Pensar, desde la isla y más allá.

El cine nació y ya. Cual gacela que nace en las praderas africanas con el solo instinto de la supervivencia y empieza a correr. De algún modo el arte comulgó con la tecnología y se les endilgó a esas imágenes, que nacían de la luz, el mote de séptimo arte. Antes de que pudiéramos clasificar en géneros y subgéneros el cine estaba siendo. Luego llamaríamos documentales a esos primeros ensayos de los hermanos Lumière. La misma naturaleza humana nos lleva a codiciar con mayor fuerza las historias de ficción y es por esto que las historias arrancadas de la literatura o las concebidas para una mente prodigiosa han ganado más terreno que el cine que indaga la realidad.

El catedrático y crítico de cine Félix Manuel Lora presenta en sus obras: “Encuadre de una identidad audiovisual” y “Cine dominicano en la mira, catálogo 1963-2014: algunos comentarios al margen”, una precisa radiografía del pasado y presente del cine dominicano. El profesor nos arroja luz sobre esos inicios del documental en la industria quisqueyana. Podemos encontrar tan tempano como en 1928 trabajos por parte de Adam Sánchez Reyes, Salvador Arquímedes Sturla y Tuto Báez, quienes capturan fílmicas de momentos históricos en la República Dominicana. El aterrizaje de Charles Lindbergh, los destrozos del huracán San Zenón y la primera toma de posesión de Rafael Leónidas Trujillo. Tal como plantea Félix Manuel Lora esta proeza los convirtió en pioneros del cine documental dominicano.

Héroe anónimo

En una industria cinematográfica que sigue procurando encontrar una identidad, el documental nunca ha dejado de tenerla. Si el cine de ficción tuvo períodos de sequía desde su primer respiro en los 1920, el documental nunca ha parado de crecer. Podríamos decir que muchos cineastas haciendo de tripas corazón, en buen dominicano, mantuvieron la rueda en movimiento y el cine dominicano encontró la forma de seguir produciendo obras de ficción. De forma paralela y aun con más consistencia otro grupo seguía creando cine documental.

Como sucedió en otras industrias, los primeros pasos en el documental se dieron en forma de propaganda. El régimen de Trujillo fue el protagonista de muchos de los trabajos que nacieron en los años 50 y su exaltación era la norma en el discurso. Junto con la caída del régimen, en mayo de 1961, llegarían otros documentales que abordaron una narrativa totalmente opuesta. Dentro de estos se encuentra 30 de mayo: gesta libertadora, de Hugo Mateo, quien fue colaborador en muchos de los proyectos de propaganda y pudo utilizar material de archivo para su obra.

El documental es una de las herramientas más poderosas para conservar la historia de un pueblo. Si bien el cine de ficción recoge el sentir social y en muchos casos nace desde el trasfondo sociocultural del realizador, es el documental con su vocación investigativa que se aproxima al corazón de un pueblo con mayor brío.

La historia

Hay quienes entienden que los arqueólogos del futuro podrían escarbar entre horas y horas de metraje para estudiar las culturas de las sociedades post siglo 20. Sin dudas un muy buen lugar para empezar. El cine, como arte, plasma momentos cruciales en el desarrollo de una sociedad. Consciente o de manera fortuita quedan en esos encuadres rastros del ADN del mundo en el que vivimos.

En el caso del cine documental dominicano podríamos dividir en tres grandes grupos las obras que hemos tenido hasta este momento. Los de corte histórico, en los que podemos incluir los trabajos de los años 20 y todo lo que se hizo hasta la década del 60. Aquí se destaca la obra de René Fortunato iniciando en 1988 con Abril: La Trinchera del Honor, su trilogía de El Poder del Jefe, los dos tomos sobre los gobiernos de Joaquín Balaguer: La Herencia del Tirano (1998) y La Violencia del Poder (2003) y su cierre con Bosch: Presidente en la Frontera Imperial (2009).

El mayor premio de los trabajos de Fortunato es su alto valor cultural como documentales de referencia histórica. Rescatar largas horas de metraje y poder condensar un pedazo de la historia dominicana es un logro realmente destacable. En ellos predomina el sentido periodístico e investigativo sin experimentar con el manejo del leguaje, la narrativa es simple y directa.

En el cajón de la historia debemos mencionar también Del Fondo de la Noche (2009) dirección de Javier Balaguer, un filme que narra la noche del complot para el ajusticiamiento de Rafael Leónidas Trujillo. También este 2019 ha parido dos obras más que podemos encasillarlas en este renglón. La vida del patriota dominicano Gregorio Urbano Gilbert se destaca en el filme de Pavel López: Gilbert Héroe de Dos Pueblos. Rayvin Jáquez también visitó la historia dominicana con 1984 El Otro Abril, en este se aborda los sucesos ocurridos durante las protestas de abril de 1984 durante el gobierno de Salvador Jorge Blanco.

“La realidad no sólo es apasionante, es casi incontable” (Rodolfo Walsh)

Identidad social

Una nueva voz encontró el género documental cuando la paleta de colores comenzó a variar y se profundizó en nuevos puntos de vista. La identidad que ha eludido al cine de ficción tantas veces ha encontrado un nido seguro en el documental. Desde los temas más populares como el béisbol y la música, en trabajos como Historia del Béisbol Dominicano (2009) de Miguel Vásquez o Sol Caribe (2009) de Félix Limardo y hasta Yo Soy La Salsa (2014) de Manuel Villalona. Pasando por temas más complejos a nivel sociocultural como las “nanas” y el servicio doméstico. En 2015 Natalia Cabral y Oriol Estrada se adentraron en el escabroso tema de las personas del servicio doméstico en la República Dominicana con Tú y Yo, mientras que Tatiana Fernández saltó hacía otro tema igual de delicado con Nana (2016).

Tabaré Blanchard e Iván Herrera dieron un paso gigante en este terreno con La Montaña (2013), relato que plasma la historia de la épica expedición de tres montañistas dominicanos para conquistar el Everest. Este es uno de los que mejor desempeño tuvo en la taquilla y conectó de manera excepcional con las audiencias. De una manera más íntima el que realmente abrió una puerta a otra dimensión fue Melvin Durán quien con su ópera prima Blanco (2015) sentó un nuevo precedente adentrándose en el tema de los prejuicios sociales.

En esta categoría podemos mencionar otros trabajos que tienen en sello quisqueyano:

  • República Del Color (2015) Dir. Héctor Manuel Valdez.
  • Camino a Higüey (2016) Dir. Abinadab Alberto.
  • Si Dios Quiere Yuli (2016) Dir. Jean Jean.
  • Allen Report (2016) Dir. Alanna Lockward.
  • Noelí en los Países (2016) Dir. Laura Amelia Guzmán e Israel Cárdenas.
  • Jeffrey (2017) Dir. Yanillys Pérez.
  • Hay un País en el Mundo (2017) Dir. José Enrique Pintor.

En el año 2016 también se estrenó de forma más discreta uno de mis documentales favoritos, Caribbean Fantasy. La directora Johanné Gómez Terrero produjo uno de los trabajos que mejor estampa la esencia dominicana. El Rudy de su historia grita desde su escaso léxico y desde su silencio las verdades más duras de esta media isla. El trabajo que en su discurso central se adhiere a la crítica social termina mutando para convertirse en un filme que nos habla de la penosa situación ambiental en la ribera del río Ozama.

El medioambiente

La otra corriente que ha marcado el género documental dominicano es la medioambiental. Como todo arte, el cine siempre está en consonancia con las realidades de los tiempos y sus autores son el puente que conecta a la vida con el arte. La creciente preocupación por el planeta en que vivimos ha sido tema central en cientos de filmes y los nuestros también tienen su lugar aquí.

Muerte por Mil Cortes (2016) de Juan Mejía Botero y Jake Kheel, va sobre el problema de la deforestación y se adentra en el problema entre Haití y República Dominicana. Partiendo desde el punto de vista informativo, la narrativa logra dar giros para adentrarnos en la difícil realidad de la lucha social entre dos países vecinos. 

Movemos el calendario un poco y en 2019 la industria local estrena dos trabajos más en esta misma línea. Marvin del Cid presenta Cacú: Un Cambio Por La Vida y José María Cabral se apunta con Isla de Plástico. El primero un trabajo valiente y con una narrativa sólida que nos brinda luz sobre las tortugas que anidan en nuestra playa y a la vez dibuja una historia de depredadores transformados en conservacionistas. Mientras que el de José María nos restriega en la cara el problema del manejo de la basura y en especial los desechos plásticos.

Un paseo por el mundo

La bandera del cine dominicano está segura en las manos del documental. El producto de calidad innegable más exportable es el que se ha generado en este género cinematográfico. Hay claras excepciones en el cine de ficción, pero en una proporción de cantidad y calidad el documental se impone.

Muerte por Mil Cortes (2016) se llevó el premio del público en DOC NYC. La Montaña (2013) también se llevó el premio del público en el Festival de Miami. En tanto que Tú y Yo (2015) coleccionó: Mejor Largometraje Documental en el festival de cine de Trinidad y Tobago, premio del público en el Festival del Nuevo Cine Latinoamericano en La Habana y el premio especial del jurado en el Festival de Cine de Cartagena de Indias. Si Dios Quiere Yuli (2016) hizo lo propio en Trinidad y Tobago y se alzó con el premio de Mejor Documental. De la serie de Fortunato Bosch: Presidente en la Frontera Imperial (2009) fue galardonado como Mejor Documental en Nueva York por los cronistas de espectáculos y se quedó con el Remi de Plata en el festival de Houston.

Esto si vemos el palmarés internacional, pero en suelo dominicano el documental también ha cosechado frutos en certámenes como festivales de cine, Premios La Silla y Los Soberanos (anteriormente Premios Casandra). Por igual la crítica siempre se ha rendido ante los realizadores que sobrepasando cualquier adversidad, siendo la primera el financiamiento, logran trabajos de mucha calidad cinematográfica.

Muchas veces subestimado, el documental es una joya de la que nuestra incipiente industria puede hacer alarde. En su legado hay obras que sin ningún problema trascenderán la barrera del tiempo.

Fuentes:

Lora Robles, Félix Manuel. “Encuadre de una identidad audiovisual”. Santo Domingo, Rep. Dom., Ediciones Valdivia, 2007.

Lora Robles, Félix Manuel. “Cine dominicano en la mira, catálogo 1963-2014: algunos comentarios al margen”. Santo Domingo, Rep. Dom., Ediciones Ferilibro, 2015.

http://cinemadominicano.com/

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Hugo Pagán Soto es crítico de cine.

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