Pensar, desde la isla y más allá.

En el escrito anterior, luego de un colorido paseo por parte de la filmografía del maestro Martin Scorsese, llegamos a nuestra parada final: mi crítica a su última obra, The Irishman (Netflix, 2019). En puridad, esta película conversa con las características temáticas más recurrentes del canon scorsesiano.

The Irishman cuenta la espectacular vida de Frank “El irlandés” Sheeran –personificado por Robert De Niro–, un veterano de la Segunda Guerra Mundial quien, de camionero de lotes de carne, pasa a ser un sicario imprescindible de una influyente élite mafiosa de los Estados Unidos, comandada por Russell Bufalino –Joe Pesci, en un regreso triunfal– y Angelo Bruno –Harvey Keitel–. A través de su relación de camaradería y de lazos familiares con Bufalino, Sheeran conocerá y trabajará para el emblemático sindicalista, Jimmy Hoffa –Al Pacino, en su primera película de Scorsese–. Tanto Sheeran como Bufalino y Hoffa, sortearán algunos de los eventos más controversiales de la historia estadounidense, como la intromisión de la mafia en las primarias del Partido Demócrata en 1960 para la elección de John F. Kennedy1, el posterior magnicidio del presidente y el escándalo de Watergate. Asimismo, tendrán que lidiar con la persecución criminal del procurador general, Robert Kennedy –Jack Huston–, y el liderazgo sindical de Anthony “Pro” Provenzano –Stephen Graham–.

En términos narrativos, la película se basa en el libro I Heard You Paint Houses, escrito por el abogado Charles Brant y publicado seis meses después de la muerte de Sheeran en 2003, construido en base a sus confesiones finales2. Es una historia narrada desde la perspectiva de Sheeran mientras finaliza sus días en un asilo de ancianos mediante una elipsis estructurada en flashbacks sobre flashbacks. Al principio, esto puede desorientar al espectador, pero la historia luego aclara su lógica narrativa. Esto resalta el gran trabajo de edición de la legendaria Thelma Schoonmaker. Además, como otros narradores en la filmografía de Scorsese –como en The Wolf of Wall Street–, este protagonista no es una fuente confiable porque su relato puede estar viciado a su favor. Incluso, en ciertos momentos, Sheeran admite desconocer o ignorar detalles que complementan su historia –similar en el plano local con la maldita página en blanco de Balaguer–3.

El libro fue adaptado por el excelente guionista Steven Zaillian (Schindler´s List, 1993; American Gangster, 2007; Moneyball, 2011; The Girl with the Dragon Tattoo, 2011). Su labor es notable: condesar varias décadas que se inmiscuyen en episodios que construyeron la sociedad contemporánea de los Estados Unidos y marcaron una identidad corrompida por poderes fácticos que velaban por sus intereses sectarios –algo parecido con la actualidad gringa y el impeachment–. En el caso de la mafia, se beneficiaban de los fondos de pensiones administrados por el sindicato liderado por Hoffa que ayudaban a financiar inversiones que, a la larga, produjeron paraísos como Atlantic City y Las Vegas. Incluso, se involucraron en el fiasco de Bahía de Cochinos para derrocar el gobierno comunista de Fidel Castro y retomar a Cuba como centro de hoteles y casinos en el Caribe.

Pero el mayor mérito del guión de Zaillian es entender el deseo temático de Scorsese. El aspecto esencial de este épico relato es la deconstrucción de los hombres que forjaron esas extraordinarias circunstancias y, en definitiva, el impacto significativo que tuvo en sus vidas. Como adelantaba en el escrito anterior, los protagonistas scorsesianos tienen un ADN que los distinguen; se constituyen dentro de una masculinidad en tiempos donde la corrección política era nula. En The Irishman, estos hombres se caracterizan por su egoísmo, hipocresía y sus deseos desmesurados de control absoluto de sus entornos. 

En el caso de Sheeran, descuidará y eventualmente abandonará a su primera esposa y a sus hijas por el mundo mafioso. Tampoco es que fuera un padre emotivo y presente. Sin embargo, la historia empleará las efímeras –pero concluyentes– perspectivas de su hija Peggy para sentenciar los actos de su padre y su carencia de principios. La atención de Peggy –acentuadas por una silente y gélida Anna Paquin como adulta– funcionará como el compás íntegro en un universo despiadado de hombres sanguinarios. Aunque a través de ella, Bufalino y Hoffa tratarán de convalidar los sentimientos afectivos que pueden albergar en sus personas.

Por otro lado, como ya había mencionado, The Irishman reafirma un eje fundamental en el cine scorsesiano: todo tiene su condena; nadie sale impune. La lealtad de Sheeran tendrá un costo sobre sí. Las decisiones de Bufalino consecuentemente lo perseguirán. La ambición desmedida y la ciega pedantería de Hoffa –en una negativa a aceptar que es una figura desechable en el ajedrez del poder fáctico– jugarán en su contra hasta el punto de colocarlo en un callejón sin salida. La divergencia de la historia a esta recta final supone un paradigma en The Irishman. Scorsese se extiende de lleno a contemplar las equivocaciones y las traiciones de estos hombres, pero no los juzga; sino que demuestra que estos escenarios los conducirán a una eventual soledad.

Por esta razón, su última hora –quizás la más conflictiva para el espectador– se despoja del ritmo y la gracia gansteril. Así, Scorsese apuesta por una mirada inclinada a la quietud y la calma para explorar el incisivo debate ético y las negativas repercusiones en la psiquis de nuestros (anti)héroes. Esto le impregna un aura de desmoronamiento físico y moral. La dirección de fotografía del mexicano Rodrigo Prieto –en su tercera colaboración consecutiva con el director– enfatiza en una imagen sobria y a veces saturada en el claroscuro, que delinea el ocaso de Sheeran, Bufalino, Hoffa y aquellos a sus lados.

A la par con un efectivo trabajo de cámara, Scorsese subvierte el clásico frenesí de sus anteriores odas a la mafia. Hasta se toma el atrevimiento de evitar la violencia gráfica. Una de mis escenas favoritas, por ejemplo, es previo al asesinato de un personaje en una barbería, en la cual la cámara, en un plano secuencia, abandona el lugar, deambula por unos pasillos comerciales y finalmente se posa sobre unos ramos de flores ofertados en una vitrina, mientras el audio y nuestra imaginación nos sugiere el fatídico resultado. No me malinterpreten, habrá muchos asesinatos y habrá presentación directa de incontables ejecuciones, pero no son estilizadas ni extravagantes, sino que serán tristes y amargas, filmadas casi con pesar y a distancia.

También es una historia que presume de un negrísimo sentido del humor. En muchos de sus reiterativos y combativos diálogos –una cualidad narrativa que permite el despliegue de muchos de sus personajes–, se escapan algunas frases hilarantes. Por ejemplo, cuando Sheeran –ya octogenario–, se niega a colaborar con las autoridades para el esclarecimiento de ciertos casos porque su abogado se lo recomendó; estos le informan que su abogado está muerto, a lo que Sheeran, sorprendido, les pregunta: “¿Quién lo hizo?”. “El cáncer”, le responde uno de ellos, con fastidio. El paso del tiempo ha sido inclemente con los personajes principales.

Las actuaciones, en conjunto, son soberbias e implacables. En la primera vuelta de este crítico, Robert De Niro no me resultaba tan envolvente. Pero ahora, me convenció por completo. Emula a Sheeran desde un ámbito de histrionismo inescrutable, lo que le brinda un fuerte matiz de tristeza y frialdad a un personaje apegado a un irrestricto concepto de la obediencia a las órdenes de sus superiores –tal vez, por su desgarradora experiencia en la guerra–, y la discreción en su trabajo –que le garantiza confianza y credibilidad–. Scorsese manifiesta la vulnerabilidad de Sheeran en una triste y aleccionadora llamada a una mujer, en la cual no articula sus ideas y balbucea incoherencias4

Por otro lado, Al Pacino encarna con gozo personajes over-the-top, megalómanos y fanfarrones; con los años ha optado por exagerar sus ademanes, pero son cualidades interpretativas afines a la extravagancia flemática de Hoffa. En cambio, Pesci –un actor con un rango de múltiples contrastes– personifica a Bufalino como un hombre reservado, laborioso en sus asuntos, pero que esconde capas de una determinación fría y calculadora. Es la antítesis de personajes como Goodfellas, Raging Bull o Home Alone (Chris Columbus, 1990). Es una extraordinaria y retrospectiva actuación que certifica lo bueno que es como actor5.

En lo técnico, se ha discutido bastante sobre la tecnología aplicada para “des-juvenecer” a los actores principales6. Este proceso fue perfeccionado con la ardua asistencia de avanzadas compañías en efectos especiales7. En un inicio, se percibe la saturación digital sobre los rostros de los personajes –hasta parecen estar filmados en un formato de videojuegos, como Call of Duty–, pero la técnica se acostumbra al ojo del espectador y luego se mezcla con una fluidez imperceptible junto a una adornada recreación de las distintas épocas y al desenvolvimiento de la historia. También es importante resaltar que The Irishman tiene un metraje de 3 horas y media, y no posee intermedio de descanso. Hubiera preferido –como ocurre en Lawrence of Arabia (David Lean, 1962)– un descanso para la audiencia porque permite la reflexión de lo que se ha visto hasta el momento y anticipar lo que viene. No obstante, la duración tiene una válida justificación por todas las características descritas anteriormente. Scorsese le saca buen partido a este opus.

En conclusión, The Irishman es la contemplación de un maestro a todo su legado filmográfico. Scorsese rompe con toda expectativa y entrega una épica de profunda reflexión revisionista de los hombres fuertes que tanto delineó. Las comparaciones con el cine de Francis Ford Coppola no son ociosas ni odiosas8. Es una película osada en su palpable ambición de temática crepuscular, como se muestra en toda la trilogía de The Godfather. Es una melancólica epopeya del género que tanto forjó. Quizás no sea lo último que veamos de De Niro, Pacino o el propio Scorsese, pero este ocaso de titanes ya es monumental y se erige como una de las mejores películas de este año –y, por supuesto, de las postrimerías de sus carreras–. Este es el cine que defiende Scorsese: ese es el evangelio cinematográfico que tanto pregona. ¿Y yo? Bueno… soy un ferviente feligrés.

Ysidro Eduardo García es abogado. Oriundo de San Francisco de Macorís. Egresado de la Pontificia Universidad Católica Madre y Maestra (PUCMM). Desde joven, es un amante del séptimo arte y la crítica de cine. Ha tomado cursos de Producción Cinematográfica en la Escuela Altos de Chavón.

Fuentes consultadas:

[1]. A los interesados en estos temas históricos, ver más en: ICON. Conexiones con la mafia, infidelidades, invención de su pasado: la cara oscura de JFK. Revista de variedades “ICON: de El País” (versión digital). Publicado el 22 de noviembre de 2019. Disponible en: https://elpais.com/elpais/2019/11/21/icon/1574361652_393757.html

[2]. DIEZMARTÍNEZ, Ernesto. Antes del irlandés estuvo el italiano. Revista culturar “Letras Libres” (versión digital). Publicado el 30 de octubre de 2019. Disponible en: https://www.letraslibres.com/mexico/cinetv/antes-del-irlandes-estuvo-el-italiano

[3]. En su biografía Memorias de un cortesano en la era de Trujillo, el doctor Joaquín Balaguer deja en blanco una página completa al referirse sobre el asesinato del periodista dominicano, Orlando Martínez Howley, durante sus 12 años (1966-1978). La historia política dominicana cataloga este trágico suceso como un crimen de Estado.

[4]. No es la primera vez que Scorsese somete a De Niro a este método del desquebraje mediante una llamada telefónica: en Taxi Driver, por ejemplo, el director decide alejar la cámara de Travis Bickle mientras hace una llamada y la detiene ante un pasillo largo y vacío, que nos refleja la condición y el alma de este personaje. En Goodfellas, en cambio, presenta un arranque histérico dentro de una cabina telefónica cuando el personaje de De Niro se entera de la muerte de un compañero importante.

[5]. Para abundar en las sutilezas de Joe Pesci, recomiendo la lectura de: LUCCA, Violet. The Restrained Genius of a Joe Pesci Performance. Periódico estadounidense “The New York Times” (versión digital). Publicado el 6 de noviembre de 2019. Disponible en: https://www.nytimes.com/2019/11/06/movies/joe-pesci-the-irishman.html#click=https://t.co/PjF6tCo021

[6]. SHARF, Zack. ´The Irishman´: Netflix Unveils First Look at Robert De Niro´s Complete VFX Transformation. Revista cinematográfica “Indiewire” (versión digital). Publicado el 25 de septiembre de 2019. Disponible en: https://www.indiewire.com/2019/09/netflix-irishman-de-aging-vfx-photos-robert-de-niro-1202176497/

[7]. BREZNICAN, Anthony. A Close Look at The Irishman´s Younger-Looking, but Still World-Weary, Robert De Niro. Revista de variedades “Vanity Fair” (versión digital). Publicado el 26 de septiembre de 2019. Disponible en: https://www.vanityfair.com/hollywood/2019/09/the-irishman-de-aging-robert-de-niro

[8]. NEWLAND, Christina. Is The Irishman the end of the gangster movie as we know it? Red de noticias inglesa “BBC” (versión digital). Publicado el 8 de noviembre de 2019. Disponible en: http://www.bbc.com/culture/story/20191107-is-the-irishman-the-end-of-the-gangster-movie-as-we-know-it

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