Pensar, desde la isla y más allá.

Cuando muchacho, mientras vivía en San Francisco de Macorís, tenía dos rituales que forjaron mi cinefilia. El primero era alquilar películas en una tienda que quedaba cerca de casa, “Mr. Movies”. Incluso, podía ir a pie. En aquel entonces, me tocó la transición del VHS al DVD. Creo que fue el primer episodio de cambio que experimenté de lo análogo a lo digital. Por otro lado, el segundo ritual ocurría los sábados, cuando leía las críticas de cine de Armando Almánzar en el periódico Listín Diario. Mi mamá, al percibir mi interés por el cine, me mostró sus idiosincráticos escritos. Todavía recuerdo con gracia mis enojos con algunas de sus críticas mordaces; por ejemplo, hacia las películas de Spielberg o Fincher1. Sin embargo, reconozco que Armando influyó en mí en el buscar y ver buen cine.

Utilizo esta pequeña remembranza para escribir sobre lo que dio inicio a mis entregas en la revista Plenamar. Hoy quiero hablarles de la crítica de cine. En específico, ¿de qué hablamos cuando hablamos de “la crítica”? ¿Con qué se come eso? En estos tiempos de pluralidad de opiniones, ¿todavía resulta relevante la particular perspectiva de una persona especializada? Más aún, ¿qué legitima a alguien para emitir un juicio de valor con propiedad sobre cualquier obra artística?

Para colocarnos en contexto, la República Dominicana no ha estado ajena a estas preguntas que han generado tensiones entre los principales representantes del séptimo arte criollo2. En el caso de México –de amplia tradición cinematográfica–, también se enredan en estos debates que presumen la vigencia de estos temas3. Históricamente, la crítica ha tenido un desarrollo desde distintas ramas, ya sea desde la filosofía, la literatura y la sociología4. Como tipo de pensamiento, busca un método de construcción de las ideas para discernir y evaluar algo a través de un comentario apreciativo de la persona.

De mi parte, entiendo que la crítica es un ejercicio intelectual que exige rigurosa disciplina. Sin embargo, no podemos ocultar el hecho de que todos tenemos una opinión sobre algo. Para nadie es un secreto que los abogados tenemos nuestras teorías sobre un caso; los fanáticos del béisbol tienen un mejor plan de juego que el mismo mánager del equipo; y los dominicanos somos consumados elucubradores de la política. Pero como ejercicio dialéctico, la crítica requiere de constante conocimiento en múltiples campos –incluso distinto al tema de la crítica– que complementan una opinión pormenorizada. En el análisis cinematográfico, considero que esto establece la fina línea entre una opinión y una crítica: la argumentación de nuestras posturas.

Ahora bien, en palabras del crítico mexicano Mauricio González Lara, el que ejerce la crítica de cine “es alguien capaz de desglosar una obra e ir más allá del mero juicio de valor. (…) es un analista que revela, comenta y aporta elementos que le permiten al espectador expandir y consolidar lo que vivió en la sala”5. Es decir, esta actividad es una experiencia en sí misma: es un análisis íntimo y valorativo de lo que se acaba de ver. Es más profundo que la simple reseña o la valoración inmediata de una obra. Es una reflexión que, luego de ser interiorizada, justifica la opinión.

En ese sentido, traigo otro recuerdo. En el marco de la XVI Muestra Internacional de Cine de Santo Domingo (2014), tuve un breve, pero simpático, intercambio con Lidia Bastos. Ella andaba recomendando películas a los asistentes. Al salir de una función, me preguntó qué me había parecido la película y yo, emocionado –o quizás para impresionar con un adjetivo poderoso–, le respondí: “Uf, devastadora”. Ella me sonrió y replicó: “Ni pa´ tanto, joven”. Me quedé con eso en la cabeza. Tiempo después, volví a ver esa película filipina y en efecto, le bajé un poco a mi opinión. Entre otras cosas, esto me hizo entender que la crítica también debe ser sopesada.

No obstante, entre los reparos a la crítica cinematográfica, se le critica su alto grado de erudición y su estilo de escritura parecido al ensayo. Estas características pueden suponer una restricción al público mainstream6. En esta tesitura, la crítica Fernanda Solórzano ha dicho que “[l]os críticos de cine queremos llevar al cine y las conversaciones sobre cine a otro nivel y eso por definición deja fuera a muchísimos espectadores, no lo digo como algo para presumir, nos gustaría incluirlos”7. Por su parte, en su momento, el crítico estadounidense Richard Corliss –quien fue el crítico de cabecera de la revista Time– sentenció la manera en que la crítica había sucumbido a un debate reduccionista compuesto por puntajes, por los pulgares arriba o pulgares abajo, por la asignación de estrellitas8.

En parte, la opinión de Corliss iba dirigida a los críticos/celebridades Roger Ebert y Gene Siskel, quienes saltaron a la popularidad con un emblemático programa televisivo, Siskel & Ebert & the Movies. El formato era bien sencillo: luego de unos avances de las películas de turno, ambos se enfrascaban en debates de pocos minutos donde justificaban sus valoraciones. Corliss alegaba que simplificaba el ejercicio crítico. Sin embargo, Ebert fue el primer crítico de cine en ganar el premio Pulitzer en la categoría de crítica por sus trabajos en el periódico Chicago Sun-Times9. Asimismo, críticos de cine como Ernesto Diezmartínez, reconocen la importancia y la practicidad del tipo de análisis que realizaban Ebert y Siskel10. Los dominicanos tuvimos una escuela parecida con la dupla Armando Almánzar y Arturo Rodríguez11.

En otras palabras, la crítica cinematográfica tiene distintos matices y formatos de discusión y difusión. Lo que sí debe perseguir es el nivel de profundidad de la postura argumentativa hacia la película. Me explico: los críticos mencionados tienen como característica en común de que entablan un debate elevado con los lectores. No sólo diseccionan la obra cinematográfica en sus términos artísticos y narrativos, sino que colocan en contexto a la obra y las influencias alrededor de esta. Este recurso de apreciación permite que el lector –en este caso, anterior o posterior espectador– cree una visión completa y acabada de la película. En concreto, los críticos no deben subestimar a los espectadores.

También el crítico debe ser fiel a sus convicciones. Estas convicciones parten de nuestros gustos personales, de las abstracciones subjetivas que cosechamos a lo largo de los años, conformado por lo que hemos consumido. Esto incluye literatura, música, artes liberales, historia, noticias internacionales, contexto sociopolítico, espectro ideológico, figuras preferidas, hasta los viajes que hemos hecho al interior de nuestro país y al exterior; tampoco olvidar la cultura pop. Eso sí, la aspiración principal es mantener cierto grado de imparcialidad ante toda esta amalgama al momento de criticar: de que nuestros comentarios mantengan un carácter objetivo. Pero a su vez, admitir que basamos nuestras críticas en la precomprensión y que existe la responsabilidad de defender nuestra posición ante la obra cinematográfica en cuestión, y ante los demás.

En mi caso, la faceta de cinéfilo tuvo sus primeros intentos a través de las redes sociales. Mi cuenta de Twitter se convirtió en una especie de bitácora que aún recopila mis opiniones de las películas que veo. Incursioné en el denominado “film twitter”, donde empecé a seguir cuentas de personas y personalidades que comentan cine con cierto nivel y conocimiento. Me liaba en conversaciones con ellos y, con esa participación, trataba de alcanzar convalidación en los hilos de debate. Esa era una acreditación: una forma de demostrar mi aptitud para la crítica. 

También conocí nuevas referencias en este ejercicio: primero a Peter Travers en Rolling Stones y a Ebert por su famosa página en internet. Luego, a Manohla Dargis y A.O. Scott –ambos críticos para The New York Times–, a Richard Brody en The New Yorker, David Sims en The Atlantic, a Ehrlich en Indiewire, a Matt Zoller Seitz con su exquisita obra The Wes Anderson Collection, el comediante Patton Oswalt con su gracioso libro Silver Screen Fiend; el joven canadiense Josh Lewis en The Film Stage; a Peter Bradshaw en el británico The Guardian; a los mexicanos González Lara, a Diezmartínez, Daniel Krauze, Luis Reséndiz, Fernanda Solórzano, todos ellos en Letras Libres; a amistades en las redes como Eduardo Amm –de comentarios irreverentes y certeros–, así como el dominicano Guido Castillo –quien tenía, a mi juicio, uno de los mejores blogs de cine que he leído y lo considero como una influencia–. A quienes conozco ahora, gracias a Plenamar, como los colegas Angélica Noboa y Eduardo Jorge Prats, a Hugo Pagán –a quien escuchaba en el programa “Cineasta Radio”–, y a Jimmy Hungría.

Para concluir, en su recomendable ensayo Better living through criticism, el estadounidense A.O. Scott plantea varios escenarios en las cuales encasilla la función del crítico en la crítica. Primero, que el crítico es un artista fracasado; segundo, que el crítico continúa la tradición clásica del debate del pensamiento; en otro –quizás el más bonito–, que la crítica es el arte de las artes porque la decodifica y la defiende12. Scott confiesa que el crítico mismo necesita ayuda para organizar sus ideas y poder establecer un criterio –hasta leer otros críticos, si es necesario– (pág. 141). También advierte de caer en las tentaciones de usar adjetivos grandilocuentes o destructivos ante una película sin respaldar la opinión sólo para sonar inteligente (págs. 173-174).

Por eso intento iniciar mis escritos con algún aspecto que me haga relacionar un poco con la película de turno. Con ello, aspiro a delinear una imagen o situación que coloque a la película en un plano superior a su mera proyección en una sala de cine. Para mí, esto es enriquecedor y didáctico. En definitiva, la crítica se trata de una narrativa en la cual confluyen dos caminos: lo objetivo y lo subjetivo. El arte nos impacta, nos conmueve y nos transgrede. Esa es la verdadera experiencia que debe servir de guía al crítico de cine y sus comentarios. Espero algún día alcanzar eso. ¡Que así sea!

Ysidro Eduardo García. Abogado. Oriundo de San Francisco de Macorís. Egresado de la Pontificia Universidad Católica Madre y Maestra (PUCMM). Desde joven, es un amante del séptimo arte y la crítica de cine. Ha tomado cursos de Producción Cinematográfica en la Escuela Altos de Chavón.

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Fuentes consultadas:

[1]. ALMÁNZAR, Armando. Película. ´War Horse´. Periódico dominicano “Listín Diario” (versión digital). Publicado el 11 de febrero de 2012. Disponible en: https://listindiario.com/entretenimiento/2012/02/11/221277/war-horse; y, Película. ´La red social´: buena, pero no es para tanto. Periódico dominicano “Listín Diario” (versión digital). Publicado el 20 de noviembre de 2010. Disponible en: https://listindiario.com/entretenimiento/2010/11/20/167127/la-red-social-buena-pero-no-es-para-tanto

[2]. TEJADA, Pachico. Conflicto: cineastas y crítica. Periódico dominicano “Listín Diario” (versión digital). Publicado el 17 de julio de 2013. Disponible en: https://listindiario.com/entretenimiento/2013/7/16/284750/Cineastas-y-Critica

[3]. PATÁN, Julio. Misterios de la sala oscura. Periódico mexicano “Milenio” (versión digital). Publicado el 13 de febrero de 2018. Disponible en: https://www.milenio.com/opinion/julio-patan/malos-modos/misterios-de-la-sala-oscura

[4]. LEAL CARRETERRO, Fernando. ¿Qué es crítico? Apuntes para la historia de un término. Revista Mexicana de Investigación Educativa, vol. 8, núm. 17, enero-abril, 2003. ISSN: 1405-6666. Disponible en internet.

[5]. GONZÁLEZ LARA, Mauricio; DIEZMARTÍNEZ, Ernesto et al. Twitter mató al crítico estrella. Revista cultural “Letras Libres” (versión digital). Publicado el 1 de marzo de 2019. Disponible en: https://www.letraslibres.com/mexico/revista/twitter-mato-al-critico-estrella

[6]. Pudiera leerse como peyorativo, pero aludo a este término para referirme, sin ningún ánimo de pedantería ni de superioridad apreciativa, a aquel público que ve el cine desde uno de sus principales intereses fundacionales: entretenimiento de máxima calidad.

[7]. OLASCOAGA, Andrés. El cine dentro y fuera de la sala oscura. Revista cultural “Gatopardo” (versión digital). Publicado el 2 de marzo de 2018. Disponible en: https://gatopardo.com/arte-y-cultura/libro-de-fernanda-solorzano/

[8]. CORLISS, Richard. All Thumbs: Or, Is There a Future for Film Criticism? Revista cinematográfica “Film Comment” (versión digital). El artículo fue publicado en la edición impresa de marzo-abril de 1990. Disponible en el siguiente enlace: https://www.filmcomment.com/article/richard-corliss-all-thumbs-or-is-there-a-future-for-film-criticism/

[9]. The Pulitzer Prizes. For distinguished criticism. Roger Ebert of Chicago Sun-Times. For his fil criticism during 1974. Disponible en el siguiente enlace: https://www.pulitzer.org/winners/roger-ebert

[10]. GONZÁLEZ LARA, Mauricio; DIEZMARTÍNEZ, Ernesto et al. Ibídem.

[11]. Armando Almánzar y Arturo Rodríguez tenían un programa radial llamado “A la hora señalada”, además de sus conocidas críticas impresas. También eran destacados escritores en el género del cuento y los guiones de teatro. Para más información, ver: HUNGRÍA, Jimmy. ¿Y las críticas de Armando y Arturo? Periódico dominicano “Acento Diario”. Publicado el 11 de julio de 2018. Disponible en: https://acento.com.do/2018/opinion/8584882-las-criticas-armando-arturo/

[12]. SCOTT, A.O. Better Living Through Criticism. How to Think About Art, Pleasure, Beauty, and Truth. 2016. Nueva York: Penguin Random House LLC. ISBN: 978-1-59420-483-8.

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