía musical y bibliografías en construcción y de la columna Tívoli.

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