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¿Qué es el dominicano (a)? Un repaso por los laberintos de la dominicanidad

La integración y construcción de la identidad nacional se vincula al desarrollo de una conciencia histórica que va desarrollándose a través de las múltiples manifestaciones dentro de los procesos de educación, obra social y de elaboración personal, de valores, de creencias, de rasgos característicos del grupo o los grupos de pertenencia, que también resultan definitorios de la propia personalidad.

Henri Tajfel define como identidad social aquella que parte del auto concepto de un individuo que deriva del conocimiento de su pertenencia a un grupo junto con el significado valorativo y emocional asociado a dicha pertenencia. Ver: Tajfel, Henri. Grupos humanos y categorías Sociales. (Barcelona: Herder, 1984).

El concepto de nacionalidad o lo nacional que aporta también Bilbeny Anderson, por ejemplo, puede ubicar cierta particularidad cuando plantea que la nación es una construcción social específica el cual se debe “considerar con cuidado cómo han llegado a ser en la historia, en qué formas han cambiado sus significados a través del tiempo y por qué, en la actualidad, tienen una legitimidad emocional tan profunda”. Si se toma esta consideración de Anderson, entonces, la propia construcción de la identidad dominicana también está cimentada en los procesos sociales e históricos que han permeado su estado emocional de pertenecer a una cultura e interpretarse a sí misma como una mezcla de accidentes históricos. Ver: Anderson, Bilbeny. Comunidades Imaginadas. Reflexiones sobre el origen y la difusión del nacionalismo. (México D.F.: F.C.E, 1993): 23.

Al analizar estos procesos es preciso establecer un origen del mestizaje que se inició en la época colonial, fundamentalmente, entre africanos y blancos de origen español como afirman Roberto Cassá, Raimundo González, y Genaro Rodríguez en Actualidad y Perspectivas de la Cuestión Nacional en República Dominicana. (Santo Domingo: Editora Búho, 1986). Esto permite, en una primera instancia, establecer delimitaciones conceptuales para el abordaje y tratamiento de la definición de lo que sería la dominicanidad o identidad dominicana, iniciada también con el nacimiento del criollo que era endilgado al español de segunda generación nacido en la isla, que no volvía jamás a España como lo afirma el antropólogo e historiador Carlos Andújar Percinal en su libro Meditaciones de cultura: Laberintos de la dominicanidad. (Santo Domingo: Archivo General de la Nación. Volumen CLII, 2012).

AFICHE DE LA PELICULA DOMINICANA NUEBA YOL III/ CON LUISITO MARTI

El historiador Franklin Franco en Los negros, los mulatos y la nación dominicana observa que el proceso histórico de creación de una conciencia social surgido en la parte española de la isla está íntimamente vinculado a la lucha de los negros esclavos por su libertad y a la abolición de la esclavitud, factores que formaron una base psicológica e ideológica dentro del pueblo que facilitaría la formación de la nación dominicana, pero también, consecuentemente, “a la subida en la escala social del grupo mayoritario mulato, que presionado y despreciado por los colonialistas españoles blancos, hizo causa común con sus hermanos negros”. Ver: Los negros, los mulatos y la nación dominicana. (Santo Domingo: Editora Manatí, 2003): 85.

Fue un grupo de intelectuales del siglo XIX que, desde distintas corrientes de escuelas, intenta definir el pensamiento social dominicano presente en ese siglo. Asumiendo la validez que puedan tener sus respectivos juicios de valores hay que considerar, entre los iniciales, los aportes de Eugenio María de Hostos (1839-1903) que promueve una preocupación en torno a la nación dominicana hacia el logro de un proyecto antillanista.

También está Pedro Francisco Bonó (1828-1906), primero de los pensadores dominicanos que establece una diferencia entre el comportamiento social del pueblo dominicano y las condiciones socio-históricas de su desarrollo; José Ramón López (1866-1922), discípulo de Hostos, quien emite unas valoraciones negativas sobre el campesino dominicano o Francisco Henríquez y Carvajal (1859-1937) que vincula a la composición étnica del pueblo el atraso social de este.

La psicóloga social doctora Josefina Zaiter citando a Francisco Moscoso Puello quien, en ´Cartas a Evelina´, presenta al hombre dominicano caracterizado por ser “haragán”, “inepto”, con “complejo de inferioridad”, “desconfiado”, “pícaro”, “agresivo” y “miedoso”, y lo sitúa apresado en orígenes étnicos, determinado por ser mulato. Estos pensamientos pueden ayudar a inferir que el determinismo biologista fue la base analítica para tratar de corroborar que el mestizaje o la hibridación como factor de mejoramiento racial no era más que un proceso de decadencia biológica. Ver: Zaiter, Josefina. Pensamiento psicosocial e identidad nacional en la sociedad dominicana. Antología del pensamiento crítico dominicano contemporáneo. (Ed. Bosch, M., y Lora, Q. Buenos Aires: CLACSO, 2016): 297.

El ensayista, escritor, político y expresidente de la República Dominicana, profesor Juan Bosch (1909-2001) procura también dar explicaciones acerca del comportamiento de los dominicanos, ubicando las causas en tres tipos de origen: psicológico, biológico y político-militar. De esta forma se dedica a describir la significación, en términos de comportamientos, que tiene en la sociedad dominicana ser “de primera” o “de segunda”.

Bosch significa el carácter nacional y señala la “susceptibilidad” que se manifiesta en las relaciones interpersonales entre los dominicanos. También afirma que la propensión a desahogar la inconformidad por vías personales, no colectivas, mediante susceptibilidad individual, y no mediante insurgencias masivas, indica que el pueblo dominicano padece de un complejo de inferioridad que lo inhibe y le impide realizarse en un destino nacional. Ver: Bosch, Juan. Trujillo, causas de una tiranía sin ejemplo. (Caracas: Librería Las Novedades, 1959).

Mientras que Zaiter enuncia la existencia de una preocupación en torno a la definición de la identidad nacional la cual se expresa en forma constante en la sociedad dominicana. A pesar del reconocimiento de ciertos avances y retrocesos en la conformación de la identidad se pueden detectar algunos procesos socio-históricos que han estado encaminados en este sentido.

Entre las razones que señala la psicóloga social se encuentran, por ejemplo, las tensiones en torno a las relaciones dominico-haitianas; la asunción de lo hispánico, por parte de los sectores dominantes y de poder con un rechazo a lo africano y a lo haitiano. En este caso se pueden analizar también las inferencias que aporta el antropólogo y escritor Marcio Veloz Maggiolo el cual indica que el complejo de blanco del dominicano, o su negativa a ser negro, viene de una historia colonial conflictiva en la que la esclavitud tiene un importante punto de partida.

No es de dudar que el modelo ideológico pro-hispánico implantado por Rafael Leónidas Trujillo Molina durante su absoluto control ejercido en República Dominicana desde 1930 hasta 1961, tenía como objetivo renegar también ese origen negro en la conformación de la dominicanidad a través de una identidad castrada que permite prosperar una visión de identificación de esa “blanquidad” frente a la “mulatidad” que sustentaban varios intelectuales del racismo primigenio dominicano como Manuel A. Peña Batlle o Joaquín Balaguer en la que la identidad dominicana, sostiene Maggiolo, “partía de una mezcolanza entre el rechazo al haitiano en una confusa visión del haitiano como negro y del dominicano como antítesis de ese modelo étnico-racial, al punto de que el negro dominicano no se veía como parte de la raíz africana que es común a todos los negros del mundo”. Ver: Maggiolo, Marcio. Mestizaje, identidad y cultura. (Santo Domingo: Editora Búho, 2006): 76.

También se expresa que Balaguer, en su libro ´La isla al revés´ (1983), justifica la diferencia entre dominicanidad/haitianidad el cual revitaliza la controversia entre hatianófilos e hispanófilos en el contexto de la historia política en República Dominicana.

Incluso, desde el poder de este régimen, se estimulan movilizaciones contra la amenaza e influencia haitiana en el territorio nacional, – en la que muchos de los sectores sociales que se integran a la movilización por lo nacional, lo hacían a través de mecanismos represivos-, así como en contra del cuestionamiento al régimen considerado representativo de lo nacional, por eso, gran parte de la intelectualidad dominicana adherida al proyecto trujillista asume la defensa del mismo bajo el concepto de nación, raza, nacionalidad y cultura.

El catedrático universitario Odalis Pérez indica que los mecanismos burocráticos establecidos facilitaron a los intelectuales de la época desarrollar el orden de una patria, una nación y una nacionalidad único en el contexto caribeño. “Gran parte del dominicano de formación media, acepta el enunciado neoditactorial sobre la defensa de su identidad, producto de las focalizaciones especiales que permanentizan el discurso del Estado dominicano desde el período 1936-1991”. Ver: Pérez, Odalis. La ideología rota. El derrumbe del pensamiento pseudonacionalista dominicano. (Santo Domingo: Editora Manatí, 2012): 87.

Mientras que otros intelectuales han intentado acercar los estudios y los aportes a la cultura nacional de los componentes negros y de cierto carácter particular del dominicano presentes en la cotidianidad del pueblo. Por ejemplo, está el pensamiento del psiquiatra, escritor, profesor universitario y diplomático Antonio Zaglul Elmúdesi (1920-1996) sobre el devenir histórico y de los aspectos sociológicos del país; los trabajos de Hugo Tolentino Dipp sobre el componente social racial en la isla; los de Carlos Esteban Deive con el elemento de la esclavitud y el negro en la cultura dominicana.

También el análisis sobre la cultura popular que hace Dagoberto Tejeda; los escritos del psiquiatra Fernando Sánchez Martínez referente a la psicología social del dominicano. También son claros en ese sentido los aportes de Carlos Larrazabal Blanco, Fradique Lizardo y June Rosenberg en la construcción de una visión distinta de la interpretación del dominicano y de la manera en que se va construyendo su imagen ante los demás.

Continuando con Zaiter, esta sigue numerando otros factores dentro de la identidad nacional como la permanente penetración de la cultura norteamericana; la fragilidad y no-consolidación de las instituciones sociales y la crisis económica que lleva a un proceso de emigración masiva con la falta de perspectivas sociales y promoviendo el individualismo.

Asimismo, alega que estos procesos socio-históricos se interrelacionan con un conjunto de procesos “psico-sociales”, que llevan a expresar tendencias hacia la infravaloración, y todo un conjunto de caracterizaciones negativas hacia lo dominicano, las cuales se han reproducido, ideológicamente, a través de las tendencias pesimistas en el pensamiento social dominicano.

Es, precisamente, esta herencia lo que permea todas las relaciones de socialización, de participación social y el de movilización en la sociedad dominicana contemporánea donde los símbolos y códigos de desarrollo económico personal se pueden evidenciar en varios aspectos principalmente en los objetos tangibles, los que proporcionan una señal de revelación social que ayuda a diferenciarse de los grupos sociales de menor recurso económico.

La antropóloga social Tahira Vargas subraya que el status social que ofrece, por ejemplo, la “Yipeta” tiene mayor peso que el costo económico que implica poseerla. Este término se infiere como una corruptela en el uso de la palabra inglesa “Jeep”, o de la abreviatura “G. P.” (General Purpose) o “todo terreno”, marca de fábrica reconocida mundialmente que la firma Willys-Overland. Los dominicanos comenzaron a referirse a esta marca utilizando la palabra “Yipe”. Al surgir otros vehículos más prácticos, más ligeros, más cómodos y más fáciles de conducir captaron la atención del consumidor femenino, asociándolo a esta y denominándose “Yipeta”.

Este automóvil se ha convertido en un símbolo de estatus social ofreciendo, a los que lo posean, una imagen de progreso o de bienestar económico que les proporciona acceso a ciertos espacios sociales. Y subraya: “La discriminación racial se mezcla con este manejo simbólico de la apariencia como representación de conducta de las personas… el peso de la apariencia en su asociación a estatus no solo se vincula entonces a condición socioeconómica sino a condición educativa y a valores como ´seriedad´ donde es más importante aparentar ser ´educado´ ´bueno´ y ´serio´ que serlo” En: Apariencia, estatus y símbolos. (6 de diciembre de 2016 https://acento.com.do/2016/opinion/8407935-apariencia-estatus-simbolos/).

Entonces, ¿La producción cinematográfica local refleja esta dominicanidad?

Todo este recorrido del desarrollo del pensamiento social dominicano es útil, entonces, para determinar si los largometrajes dominicanos de ficción estudiados en esta investigación, han podido establecer esa visión cultural sobre la dominicanidad. El problema está en que las producciones delimitadas arrojan una conclusión, -con todo el riesgo posible a inferir erróneamente-, que estas películas dominicanas reflejan las mismas contradicciones presentes en la cultura dominicana, se niegan a sí mismas a aceptar, aunque se perciban modelos negros y mulatos en su espectro actoral y de construcción de personajes, ese pensamiento intrínsecamente contradictorio de una cultura construida por varias capas, por varios sedimentos culturales donde cada uno refleja una parte de esa mezcla en la cual está construido el ser dominicano.

El crítico de arte y ensayista Carlos Francisco Elías reflexiona al respecto cuando manifiesta que los mitos de los nacientes cines nacionales en muchos países de otras latitudes Latinoamericanas ya han sido superados, más en República Dominicana llega con retraso y con muchas polémicas estériles. Además, y citando a países como Argentina, México, Brasil y Colombia, declara que estos tuvieron una crítica de cine que servía de instrumento intelectual y desarrollo crítico de aquel cine nacional que, en este sentido, indica: “El camino dominicano para una buena cinematografía no acartonada es largo y tortuoso, siempre y cuando se desvíe por la vereda de lo fácil, de uso muy común y la megalomanía nacionalista y gentilicia, vicios notables en más de las últimas producciones”. En: Dólares de arena Dominican blues entre el drama y la desesperanza. (15 de noviembre de 2014. Hoy. http://hoy.com.do/dolares-de-arena-dominican-blues-entre-el-drama-y-la-desesperanza/).

Una de estas dificultades está también en la importación de los modelos narrativos foráneos que impiden encontrar una simetría adecuada de movilidad a esa idea personal o colectiva de las variantes existentes en el comportamiento social del dominicano (a) para darle una mirada, un ritmo que responda a la manera natural de ver el mundo para un isleño y, por demás, un antillano. Puesto que cuando se piensa en dominicanidad, o en el aspecto de la identidad nacional, se arrastra las experimentaciones de los creativos de la publicidad diseñada para el medio de la televisión de los años 70 en República Dominicana en la que, atada a la escuela norteamericana, a través de las agencias multinacionales, se explotaba un perfil superficial del dominicano (a) con el único objetivo de anclar el producto (principalmente alcohol y tabaco) y-, por el universo simbólico que rodea a las marcas de tales productos donde la fiesta y la noche son algunos de los ingredientes principales-, a una forma de identidad, no como bien individual ni de proyección de las propias raíces y espacios de pertenencia, más bien incorporando los recursos disciplinares publicitarios donde se destaca más la relevancia de los patrones importados frente a las propias herramientas de expresión de la identidad y cultura nacional.

Esa dominicanidad resumida en la famosa frase publicitaria “este es un país muy especial”, de la autoría de René del Risco Bermúdez (1937-1972), poeta, narrador y publicista dominicano quien funda a principios de los años 70 la publicitaria RETHO, la cual tuvo gran incidencia en la publicidad de esa época, siempre ha estado centrada en una mirada hacia lo visible, lo circunstancial, lo superficial y lo obvio, más no a lo intangible, -aunque no haya sido las intenciones de su creativo-, deja soterradamente establecido, como forma de ocultamiento ideológico, aquellos pensamientos sociales incrustados en las frases del refranero popular que ilustran ese conflicto de percepción cuando señala que “El negro si no la hace a la entrada la hace a la salida”, “Él es negro, pero inteligente”, “Él es negro, pero simpático”, “Él es negro, pero con alma de blanco”. Esa publicidad más bien hace un manejo irreal del dominicano (a), en que la familia es preferentemente monogámica, nuclear, cristiana y en muchos casos blanca, cuyo objetivo estaba enfocado en vender el producto y no en entrar en contradicciones de carácter social. Aunque en los años 80 se intenta, por medio a esa misma publicidad televisiva, rescatar algunos valores atávicos y de consolidación del pensamiento dominicano a través de la marca de un ron local, convirtiéndose en uno de los hitos más trascendentales en la historia de la publicidad dominicana moderna.

Carlos Andújar indica que la representación que el dominicano (a) tiene de sí mismo lo lleva a buscar ideales representativos de la raza blanca; por tanto, no es solo una simple representación del inconsciente, sino que pasa a formar parte del estilo de vida y condiciona los valores y actitudes, indicando que: “Hay una ideología que nos condiciona a pensar como el otro quiere; hay una imagen social que se vende como nuestra, hay un conflicto de asunción y de reconocimiento interior y social y todo ello contribuye a trastocar nuestra imagen y nuestra representación”. Ver:Andújar, Carlos. Meditaciones de cultura: Laberintos de la dominicanidad. (Santo Domingo: Archivo General de la Nación. Volumen CLII, 2012):144.

Félix Manuel Lora es comunicador social y crítico de cine; columnista de Acento.com.do.

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